Movilidad, consumo y ciudades: cómo se plantea el futuro con perspectiva verde

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El 'carsharing' es un agente importante dentro del paradigma de la nueva movilidad.
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Hace medio año, António Guterres, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue claro cuando aseguró, durante el cierre de la cumbre del clima COP25 en Madrid, que "es necesario pensar en una economía verde" de cara al desarrollo futuro.

Y es que el progreso ha de ir de la mano con la sostenibilidad. Es la idea que se establece desde el Grupo Español de Crecimiento Verde (GECV), asociación que aglutina a medio centenar de empresas de primera línea en la economía española como Acciona, Iberdrola, Ferrovial, Renfe, Naturgy y Telefónica, entre muchas otras. Juntas lanzaron, hace algo más de un mes, un comunicado en el que instaban a desarrollar la recuperación económica que vendrá tras la crisis de la Covid-19 en vías de crecimiento sostenible. Para paliar las consecuencias de la situación, es de prever que se abordarán iniciativas y medidas de recuperación por parte de gobiernos e instituciones.

Esos estímulos económicos han de ser, según el GECV, paralelos a las acciones para abordar los retos dentro de la hoja de ruta hacia una economía de emisiones netas nulas en el año 2050. Al mismo tiempo, desde la agrupación instan a sentar las bases de cara a una senda de crecimiento sostenible en línea con lo establecido en el Green Deal o Pacto Verde Europeo, usando este como principal hoja de ruta a la recuperación económica.

Este documento cuenta con líneas específicas en materias como la descarbonización y la digitalización, que en nuestro país se asumirán desde el Plan Integrado de Energía y Clima, así como con la nueva Ley de Cambio Climático.

Estos son algunos ejes clave en los que influirá ese desarrollo verde según las líneas marcadas recientemente por Climate Reality Project en España.

Consumo

La evolución hacia un modelo verde pasa por el consumo. En este sentido, desde Climate Reality Project destacan la importancia de promover la economía circular, impulsando la durabilidad, la reparabilidad y la reciclabilidad de los productos que se lancen al mercado, así como la opción real de la segunda mano.

Por otro lado, se subraya la necesidad de reducción de residuos a niveles mínimos haciendo que cada sector asuma como materias primas sus residuos reciclados, algo relacionado a su vez con la propuesta del precio del carbono: cada vez se habla más de incluir en cada producto su huella de carbono, tanto de producción como de transporte, un sello que debe formar, a su vez, parte del precio. De esta forma, la economía tenderá a fomentar la producción más cercana y sostenible.

Movilidad

Uno de los aspectos más comentados en el cambio de conciencia es el de replantear los desplazamientos. Las posibilidades al respecto son cada vez más numerosas y populares: en los traslados dentro de la ciudad cobran protagonismo opciones como el transporte público eléctrico, los trayectos en bicicleta, el uso de patinete eléctrico y la presencia de distintos vehículos de uso compartido (carsharing, motosharing), además de los VTC y taxis en vertiente eléctrica.

Este cambio en la conciencia de la movilidad también se da en los desplazamientos de media y larga distancia; en este sentido, gana importancia el tren como alternativa a moverse por carretera, además del transporte de mercancías con camiones propulsados con pila de hidrógeno o eléctricos.

En la vertiente del turismo, ahora se plantea la reducción de oferta de vuelos de cercanía que puedan ser sustituidos por tren, además del desarrollo de motores y carburantes más eficientes para que tanto navieras como aerolíneas puedan adaptarse a un futuro sostenible.

Las cifras 

  • Según la ONU, el 70% de emisiones globales de dióxido de carbono se produce en las grandes ciudades. 

    ​En cifras del instituto Max-Plank, 8,8 millones de personas mueren al año de forma prematura por efecto de la contaminación.

Ciudades

La ciudad del futuro ha de idearse pensando en la reducción de las emisiones para mejorar la vida y la salud de sus habitantes y frenar, al mismo tiempo, el impacto climático. Se puede conseguir aplicando soluciones basadas en la naturaleza, como la renaturalización de espacios públicos, los tejados verdes o los huertos urbanos, entre otras iniciativas.

En cuanto a las viviendas, lo ideal es llevar a cabo un plan masivo de rehabilitación para mejorar la eficiencia en climatización frente al frío y el calor. Relacionado con esto está el uso de la energía que, en el caso de los núcleos urbanos, podría replantearse hacia el autoconsumo, con objetivos a corto plazo, como la instalación de tejados solares de forma creciente. En ese sentido, ya existen instituciones que han dado sus primeros pasos: el servicio de medio ambiente dentro de la Diputación de Barcelona, por ejemplo, ha apoyado a distintos ayuntamientos en la instalación de placas solares en edificios públicos.

Por otro lado, las basuras han de separarse al cien por cien, concienciando a los ciudadanos y reservando una fracción orgánica dedicada a la conversión en compost. Los vertederos y las incineradoras deberían tender, gracias a estas acciones, a desaparecer, con una gestión óptima de los pocos que queden, incluyendo la obligación de la captura de metano.

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