Las pastelerías ofrecen pocos huesos de santo y los comercios exponen algunas calabazas. "Da igual que sea el Día de Difuntos español o el Halloween americano, hay crisis", responden al unísono Marisa, encargada de una tienda de dulces, y María, vendedora en el Mercado Central de Alicante.

La caída de ventas de los tradicionales dulces es algo que viene produciéndose desde hace años, posiblemente por aquello de que algunas costumbres se van perdiendo y sólo las personas mayores aún acuden a adquirirlos.

"Cada año elaboramos menos huesos de santo y, desde luego, no recuerdo que ningún joven haya venido en los últimos años a comprar este dulce", afirma Marisa, dedicada al negocio de la pastelería desde hace 35 años.

A ella no le sorprende que esta tradición "vaya perdiendo fuerza" y "más -añade- ahora que hay crisis".

Cerca de esta tienda, en el Mercado Central de Alicante, María vende frutas y hortalizas, y ha "notado" que este año se venden menos calabazas. "La crisis, la crisis", añade.

También se venden menos calabazas

"Eso del Halloween, que de cultura propia de aquí tiene poco, nos ha venido bien para vender calabazas, pero este año se han vendido muy pocas", comenta María, quien sostiene que "hasta que llegó esta nueva moda las calabazas se destinaban para caldos y compotas".

"Si mi madre levantara la cabeza, con el hambre que pasó en la Guerra Civil, para ver que le ponen ojos y bocas a las calabazas, se hubiera muerto antes de tiempo", comenta entre risas.

No obstante, al margen de esta crisis, la calabaza de Halloween se ha comido "los huesos de santo" y ha robado horas de sueño a quienes se levantan bien pronto en el Día de Todos los Santos para acudir al cementerio.

La globalización del fenómeno comercial de Halloween alcanza ya cuotas tan amplias, que se podría decir que sólo las pastelerías, los cementerios y el personaje de Tirso de Molina mantienen aún las viejas tradiciones de la Festividad de Todos los Santos.

Numerosos bares han decorado sus interiores y escaparates con calabazas fabricadas en cartón o corcho, algunos colegios organizan fiestas a las que los niños acuden disfrazados y los "pubs" regalan chupitos de granadina.

"La gente, especialmente, la joven, tiene en este día la mejor excusa para salir de marcha. Es como un sábado más", afirma Luis, quien regenta un bar nocturno en el Casco Antiguo de Alicante.

Cultura celta

Algunos estudiosos indican que la noche del 31 de octubre era una de las citas festivas más importantes de la cultura celta, en la que, bajo el nombre original de "Nos Galan-gaeaf", algo así como la noche de las calendas, se recibía al invierno y se decía adiós al verano. Para otros, suponía el cierre de la cosecha agraria y la llegada de los primeros días invernales.

Al parecer, en esta noche se celebraban grandes fiestas a las que también se invitaban a los seres que habían pasado a mejor vida. Para indicarles dónde eran los festines, se encendían hogueras y se preparaban grandes manjares en señal de hospitalidad.

No obstante, la mayoría de los escritos reflejan que la noche del 31 de octubre permitía, según la tradición celta, una comunicación fluida entre la vida terrenal y el más allá.

Posteriormente, la cultura cristiana, según destacan algunos autores, intentó desvirtuar este significado de la última noche pagana del mes de octubre con la celebración de una festividad al día siguiente, la de Todos los Santos, en la que se honra y recuerda a los ya fallecidos.

No obstante, esa tradición celta viajó hasta los Estados Unidos con los primeros colonos, quienes a esas horas nocturnas y a esa fiesta ya la denominaban "All-hallow even", víspera del día de Todos los Santos.

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