'La flauta mágica' regresa al Teatro Real en una adaptación que enamoraría a Charles Chaplin

  • La última ópera que estrenó Mozart en vida vuelve el próximo domingo 19 al Teatro Real de Madrid.
  • Es el mismo prodigioso montaje que se pudo ver hace ahora cuatro años.
Escena dela adaptación de 'La flauta mágica' inspirada en el cine mudo.
Escena dela adaptación de 'La flauta mágica' inspirada en el cine mudo.
Javier del Real

Es una de las óperas más representadas de la historia, pero pocos la entienden de verdad porque su libreto parece un galimatías. La flauta mágica, la última ópera que estrenó Wolfgang Amadeus Mozart semanas antes de morir, es algo así como una casa con varios pisos. Usted puede entrar en el primero y se encontrará una fantasía casi infantil con duendecillos, brujas, serpientes de cuatro metros, demoniejos, divertidos cazadores de pájaros que solo parecen pensar en el sexo, misteriosos sacerdotes, flautas y carillones con poderes mágicos y una pareja de “buenos” (el príncipe y la princesa) que pasan por muchas aventuras. Naturalmente, todo acaba bien.

El argumento no parece tener mucho sentido, pero ¿desde cuándo tienen lógica los cuentos para niños? Si entra en este primer piso, usted estará en la casa y le encantará, aunque no la vea entera. Este primer piso es el que llenó de magia, por ejemplo, Ingmar Bergman en su memorable versión cinematográfica de 1974.

Para entrar en el segundo piso usted deberá saber algo de historia, de simbología y de música. La ópera es la misma, pero se encontrará con los cuentos recopilados por Christoph Wieland, con la afición que tenía Mozart –y mucha gente en su época– por las cosas egipcias, con la escasez de dinero que atravesaba el compositor y hasta con su vida personal. Sabrá, por ejemplo, que la terrorífica y famosísima aria de la Reina de la Noche, Der Hölle Rache, es tan terriblemente difícil de cantar porque Mozart la escribió para su cuñada, Josefa Hofer… a la que no podía ni ver.

Sabrá también que esta no es una ópera sino un singspiel, género popular que obligaba a incluir partes habladas, personajes cómicos o campesinos y melodías pegadizas: algo parecido a nuestra zarzuela, pero Mozart elevó el singspiel a alturas sencillamente milagrosas. Hay cientos de versiones en este segundo piso.

Pero en el tercer piso se encontrará con la verdadera clave de todo. Mozart era masón, lo mismo que el libretista y empresario, Emmanuel Schikaneder, y entre ambos se propusieron hacer una alegoría de los principios e ideales masónicos, que tienen mucho que ver con la Ilustración: el triunfo del bien sobre el mal, de la sabiduría sobre la ignorancia, de la armonía y la tolerancia sobre el fanatismo, y de las dificultades que han de atravesarse para alcanzar la luz.

Usaron todo lo que puede hallarse en los otros dos pisos, pero todo el segundo acto es la bellísima metáfora de una iniciación masónica. Una de las mejores versiones de este “tercer piso” es la que dirigieron Jonathan Miller y Franz Welser-Möst para la Ópera de Zurich en el año 2000.

¿Qué se verá en el Teatro Real? Una maravilla. Han interpretado la obra maestra de Mozart en clave de cine mudo. Nos lleva a hace un siglo. No hay decorado: sólo una gigantesca pantalla en la que van apareciendo imágenes a las que los cantantes, con la cara blanca y unas tremendas ojeras negras, tienen que adaptarse milimétricamente. Papageno, el pajarero, es Buster Keaton, y cuando hace sonar su carillón, de su boca salen pajaritos que echan a volar… en la pantalla, no en la realidad. Monostatos es igual que Nosferatu, con cabeza de huevo y unas narices muy cómicas. Aparecen arañas gigantes (la Reina de la Noche), perros malísimos, gatos negros que corren por el escenario, monos, lechuzas…

Todo es vídeo, y los cantantes tiene que adaptar sus movimientos exactamente a lo que pasa en las imágenes. A veces solo se les verá la cabeza, aunque el público no se dará cuenta. Es muy, muy difícil. Pero es genial. Todo esto lo inventó Barrie Kosky hace siete años para el público de Berlín. Y arrasó, quizá porque atraviesa los tres pisos.

Y qué cantantes. Ivor Bolton, director titular del Teatro Real y gran especialista en Mozart, dirige a un reparto asombroso: Andrea Mastroni será el venerable Sarastro; Albina Shagimuratova, la maléfica y tentadora Reina de la Noche; Anett Fritsch, la dulce y valiente Pamina; Stanislas de Barbeyrac, el amoroso y no menos valiente príncipe Tamino; Joan Martín-Royo y Ruth Rosique serán Papagena y Papageno; Mikeldi Atxalandabaso encarna al malísimo y cómico Monostatos… Todo así. Una escenografía prodigiosa para una obra maestra inmortal. El único que falta es precisamente Charlot…

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