Draghi
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. EFE

Las actas de la reunión de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) de finales de julio revelan que considera más efectivo combinar medidas, como bajar los tipos de interés y comprar más deuda, que llevar a cabo "una secuencia de acciones selectivas", pero hay diferentes opiniones en el consejo de gobierno.

El BCE contempló en esa última reunión poner en marcha un "paquete" de medidas de política monetaria para estimular la economía de la eurozona si se agrava el parón del bloque, según las actas difundidas este jueves.

El organismo anunciará medidas probablemente en septiembre, pero se ha revelado que existen diferentes opiniones sobre cuáles son las necesarias. "La elección de los instrumentos y el diseño de un posible paquete debería reflejar la efectividad relativa de los diferentes instrumentos para afrontar contingencias futuras", dicen las actas.

Aunque los miembros del consejo de gobierno expresaron un amplio acuerdo con iniciar trabajos preparatorios sobre las medidas, algunos expresaron preocupación respecto a las "posibles consecuencias no intencionadas de un sistema de tramos y su capacidad de mitigar completamente" los efectos de los tipos de interés negativos sobre la intermediación de los bancos.

"Se expresaron algunos matices sobre el diseño y los elementos individuales de un posible paquete de medidas de política monetaria, que fue presentado como una lista de opciones", según las actas. Algunos miembros mostraron reservas respecto a volver a introducir un nuevo programa de compra de deuda.

En concreto, se argumentó que la prima de los bonos de la zona euro a largo plazo ya se ha reducido durante bastante tiempo y que el riesgo de un endurecimiento indeseado de las condiciones financieras era más alto en los plazos más cortos de la curva de rendimientos que en los más largos.

El presidente del BCE, Mario Draghi, ya avanzó al término de aquel encuentro a finales de julio su disposición a actuar, este mismo septiembre si fuese preciso, ante la ralentización económica y el estancamiento de la inflación por debajo del nivel objetivo.

También se subrayó en la reunión que, de forma paralela a cómo decida actuar el BCE para contrarrestar el cuadro macroeconómico, "los gobiernos en disposición de hacerlo usen su espacio fiscal", mientras que los demás deberían tratar de reconstruir su "margen fiscal".

En julio el BCE modificó la orientación que hace sobre los movimientos en la política monetaria y dijo que espera que los tipos de interés "se mantengan en los niveles actuales o en niveles inferiores al menos hasta el primer semestre de 2020". De este modo, la entidad indicó que podría bajarlos.

El BCE recortará, previsiblemente en septiembre, su tasa de interés a los depósitos bancarios, que ahora está en el -0,4%, por lo que cobra a los bancos por el exceso de reservas a un día.

El consejo de gobierno encargó a los comités pertinentes que examinen opciones para reforzar sus indicaciones sobre la orientación futura de los tipos de interés oficiales, medidas de mitigación como el diseño de un sistema de tramos para la remuneración de las reservas y opciones para el tamaño y la composición de posibles nuevas compras netas de activos.

La mayoría de los factores de riesgos están fuera de la zona euro, pero lastran la evolución económica del bloque, argumenta el documento, que señala no obstante que el empleo continúa mejorando y los salarios permanecen al alza.

El enfriamiento económico ha afectado por el momento principalmente a las exportaciones y a la industria, según los expertos, que temen que otros sectores que hasta al momento han dado señales de solidez, como los servicios y la construcción, puedan verse contagiados "antes o después".

Los miembros del consejo de gobierno del BCE comparten ampliamente la opinión de que el debilitamiento del crecimiento global y el débil comercio internacional pesan en las perspectivas de la zona del euro.

Consideran que se mantienen las incertidumbres por las tensiones comerciales, la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) y la rotación en el modelo de crecimiento de China, de inversión manufacturera hacia consumo y servicios.