Álex Grijelmo presenta 'El cazador de estilemas'.
Álex Grijelmo presenta 'El cazador de estilemas'. ELENA BUENAVISTA

No tiene Twitter. Tampoco Facebook, pero tuvo que denunciar a un usuario que le robaba su identidad en esta red. El periodista se enfrenta a los anónimos y revela el arma perfecta para cazarlos en su novela.

Si el castellano es un idioma tan rico, ¿por qué usa la palabra estilema, que no está recogida en el diccionario?
No está pero se usa en lingüística y, precisamente, da idea de cómo se pueden formar nuevas palabras. Así como los fonemas son las representaciones del sonido, los estilemas son los rasgos de estilo que tenemos sin darnos cuenta.

¿Las palabras nacen de arriba o de abajo?
Generalmente nacen de abajo. O al menos, se consagran por abajo porque el idioma es lo más democrático que existe. Lo que hacen los gramáticos es codificar, deducir las normas que los hablantes se dan a sí mismos sin darse cuenta.

¿Esta herramienta lingüística ayudaría a resolver casos reales?
Sí, y se utiliza. Existe la lingüística forense y hay asesores de los tribunales para casos en los que tiene que haber alguna intervención del lenguaje y discernir casos de plagio. Incluso, sirve para conocer la autoría de textos antiguos. Pero, hasta ahora, nadie había escrito una novela policíaca entera con eso.

¿Qué relación tiene el estilema con la clase social y la ideología?
Tiene relación porque las palabras nos definen. Son como la ropa que llevamos. Juzgamos o evaluamos a las personas a veces por su presencia física. Con las palabras sucede lo mismo; sin querer evaluamos a la gente por cómo se expresa. Hay rasgos que te hablan del grado de instrucción o de la educación que tiene una persona y nos dan indicios de su historia.

¿Cuál es el estilema que diferencia a Santiago Abascal de Pablo Iglesias?
[Se ríe] No lo he estudiado, pero seguro que los hay. Seguramente, uno de los rasgos sea cómo se refieren al rey: Abascal dirá rey, e Iglesias, jefe del Estado.

El personaje del profesor es un enemigo de los anónimos, ¿se ha desfogado a través de él?
Sí, yo también estoy en contra de los anónimos y, como le pasa al profesor, no atiendo ninguna llamada si no se de quién es. El anonimato que abunda ahora en la redes me parece la mayor cobardía.

¿Debería ser obligatorio identificarse?
Obligatorio no lo sé, pero sí ético. No puedes reclamar libertad sin que eso implique responsabilidad sobre tus actos.

¿Qué palabras usa que le radiografían y qué nos dicen de usted?
Supongo que algunos rasgos propios de Burgos, porque soy de ahí. Probablemente diga mucho majo, lo que delataría mi zona geográfica de origen.

Afirma que los periodistas han perdido su personalidad, ¿diría que la ESO ha hecho daño en la educación?
No soy experto en educación. Lo que sí sé es que cuando yo empezaba, los periodistas intentaban distinguirse. Ahora cuesta más que quieran ser vanguardistas y rompedores con lo que está en el ambiente.

¿A quién le gustaría más parecerse: a Vargas Llosa por su estilo o a Agatha Christie por sus tramas?
En esta novela ha tenido más influencia Christie. La leía cuando era adolescente y eso al final acaba apareciendo.

Para novelar, ¿se nace con imaginación o se trabaja en ello?
Hace falta una predisposición natural para imaginar realidades. El ensayo es transpiración y la novela es inspiración.

¿Debería incluirse estilema en el diccionario de la RAE?
No es una palabra de uso general, pero sí que hay otros términos filológicos que están en el diccionario. Yo soy partidario de que esté, y espero conseguirlo con esta novela [se ríe].

De la transpiración a la inspiración

Nació en Burgos, en 1956. Es doctor en Periodismo y ha pasado por medios como el diario La voz de Castilla, la agencia Europa Press y Efe (en donde fue presidente). En la actualidad es columnista de El País. Ha escrito nueve ensayos y, ahora, en 2019, se atreve con su primera novela.