Genoveva Casanova
Genoveva Casanova realiza un posado para una firma de trajes nupciales y de fiesta. Pronovias

Noche fría del pasado viernes en Madrid. Calle Velázquez. Hotel Wellington. El cantante Luis Miguel ha llegado a España de incógnito. Visita la ciudad para realizar algunas gestiones, confiar su nuevo corte de pelo a la estilista Beatriz Matallana y reencontrarse con una vieja y querida conocida del pasado con la que mantuvo una relación sentimental nunca confirmada.

Es ella. Su elegancia, la melena rubia y sus kilométricas piernas no dejan lugar a dudas. Genoveva Casanova desciende del vehículo protegida solo por un discreto abrigo y unas medias tupidas. La noche transcurre entre risas y mucha complicidad. No es la primera vez que se ven, pero sí lo parece. Tal vez porque entre el artista y la ahora escritora cada encuentro es tan mágico como estimulante. Lo suyo viene de lejos. Se nota.

Aunque atendiendo a sus gestos cualquiera podría decir que son una pareja, el entorno de uno y otra niegan a 20minutos que lo sean. Dicen que no hay ningún tipo de vinculación entre ellos, más allá del respeto de una amistad sincera.

Confiesan, eso sí, que si bien puede haber cierta atracción –no solo carnal–, no es suficiente para que ninguno de los dos tenga la intención de retomar un noviazgo que vivieron prácticamente en la penumbra. Seguirán frecuentándose, pues siempre que el Sol de México visita nuestro país, cierra en su agenda una cita prioritaria con Genoveva. Su Genoveva.