Balthus. Thérèse, 1938.
Balthus. Thérèse, 1938. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York. Legado de Mr. y Mrs. Allan D. Emil, en honor de William S. Lieberman © Balthus, 2019. BALTHUS

Hace algo más de veinte años se inauguraba en el Reina Sofía la primera retrospectiva de Balthus en nuestro país. El maestro -que ya por aquel entonces se encontraba muy delicado de salud (moriría cinco años después en el 2001)- no pudo viajar a Madrid desde su residencia de Suiza pero regaló al museo una clarividente frase para abrir la exposición: "Quiero que miren mi pintura. Mi personalidad queda en la sombra". Quien sí estuvo presente en aquella presentación fue uno de sus hijos, el conde Stanislas Klossowski de Rola quien rompiendo una lanza a favor de su progenitor declararía: "Se han dicho muchos tópicos sobre la obra de mi padre, y no se ha visto la diferencia entre el erotismo sagrado y el vulgar".

Ya desde su primera muestra monográfica en París allá por 1934, Balthus nunca dejó indiferente a nadie. Presentó siete obras -entre ellas la controvertida Lección de guitarra-, no vendió ninguna y en todas ellas recreó el tema de la violencia y el sexo. Para muchos resultaron provocadoras entonces, y casi un siglo después, siguen provocando sentimientos encontrados.

Hace poco más de un año, el Met de Nueva York recibía una petición firmada por 10.000 personas para retirar la obra Thérèse soñando (1938), acusando su contenido de pedófilo. La modelo de este cuadro fue Thérèse Blanchard, vecina del pintor, que con doce años posaría para él en diversas posturas sugerentes. El Met se negó a descolgarla añadiendo que prefería el debate a la censura: "El arte es uno de los medios más significativos que tenemos para reflexionar sobre el pasado y el presente, y observar la continua evolución de la cultura a través de una discusión informada y respetuosa por la expresión creativa", diría su director de comunicación Kenneth Weine.

La pintura de la discordia y otros 46 magníficos trabajos del autor, en su mayoría pinturas de gran formato, llegan esta semana al Museo Thyssen de Madrid procedentes de la Fundación Beyeler de Basilea, donde pudieron verse hasta el pasado mes de enero. Ya allí uno de los tres comisarios de la muestra, Juan Ángel López-Manzanares, destacó que: "Hay cierta dualidad en su pintura. Si estas obras no tuvieran contenido pseudoerótico igual no nos interesarían tanto. Al mismo tiempo incorpora una técnica muy depurada". Balthus fue, sin duda, una rara avis en su época, que lejos de decantarse por las vanguardias imperantes a principios del siglo XX prefirió seguir el camino de la figuración, creando un personalísimo universo, que bebió de la influencia de maestros como Piero della Francesca, Caravaggio, Poussin, Courbet o libros clásicos como Alicia en el País de las Maravillas.

Uno de sus grandes admiradores, el realizador alemán Wim Wenders lo resume a la perfección con estas palabras: "Balthus nos lleva a un mundo que es solo suyo. No era surrealista ni realista, ni perteneció a ningún otro mismo. Sus cuadros son radicalmente originales, invenciones únicas e independientes, algo deudoras del pasado pero solo en el sentido de la maestría técnica, para algunos un poco escandalosas en sus temas pero solo como una manera de llamar la atención y al cabo tributarias totalmente de su audaz aparición en nuestro presente".

Lejos de ahondar en la polémica, el pintor siempre desmintió el carácter erótico de su pintura: "Se ha dicho que mis niñas desvestidas son eróticas. Nunca pinté con esa intención, que las habría convertido en anecdóticas. Superflúas. Porque yo prentendo justamente lo contrario, rodearlas de un áurea de silencio y profundidad, crear un vértigo a su alrededor", declaró. Defendió siempre, además, su unión con la infancia -"nunca he salido de la infancia, ¿será por eso por lo que he pintado con tanto tesón flores y muchachas en flor?"- y la adolescencia: "Veo la adolescencia como un símbolo. La adolescente encarna el porvenir, el ser antes de transformarse en belleza perfecta. Una mujer ha hallado ya su lugar en el mundo; una adolescente no".

Durante la presentación de la muestra este lunes en Madrid, López-Manzanares volvía sobre el tema para insistir en que "estamos abiertos al debate pero hay que intentar contextualizar la obra de Balthus. En él hay un interés por lo infantil entendido como un interés por descubrir el secreto del mundo y lo mágico. Quedarse únicamente con lo erótico es quedarse en la anécdota, en algo muy marginal". Acompañado por la viuda del artista, Setsuko, ella misma añadía: "¿Hablamos de arte o de otra cosa? A mí me da igual si hay personas que no quieran ver el arte, lo que sí siento es que se desvíen del tema".

La exposición, que podrá visitarse hasta el 26 de mayo, incluye algunas de sus obras más importantes como La calle (1933), que se verá en España por primera vez, La toilette de Cathy (1933), Los hermanos Blanchard (1937), que fue adquirido por Pablo Picasso, Los buenos tiempos (1944-46), Thérèse y Thérèse soñando (ambas de 1938) y La partida de naipes (1948-50), que pertenece al propio Thyssen y única obra del autor en nuestro país. Entre los principales prestadores se encuentran el MoMA y el Metropolitan de Nueva York, el Pompidou de París y el Hirshhorn Museum de Washington.

Portada de 'Balthus y el conde de Rola', cómic editado por Astiberri y el Museo Thyssen con motivo de la exposición dedicada al artista francés.

Portada de 'Balthus y el conde de Rola', cómic editado por Astiberri y el Museo Thyssen con motivo de la exposición dedicada al artista francés.

Balthus, en viñetas

Coincidiendo con la exposición sobre Balthus, el museo Thyssen-Bornemisza y la editorial Astiberri editan conjuntamente la novela gráfica Balthus y el Conde de Rola, que recorre en viñetas algunos de los momentos claves en la vida del pintor francés. "Hay vidas en las que los actores de reparto se llaman Rilke, Giacometti, Bowie o Picasso. Hay vidas marcadas por la creación, el amor, el escándalo. Hay vidas como la de Balthus que parecen vividas para ser contadas en una sucesión de viñetas", dice en el prólogo José María Goicoechea, director de comunicación del museo.

Su autor es el pintor y dibujante Tyto Alba (Badalona, 1975), que también ha tocado el universo de otros grandes de las artes como Frida Kahlo y Chavela Vargas en La casa azul (Astiberri, 2014), Pablo Picasso en La vida. Una historia de Carles Casagemas y Pablo Picasso (Astiberri 2016) y el director Federico Fellini en Fellini en Roma (Astiberri, 2017).