Open Arms
El reportaje de 'En portada' sobre el Open Arms 'Misión 65'. RTVE

En portada (jueves alternos a las 23:30 en La 2) ha estrenado temporada con Misión 65, un reportaje sobre la travesía del Open Arms del último verano. El equipo siguió los rescates y la espera de 160 refugiados hasta su desembarco tras la intervención de la justicia Italia. Una misión, la número 65 del buque, que hizo sonrojar a la Unión Europea y reabrió el debate sobre las políticas migratorias.

El histórico programa de La 2 es de los que siempre presionan las teclas correctas. No defraudó en su acercamiento a un tema en el que una parte de los medios se olvidan del libro de estilo y ofrecen una visión de la migración y el refugio que hace que se asocie a problema. La realidad es que los datos no lo corroboran.

Según los de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), fueron 56.480 las personas que llegaron a la costa de nuestro país el pasado año, y no los 50 millones que dejó caer Pablo Casado. Además, se le pasó dar el dato de la cifra de fallecidos en el mar; solo en lo que va de año han desaparecido o muerto en el Mediterráneo más de novecientas personas.

Según un informe del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) sobre el tratamiento de la información de las personas migrantes o refugiadas, las noticias y reportajes son determinantes en la construcción de su imagen social. Se cometen errores desde la cobertura, que siempre es mayor en los meses de verano, lo que hace que se sobredimensione el tema hasta crear alarma social. La llegada de las pateras se sitúa como el principal foco de información, sin que apenas se tratan temas como los orígenes de los conflictos de los que huyen. Tampoco los programas de acción de las ONG que los rescatan, aunque sí se otorga pábulo a las declaraciones de los políticos que tratan de criminalizar su labor.

Además, la mayoría de las informaciones son breves, lo que dificulta la formación de un contexto real como el que se consigue con reportajes o crónicas más extensas. Se utilizan titulares con metáforas como "oleada", "avalancha" o "crisis migratoria" que incrementan la sensación de peligro y temor.

También se subraya su situación de "sin papeles" o "ilegales" que aleja la información de la verdadera noticia: la huida de la pobreza o la guerra. Las imágenes que acompañan a las noticias también colaboran a crear los estereotipos; personas en pateras o sometiéndose a controles policiales alientan el sensacionalismo, al contrario de los encuadres que recogen sonrisas o rostros esperanzados tras haber logrado salvar la vida en el mar.

En la mayoría de las noticias se cuenta con las declaraciones de los políticos, pero solo algunas de ellas incluyen testimonios de las personas rescatadas como fuentes de información. Además, se elude su nacionalidad, homogenizándolos como subsaharianos, lo que genera despersonalización. En cambio, el programa En portada sí ha marcado la diferencia al permitir que los recuerdos y confesiones de los tripulantes sean la base del reportaje. De esa manera, se evita la cosificación de las personas migrantes al tratarlos como simples números y no permitirles que cuenten sus historias.

Es labor de los medios de comunicación ofrecer espacio a esos testimonios en primera persona de migrantes que demuestran la realidad de su lucha activa por sobrevivir. Historias que despierten la empatía necesaria y alejen la falsa criminalización que la era la Guerra de Clic de la Información en la que vivimos ha facilitado.

La crítica y reflexión sobre el tratamiento de la información relativa a la migración no es solo para la televisión, sino que también debe incluir a los espectadores que la recoge. La sociedad no puede permitir que se ofrezca una imagen distorsionada de una situación social que no requiere la categoría de alarma. Lo que necesita es tratarse como humano.