Coto privado de caza
Niños jugando junto al coto privado de caza de Colmenarejo ANTONIO NAVIA

"Estamos inquietos. Hasta que no nos quiten el coto de caza no nos sentiremos seguros". Lo dice Vanesa Castellano, presidenta de la AMPA del colegio público Las Veredas, en Colmenarejo. Su hijo, de 5 años, es uno de los 520 alumnos de entre 3 y 11 años que estudian en Las Veredas, situado a menos de cinco metros de un coto de caza privado.

El otro día, un perdigón casi alcanzó a un vecino

La temporada cinegética comenzó el 11 de octubre (se puede cazar los jueves por la tarde, fines de semana y festivos) y la polémica está servida entre los 8.500 vecinos del pueblo: "Lo del coto es una gilipollez; nunca ha pasado nada", dice una madre que espera en un banco a que sus hijos salgan del clase. "Pues yo no opino lo mismo", responde Ana desde el banco de enfrente. "El otro día un perdigón casi alcanza a un vecino". Y medio en serio, medio en broma, su amiga Marisa añade: "Como esto siga así, tendremos que cambiarle el nombre al cole y ponerle Auschwitz".

La solución, según los padres, es quitar el coto o ampliar la seguridad: aumentar el perímetro, vallar el terreno... De momento, la Consejería de Medio Ambiente está en trámites para suspender temporalmente la licencia de caza hasta que el perímetro de seguridad se amplíe a 250 m, tal y como propuso el Ayuntamiento (ahora es de 100 m, como manda la ley). También han llegado a un acuerdo verbal con el dueño para que no se cace los jueves de este año.