Clara Sánchez
La escritora Clara Sánchez lanza su nueva novela. JORGE PARÍS

Solo el trazo de una pluma es capaz de hacer sentir cómoda a esta escritora que reúne premios como el Nadal, Alfaguara o Planeta. "Siempre me he sentido una inadaptada", admite Clara Sánchez (Guadalajara, 1955). Por ello, la autora best seller agarra de nuevo el papel y se adentra en su temática más recurrente: la manipulación. "No hay nada que me dé más miedo que una persona que dice no temerle a nada. Esta gente se convierte en líderes de sectas", añade. Este miedo lo saca a relucir en El amante silencioso, una historia de intrigas y pasiones que ella procura disfrazar de "novela romántica".

¿Qué le ha llevado a dedicar un libro a la manipulación? ¿Es un fenómeno propio de esta época?
Es una constante en mi vida, pero en estos tiempos se acusa todavía más. Siempre he tenido un poco de angustia por hacer algo que estuviera dirigido por otra persona y no darme cuenta. La manipulación es como una lluvia fina que te va calando hasta que haces lo que los demás quieren.

¿Hacer de la mujer una heroína es también fruto de los tiempos actuales?
Siempre han existido heroínas pero ahora la mujer tiene más posibilidades de serlo; son heroína cotidianas porque hacemos (me meto en el saco) lo que queremos en el día a día.

¿Por eso ha caracterizado así a la protagonista?
Sí, Isabel es una chica normal y corriente a la que las circunstancias le llevan a comportarse de una manera valiente. El hecho de que ella coja el toro por los cuernos y diga: "Sí, voy a ir a rescatar a este chico", ya la convierte en una heroína. Me gustan mucho las chicas jóvenes de ahora, las veo valientes, contestonas y despiertas; eso es algo que en mi generación era más difícil. Por eso en mis novelas, desde hace tiempo, siempre hay una joven que se enfrenta a una situación en la que no se deja manipular.

La novela está ambientada en África. ¿Busca exotismo o simplemente quedó deslumbrada por esta tierra?
Es algo que a una parte de los lectores les va a gustar, porque van a percibir una serie de aromas, olores, sabores y sensualidad propios de allí. Pero no fue eso lo que me llevó a situar la novela en África sino que parte de una experiencia personal. Hace cinco años estuve en Kenia y era todo tan distinto y exótico que me hizo sentir como una infiltrada: estaba viendo y absorbiendo todo sin ser de ahí. Para mí fue ideal trasladar esa sensación que yo había tenido a través de Isabel. Ella se siente doblemente infiltrada porque está en una terreno nuevo y, a la vez, se cuela en la secta que tiene atrapado a Ezequiel. Es una chica que se ve envuelta en una aventura trepidante y arriesgada, lo que le propicia una intriga y un suspense a la novela.

¿Hace falta viajar fuera de nuestras fronteras para ver crecer sectas?
No, en España hay muchas y están aflorando otras cuantas. No tanto como en Estados Unidos donde la secta es una institución; aquí están más calladas, pero hay muchísimas. Quizá por los tiempos, porque la gente, a pesar de estar muy comunicada por redes sociales, se siente más sola. En realidad, vivimos muy rodeados de microsectas, desde la familia a la religión o, incluso, la pareja.

¿Qué tres líderes espirituales mueven hoy el mundo?
El Papa, el Dalai Lama y un líder que no es espiritual pero sí terrorífico: Trump.

¿Cuesta mucho salirse de una secta? Es posible aunque difícil, por la sensación de dependencia que genera. A veces nos sentimos atrapados en situaciones que pueden ser sectas y no escuchamos. En la vida me ha venido muy bien el escuchar, aunque sea una conversación en el autobús, porque me da ideas de cómo actuar y solucionar las cosas.

Juan José Millás defiende que un escritor tiene que estar en conflicto con la realidad. ¿Usted lo está?
Yo no diría que estoy en conflicto con la realidad sino que me siento marginal: nunca llego a estar totalmente integrada en las cosas. Como la Isabel de la novela, me siento infiltrada hasta en mi familia. Quizá es porque, cuando era pequeña, mi madre me compraba los zapatos de dos tallas más para ahorrar. Escribo porque siempre me he sentido una inadaptada y redactando es cuando más cómoda me siento. Aunque también me toca luchar con los zapatos de la literatura.

Agradezco la sinceridad...
Es que vivimos en el mundo de la imagen y no nos expresamos. Creemos que es mejor dar la imagen de éxito, en vez de aprovechar la oportunidad de decir quiénes somos.

Tiene más de dos millones de lectores en todo el mundo, ¿cree que su lenguaje es universal o la cultura puede ser un impedimento?
La base emocional es universal. Si expresas lo que sientes y no inventas las emociones, llegas al público. Eso es lo que vi cuando fui a Kenia: me sentaba con la gente y sentíamos lo mismo. Lo que descubrí durante ese mes es que todos somos iguales.

Se cumplen 30 años de su primera novela, Piedras preciosas. ¿Cambiaría algo?
Ya no escribiría la misma novela. Sí que me he dado cuenta de una extraña conexión. Yo, que soy desordenada, he visto que hay una coherencia entre mis novelas con todo el asunto de la manipulación, de que no somos lo que parecemos. En todas ellas hago una crítica existencial sobre esto.

Después de recibir varios reconocimientos de las letras españolas, ¿cuál es su aliciente?
Escribir lo próximo con toda mi entrega y corazón, aunque quede cursi decirlo.

En los últimos diez años han sido siete hombres frente a tres mujeres quienes se han hecho con el Premio Planeta, ¿es coincidencia?
Fíjate. Para que veas, también en el mundo de la literatura seguimos siendo minoría, pero ya estamos avanzando.

'El amante silencioso': manipulación, sectas y amor

Ezequiel es un joven de clase alta que, desde hace dos años, pertenece a la Orden Humanitaria, una secta con base en África. Isabel, una joven que perdió a su hermano en manos de otra secta, acepta el reto de rescatar al chico. Tendrá que viajar hasta Mombasa (Kenia) e infiltrarse en este mundo de manipulaciones. Pronto conocerá al misterioso Said, con quien se aliará.