Alejo Stivel en su casa
El cantante Alejo Stivel posa para '20minutos.es' en su casa. JORGE PARÍS

Lo primero que llama la atención al entrar en la casa de Alejo Stivel (Argentina, 1959) —vocalista de la banda Tequila— es su luminosidad. Los rayos del sol madrileño traspasan las enornes ventanas descubiertas. La ingente cantidad de objetos que puebla el apartamento se hace todavía más evidente: coches de juguete, teléfonos móviles de todas las épocas, maquinillas de afeitar. Lo segundo, los animales. Dos gatas hermanas de ojos amarillos, que el cantante rescató de la calle, retozan sobre el respaldo de uno de los sofás. Lo tercero, los calcetines. En el día de la presentación de Adiós, Tequila! —el álbum con el que el grupo se despide de los escenarios, que fue grabado en directo en el Wizink Center de Madrid (el pasado 25 de septiembre) y que salió a la calle el 1 de frebrero—, Stivel atiende a los periodistas sin usar zapatos.

¿Por qué decidieron hacer esta despedida después de tantos años?
Pues justamente, como no hicimos despedida, y nos desvanecimos en el éter, nos pareció simpático volver a juntarnos para eso. Montamos una fiesta de despedida, cosa que la gente hace cuando tiene algún cambio importante en su vida. La hicimos en Madrid con amigos: Tarque, Ricardo de M-Clan, Juancho de Sidecars, Leiva, Fito Cabrales y todo el público que vino. Ahora, sacamos este disco para tener eso de recuerdo y hacemos todo este año de gira de despedida por España.

¿Cómo experimenta el adiós?
Con mucha alegría. Es que es una fiesta y lo estamos pasando muy bien. También compruebo, desde el escenario, que la gente abajo lo está pasando muy bien. La verdad es que no hay nada de tristeza.

¿Y cómo se siente al grabar una canción después de treinta y cinco años?
No fue solo grabarla, sino componerla, todo el proceso. Estamos muy contentos de cómo quedó. Fue para la película Superlópez y a la gente que la vio (que fueron más de dos millones de personas) también le gustó mucho. La tocamos en vivo [en el Wizink Center]. Es un nuevo niño que se incorpora a la familia.

Ariel Rot y usted se conocieron cuando eran muy pequeños, tenían unos diez u once años. ¿Qué recuerda de ese momento de la infancia?
Fue en un concierto de Paco Ibáñez. Íbamos acompañados por nuestras madres y nos intercambiamos los tickets. Nuestras madres se fueran juntas y nosotros nos fuimos juntos y ahí nos hicimos amigos. En esa época en Argentina, Paco Ibáñez y la canción protesta era muy populares. A nosotros nos gustaba mucho el rock, pero también lo que Ibáñez cantaba: poesía española, León Felipe, Alberti. Y eso forma parte de mi desarrollo cultural.

Tuvo una relación un poco complicada con Argentina.
Bueno, complicada es la historia argentina. Todos los países son complicados. Alberti también tuvo que irse a vivir a mi país por el franquismo. Durante esa época o te quedabas y corrías serio peligro o te ibas. Mis padres eran artistas de izquierda, gente comprometida. Cuando llegó la dictadura, yo, como hijo de, tuve que irme.

¿Encuentra alguna relación entre la Argentina de Videla y la política actual?
Sí, en cierto modo. Por ejemplo, la política económica que hay en Argentina es la misma que había en ese momento. Para llevarla a cabo, tuvieron que hacer un golpe de Estado y matar a personas. Ahora hacen lo hacen sin matar a nadie. A través de los medios, convencen a la gente de que los vote.

Cuando ustedes empezaron, cantar rock and roll en español era casi una aberración, ¿no?
En España, no en Argentina. Nosotros llegamos aquí con esa ventaja. Teníamos toda la escuela del rock argentino que siempre había cantado en español. Allí era una aberración cantar en inglés. No tenías ninguna posibilidad si lo hacías. A nosotros nos parecía lo más natural. Cuando se empezó a hacer [en España], les costaba porque no les sonaba muy bien. Quizás aportamos ahí un granito de arena para que sonara natural el español en el rock.

Lleva prácticamente más años siendo productor musical que artista. ¿Qué le gusta más?
La verdad que son dos cosas muy diferentes y me gustan las dos. Es como si a alguien le gusta la playa y la montaña. La montaña tiene su momento y la playa tiene su momento. Ahora, después de taaanto tiempo produciendo, y tantos discos (hice más de doscientos), me encanta cantar, salir al escenario, escribir mis canciones. Cuando me llegue algún proyecto interesante, seguramente lo haré.

¿Recuerda, por ejemplo, cómo fue producir 19 días y 500 noches de Sabina?
Me acuerdo perfectamente. Fue un año de trabajo. El disco, con diferencia, más largo que hice. En España esto se hace mucho más rápido. Fue una experiencia fabulosa trabajar con alguien con tanto talento. Así como sus canciones están llenas de frases geniales, el día a día también lo está.

¿Y a quién le gustaría producir o haber producido?
No, preferiría alguien vivo [risas]. Me gustaría mucho producir a Joan Manuel Serrat. Creo que es el artista más importante del siglo XX, y de lo que llevamos del XXI, en España.

Con Tequila, exploraron muchos terrenos musicales. Un ejemplo de ello es la canción El barco.
Sí, ese fue el primer reggae que se hizo en español.

En eso tuvo que ver el concierto de Bob Marley de 1978, en Ibiza. ¿Lo tiene presente?
Sí, fue fabuloso. Después estuve en el último concierto de Marley en Barcelona, pocos meses antes de que muriera. Yo nunca había ido a Ibiza (que en esa época no estaba superpoblada y masificada, sino que era un lugar mucho más cool). Llegar allí con dieciocho años, con ese concierto en la plaza de toros, noche de luna llena... todo acompañaba. Fue una experiencia que nunca olvidaré. Y tampoco olvidaré el último concierto; porque me acuerdo de que iba a tocar en Madrid y el alcalde prohibió el concierto. Ese mismo día iba a tocar en Barcelona y, con muy pocas horas, me cogí un avióm y fui, no me lo quería perder. Los conciertos de Marley eran como ceremonias, como misas; algo místico, donde todo el mundo participaba y él oficiaba.

Con todo lo que ha pasado y el tiempo que ha transcurrido, ¿cree que Tequila sigue manteniendo su esencia a pesar de los que faltan?
Yo creo que sí, a pesar de los que faltan. Hay bandas a las que, también, les faltan miembros y siguen adelante. Con todo el respeto a lo que aportaron los miembros que no están, Ariel y yo éramos el núcleo fuerte del grupo. Veníamos ya de Argentina con muchas de las canciones y con el estilo. Los otros aportaron su personalidad pero yo creo que la esencia está ahí y eso se ve.

Cuando se separaron por primera vez, en 1982, la relación estaba un poco desgastada.
Es un clásico, ¿no? Tú coges el manual del rock and roll y en el capítulo siete dice que cuando la banda se separa, los líderes se pelean. Ya ocurrió con Lennon y McCartney [The Beatles] y con Jagger y Richards [The Rolling Stones]. Cuando pasas tanto tiempo con alguien, obviamente se crean fricciones.

¿Está contento de su trayectoria en la banda?
Por lo general estoy bastante satisfecho. Soy una persona que valora mucho lo que tiene y que trata de no dar demasiadas vueltas a las cosas. Muchas veces lo hago, pero intento ser feliz y estar contento.

¿Cree que el Alejo que estaba empezando en el mundo de la música y el de ahora son muy diferentes?
Por un lado, sí: aquel tenía mucho pelo [risas]. Pero por otro, en esencia, más o menos lo que me mueve es lo mismo; eso que comentaba: transmitir algo positivo. Hay gente que prefiere crear otro tipo de sensaciones, que salgas pensando, cuestionándote cosas, y me parece muy respetable. Cada uno encuentra su mensaje y mi mensaje es: “Olvidémonos de todo lo que está mal y usemos este rato para tratar de pasarlo lo mejor posible”.

¿Alguna vez se se plantearon que podrían escucharles personas de generaciones muy posteriores?
No, si a mí me hubieses dicho que en aquella habitación de ahí [señala el primer cuarto de su casa; en el que ahora está su cama], donde compusimos la mayoría de canciones de Tequila, que la gente vendría en masa a los conciertos, te hubiese dicho que estabas leyéndome una novela de ciencia ficción.

Nació en una época de mucha creatividad artística. ¿Le cuesta conectar con la música actual?
Yo me acuerdo de cuando era jovencito y mi padre me decía: “Ahora la música no es como antes”. A él le gustaban Frank Sinatra, Bing Crosby; también los Beatles. Cada generación suele creer que su momento de creatividad es el mejor, que todo tiempo pasado fue mejor. A mí no me gusta pensar así, pero sí creo que era mejor la que se hacía antes.

Entonces, ¿es inevitable esa nostalgia?
Bueno, tratemos de hacer música tan buena como la de antes, a ver si lo logramos. La muerte es lo único inevitable. Hoy se hace buena música, pero es un poco refrito, inspirado o reciclado de lo que se hacía antes. Y lo que es realmente nuevo sí que, para mí, no tiene la originalidad que tenían en ese momento los Beatles, los Rolling Stones, Bob Dylan, Bob Marley, Leonard Cohen, Jimi Hendrix, Led Zeppelin. Pero bueno, si tú le preguntas a alguien de hoy, probablemente te diga que Maluma es mejor que Jimi Hendrix, y está en todo su derecho.


“Inevitable es la muerte”. ¿Cómo se relaciona con esa idea?
¿Nos vamos a poner así de profundos? [risas]. No sé, me estás tocando temas muy delicados. Yo prefiero obviarla, hacer como que no existe. Prefiero así, porque si no, me vas a arruinar el día [risas]. Esa es la tragedia de la vida. Me tocó de cerca muchísimas veces y, por eso, prefiero mirar más a la luz que a las sombras. Por eso, me gusta hacer música con la que la gente lo pase bien; porque no sabemos si nos vamos a morir mañana. Estos últimos momentos que nos quedan (que quizás duren treinta o cuarenta años, o una semana), quiero que intentemos pasarlo lo mejor que podamos [con tono serio]. Y se me ha puesto la voz así, grave [risas].