José Coronado: "Hablar con ETA no es un derecho, sino una obligación"

  • Es un profesor amenazado por ETA en 'Todos estamos invitados'.
  • La cinta le enseñó que hay muchas víctimas además de los muertos.
  • "Mi personaje es mucho más digno que yo", explica el actor.
El actor José Coronado.
El actor José Coronado.
EFE
Ha sido encasillado por sus papeles de galán, periodista, malvado o amante de Isabel Pantoja. Cumplidos los cincuenta, José Coronado (Madrid, 1957) afronta en
Todos estamos invitados uno de sus papeles más complejos: el de un profesor universitario 'normal'... amenazado por ETA. De su papel en la película de
Gutiérrez Aragón y de la situación en Euskadi hablamos con el actor.

La gente normal, la que no puede hablar libremente, ha sido mi inspiración"

¿Por qué se involucra en Todos estamos invitados?

Me apetecía mucho trabajar con Manuel Gutiérrez Aragón y
Óscar Jaenada, pero también por la historia. Hablar de ETA y de sus víctimas era importante: no sólo cumplía mi objetivo como actor de contar historias, sino que también podía ayudar socialmente.
¿Cómo define a su personaje?

Como un hombre normal, lo que es un gran reto: no interpreto a un héroe, sino a un ciudadano de a pie ni más ni menos valiente que nadie. Tras hablar con amenazados por ETA, como Fernando Savater o José María Calleja, me di cuenta de que sus historias y detalles me servían, pero mi personaje no estaba tan comprometido: sólo quiere expresar su opinión libremente, como cualquier ciudadano, como le pasa a los camareros, taxistas o señoras de las limpieza que no pueden hablar en voz alta. Ellos han sido mi inspiración, por ellos comprendí que todos estamos invitados a mirar de frente el problema, y no de lado y con miedo como el ochenta por ciento de la población vasca.
¿Cómo valoró esa gente 'normal' su trabajo?

Con agradecimiento. La película ha tocado a la gente, sobre todo a los vascos, y algunos se han acercado al final de la proyección llorando y dándonos las gracias. Lamentablemente, como siempre, lo han tenido que hacer en voz baja, porque siguen sin poder decirse las cosas claras en el País Vasco.
No sólo cuentan los muertos, sino también todos los que viven amenazados y cuya presencia molesta"

¿Cuánto de usted hay en su personaje?

Me identifico con su tolerancia y su repulsa a la violencia, pero sé que él es más digno que yo: no acepta vivir como un muerto viviente. No sé cómo respondería yo a una situación como esa, pero sí estoy seguro de haber aprendido algo con la película: no sólo cuentan los muertos, sino también toda esa gente que lleva escolta porque vive amenazada, cuya presencia molesta a los demás sin tener culpa de nada.
Hubo técnicos y actores vascos que declinaron participar en la película...

Creo que en su situación habría hecho lo mismo. Les entiendo, entiendo que algo así pueda afectar a tu vida y a la de tu familia. No creo que este trabajo me suponga nada a mí, aunque sé que estar detrás de cualquier pancarta que condene la violencia puede acarrearte problemas con estos descerebrados.
¿De dónde sacó el miedo, la soledad, que vive su personaje?

No era difícil: incluso en la ficción, determinadas escenas me provocaban un desasosiego enorme. No es agradable que te acosen, que te insulten y que te desprecien. Este papel me ha hecho entender cómo es esa vida: insoportable. No se puede vivir así.
Se contabilizan los muertos, pero no las amenazas...

Vivimos en un mundo con tantas barbaridades que sólo nos enteramos de las más llamativas. Nadie piensa en las víctimas 'colaterales', y por eso era atractiva esta película. Espero que
Todos estamos invitados sirva para eso, para mirar con más cariño y atención a esa gente que apenas escucha palabras de aliento. Si conseguimos ser más conscientes de su problema, reflexionar sobre él y dar más gestos de apoyo, habremos conseguido mucho. Sólo esa solidaridad y esa comprensión normalizarán la situación.
No entiendo a los etarras (...) Cuando veo cómo matan a inocentes por la espalda sólo puedo verles como a criminales"
¿Qué más pasos daría para esa 'normalización'?

¿Y quién soy yo para saberlo? Creo que hay que agotar todas las vias, pero siempre con la maquinaria judicial y policial trabajando. Creo que el diálogo con los terroristas no es un derecho, sino obligación de un gobierno. Si no hablamos con ellos para solucionar el problema, ¿con quién vamos a hacerlo? Una vez empezado el diálogo, por supuesto, queda escuchar sus propuestas, y conocer su fría cara de negociadores, de estadistas...
La película le ha ayudado a entender mejor a los amenazados: ¿también a los terroristas?

Podía hacerlo hace cuarenta años, pero no ahora, no con la situación actual. Cuando veo sus asesinatos, cómo matan a inocentes por la espalda, sólo puedo verles como a criminales.
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