Isabel II cumple 94 años: la reina que los vio caer a todos

  • Isabel II cumple 94 años aislada por el coronavirus en su castillo de Windsor y sin celebraciones por primera vez en su reinado.
La reina Isabel II de Inglaterra, en Cambridge el pasado martes.
La reina Isabel II de Inglaterra.
GTRES
La reina Isabel II de Inglaterra.
EFE

No tendría que haber sido reina. Si Eduardo VIII, hermano de su padre, Jorge VI, no hubiese abdicado por amor, ella solo sería la duquesa de York. Pero Isabel II, ya a sus 10 años de edad, vio cómo su tío caía del trono y aquello, como primogénita que era, significaba que ella acabaría sentándose en el trono inglés.

Nació cuando España aún estaba bajo la dictadura de Primo de Rivera, el año en que morían Houdini o Monet. Y este martes, 21 de abril, cumple nada más y nada menos que 94 años, de los que más de media vida ha estado dedicada por entero a su reinado. A los dos años, Winston Churchill ya dijo que tenía autoridad.

Antes de ascender al trono, se casó. Lo hizo justo tras la Segunda Guerra Mundial, en 1947, con su primo, Felipe de Mountbatten, príncipe de Grecia y Dinamarca, quien hoy es el Duque de Edimburgo y padre de los cuatro hijos que tuvieron: Carlos, Ana, Andrés y Eduardo.

La corona se le impuso el 6 de febrero de 1952, llevando, si se echan cuentas, 68 años como reina del Reino Unido, superando el récord de longevidad en el poder que ostentaba su tatarabuela, la reina Victoria, cuyo reinado duró 63 años y 216 días.

Por sus ojos han pasado siete Papas (desde Pío XII al actual, Francisco I), catorce primeros ministros de Gran Bretaña (de Churchill a Boris Johnson) y trece presidentes de Estados Unidos, comenzando por Harry S. Truman y acabando por Donald Trump. De nuestro país ha visto la transición de la dictadura franquista a la democracia actual.

Sus años le han hecho amar a sus 8 nietos y nietas que le han dado igual número de bisnietos y bisnietas, siendo el último de ellos el pequeño Archie, hijo del príncipe Harry y de Meghan Markle. También, eso sí, le han dado bastantes disgustos. Pero ya llegaremos a esa parte.

Los primeros años de su reinado tuvo que lidiar con un marido resignado a ser consorte y con una hermana, Margarita, que había salido a su tío y se mostraba algo díscola, pues quería casarse con Peter Towsend, de origen plebeyo, divorciado y 16 años mayor.

Finalmente desestimó a tal rpetendiente y se acabaría casando en 1960 con un fotógrafo y cineasta, Antony Armstrong-Jones, para quien se creó ad hoc el título de conde de Snowdon. Tras su divorcio en 1978, la princesa Margarita no volvería a casarse.

Unos tranquilos primeros años

Aquellos primeras dos década de reinado convirtieron a Isabel II en la monarca que más ha viajado en la historia de Reino Unido, sobre todo a los países que forman la Mancomunidad de Naciones. De hecho, fue la primera soberana de Australia y Nueva Zelanda en poner un pie en estos estados.

Pero que bajo su mandato se diese por concluido, no oficialmente, pero sí de facto, el imperio británico, fue algo acorde a los tiempos: la descolonización de África y el Caribe era un asunto que ya empezaba a pesar sobre sus espaldas. Y, de hecho, sus primeras grandes críticas fueron por cómo lidió con la problemática del Canal de Suez.

La década de los 70 fue más o menos tranquila para la monarca, que había aprendido  de sus errores, llevó con muchísimo sosiego tanto la repatriación constitucional de Canadá del presidente Pierre Trudeau (el padre del actual presidente, Justin Trudeau) como el conocimiento y posterior desenmascaramiento de que había espías comunistas en palacio. Además, en 1977 se convierte en abuela, pues nace Peter Phillips, primogénito de su única hija, la princesa Ana.

Los convulsos 80

Aunque más mediáticos, los años 80 apenas cambiaron. Fue sorprendente su temple cuando se efectuaron seis disparos contra ella en 1981 -pero luego se descubrió que las balas eran de goma- o cuando apareció un señor a los pies de su cama.

Pero sobre todo aquellos años estuvieron marcados por la Guerra de las Malvinas, en las que intervino su hijo Andrés (en el Ejército ya le llamaban 'El cachondo' y años más tarde ya se sabe el porqué), y el mandato de Margaret Thatcher.

Con ellas dos empezó el sensacionalismo a interesarse más por la figura de la reina, pues se decía que hubo una malísima relación entre ambas dirigentes, sobre todo porque Isabel II no comprendía las políticas que provocaron las revueltas mineras de 1984 ni las razones para no sancionar a Sudáfrica por el Apartheid.

Los horribles 90

A finales de esta época fue cuando comenzaron a investigarse desde la prensa rosa los amoríos y relaciones extramatrimoniales de la realeza, llegando a su súmmum en 1992, sin lugar a dudas, el annus horribilis de Isabel II, que tuvo que salvar del hundimiento a la corona.

Se divorciaron dos de sus hijos: Andrés de Sarah Ferguson, ambos con otros amantes con quienes fueron fotografiados; y su hija, la princesa Ana, del jinete Mark Phillips, que había tenido una hija fuera del matrimonio, en abril de aquel año, para volver a casarse en diciembre.

Además, se incendió el castillo de Windsor en un aparatoso fuego y le llovieron huevos en su visita a Alemania, pero lo que más daño hizo fue que el príncipe Carlos y Lady Di se separasen, intentando ella la reconciliación, pero empezando sin embargo lo contrario: los rumores de su mala relación con la Princesa del pueblo. Su muerte en 1996 conmocionaría a la sociedad británica.

La reina 'pop'

Desde entonces hasta ahora ha tenido que ver cómo morían tanto su madre como su hermana, con pocas semanas de diferencia, en 2002; de los primeros a los últimos achaques de la edad; los atentados de Londres; y los Juegos Olímpicos que presidió ayudada por el agente 007, James Bond.

También se ha convertido en todo un icono, no solo de la monarquía, sino también de Reino Unido (y su contrario, que se lo digan al God save the Queen de los Sex Pistols). De hecho, Sir David Cannadine, presidente de la National Portrait Gallery -Galería Nacional de Retratos-, es sin duda "la mujer más retratada de la historia".

Ha sido musa para toda clase de artistas, desde pintores como Andy Warhol, Justin Mortimer o Lucian Freud, escultoras como Alison Jackson o maestros de la fotografía como Cecil Beaton o Annie Leibovitz, así como su vida ha dado pie a grandes películas como The Queen, obras de teatro como The Audience o series de televisión como la actual The Crown.

De hoy en adelante

Isabel II cumple 94 años aislada por el coronavirus en su castillo de Windsor y sin celebraciones por primera vez en su reinado. En su mente pululan todos los problemas que asolan ahora mismo a su familia, multitud de sombras que ha de atajar cuanto antes.

Tiene por un lado el Brexit político y el que entraña a los suyos, el Sussexit, que de una manera extraña le ha venido muy bien, pues si bien pierde a uno de los nietos porque separa su camino del de la corona, bien cierto es que no se está hablando tanto del más grande.

Era su favorito, como muchas veces se ha dicho, pero el escándalo del príncipe Andrés con el magnate Jeffrey Epstein y su "casa de los horrores", donde era común la trata de menores ha empañado los últimos meses de la reina, que ve cómo no podrá resolver de manera satisfactoria esta crisis para cuando reine su hijo Carlos, el primero en la línea sucesoria y que hace poco se supo que padece el Covid-19.

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