La Policía tendrá que diseñar un plan personalizado para cada víctima de violencia machista

Policía en labores de custodia de una mujer, en Madrid.
Policía en labores de custodia de una mujer, en Madrid.
JORGE PARÍS

El nuevo protocolo de evaluación del riesgo de violencia de género, que entra en vigor este miércoles, incluye que la obligación policial de crear un plan personalizado de seguridad para cada víctima de violencia machista y sus hijos con el objetivo de que tengan claras determinadas medidas de autoprotección: entre ellas, cómo usar el teléfono móvil, cómo huir en caso de intento de agresión o cómo protegerse en el hogar.

Todas las víctimas, con independencia del nivel de riesgo en el que se las categorice, tendrán un plan individualizado y ajustado a su estilo de vida y características. Las medidas persiguen la "participación activa de la propia víctima en su protección y la de los menores a su cargo" y para diseñar este plan los agentes tendrán en cuenta, entre otras variables, las características física de la mujer, su edad, en qué tipo de vivienda habita, si trabaja o no, si tiene alguna discapacidad...

El Protocolo ofrece numerosas medidas que pueden incluirse en un plan personalizado y hace hincapié en que los agentes evaluarán cuáles son pertinentes y cuáles no. A continuación, algunas de las medidas sugeridas para elaborar un Plan de Seguridad Personalizado:

  • Llevar siempre un teléfono móvil: Cambiar de número, solicitar a la compañía telefónica que no incluya datos personales en ficheros públicos, bloquear las llamadas y las comunicaciones con el agresor, no responder a números desconocidos, tener siempre activada la geolocalización -siempre que el agresor no conozca el número-, guardar teléfonos policiales y de asistencia e instalar la aplicación AlertCops.
  • Uso seguro de nuevas tecnologías y redes sociales: Restringir el acceso a redes sociales, utilizar pseudónimos, no aceptar solicitudes de amistad de desconocidos ni del entorno del agresor, no difundir información personal.
  • Medidas de autoprotección: Adoptar rutinas de seguridad en los desplazamientos y salidas en las actividades cotidianas, identificar a vecinos y amigos de confianza que puedan ser localizados en caso de emergencia, no encontrarse con el agresor, llevar una copia de las disposiciones judiciales, formarse en defensa personal. En caso de cambio de domicilio, comunicarlo exclusivamente al Cuerpo de Seguridad encargado de su protección.
  • Planificación de rutina de huida en caso de agresión: Salir rápidamente del domicilio. Si no es posible, confinarse en un lugar seguro y llamar a la Policía, pedir auxilio desde ventanas -si son seguras, usarlas para escapar-, alejarse de habitaciones donde pueda haber objetos peligrosos, tener preparada una bolsa de emergencia en un lugar seguro: con documentos, dinero en efectivo, medicamentos, llaves, etcétera.
  • Cuando la víctima tiene menores a cargo: Enseñar a los niños a salir de la habitación cuando se produzca un hecho violento. Cuando tengan la edad suficiente, enseñarles un sitio seguro donde dirigirse fuera de casa. Disponer de una habitación segura en la casa con cerradura y teléfono. Avisar a los menores para que identifiquen una situación violenta -acorar una palabra o gesto para que sepan que deben pedir ayuda-. Enseñarles a pedir ayuda a vecinos o familiares y también a ponerse en contacto con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado cuando no los vea el agresor. Deben saber decir su nombre completo y dirección y conocer que han de dejar el teléfono descolgado cuando llamen. Practicar con los menores estas estrategias para que puedan ejecutarlas con destreza. Informar al colegio de la situación.
  • Si el agresor ha abandonado el domicilio: Cambio y refuerzo de la cerradura e instalación en otras habitaciones y ventanas. Dejar las llaves puestas por dentro. Instalar videoporteros y mirillas de buena visibilidad. Añadir luces adicionales en el exterior. Instalar sistemas de alarma.
  • En el lugar de trabajo: Informar al responsable de la situación. Solicitar el cambio del centro o del horario de trabajo. Cambiar las rutas para ir y volver. Desplazarse acompañada de personas de confianza. Mostrar en el entorno de confianza una fotografía reciente del agresor. Tener copia de las disposiciones judiciales en el lugar de trabajo.
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