Dos combatientes cara a cara, encima de la lona y a golpes. Por su dramatismo, intensidad y paralelismos con la supervivencia, el boxeo es un deporte que desde sus inicios ha cautivado a cineastas y espectadores. La más reciente muestra es Creed II: La leyenda de Rocky, octavo largometraje de la saga de Rocky Balboa y estrenada en nuestros cines el pasado viernes 25 de enero.

En esta nueva entrega la pugna vuelve a ser doble. Por un lado el veterano Rocky Balboa (Sylvester Stallone) ejerciendo como entrenador y enfrentándose con otro peligroso rival, el soviético Ivan Drago (Dolph Lundgren), el que fue su contrincante en Rocky IV y también el hombre que acabó con la vida de Apollo Creed.

Por el otro, Adonis (Michael B. Jordan), el hijo de Apolo y el nuevo joven protagonista de la saga, contra el hijo de Ivan Drago, Viktor (Florian Munteanu), de aspecto y formas tan amenazadoras como las de su progenitor. Y detrás de las cámaras, Stallone ha confiado la dirección, al igual en que en la primera, a otro director afroamericano, Steven Caple Jr., aunque esta vez no ha habido nominación al Óscar, como mejor actor de reparto, para la estrella de la saga Rocky.

Puesto que estamos en temporada de los premios Óscar, destacar que solo dos han logrado la estatuilla a la mejor película a lo largo de las 91 ediciones de los premios. Fueron Rocky (1975) de John G. Avildsen y Million Dollar Baby (2003) de Clint Eastwood.

Million Dollar Baby

En cambio, cuatro intérpretes han sido galardonados por interpretar a boxeadores: Wallace Beery por El campeón (1931), Robert De Niro por Toro salvaje (1980), la actriz Hilary Swank por Million Dollar Baby y Christian Bale, como mejor secundario, por The Fighter (2010) y encarnando a un púgil retirado que entrena a su hermano (Mark Wahlberg).

A golpes en la vida y en el ring, son ficciones para dejarle a uno noqueado. Épicas y bajezas, gloria y fracaso, y un material además muy humano que funciona a la perfección como retrato de unos personajes. No son pocas las estrellas que aceptaron el reto de ponerse los guantes y calzones para lanzarse directos a la mandíbula. Denzel Washington fue Huracán Carter (1999), Daniel Day-Lewis protagonizó The Boxer mezclando el drama pugilístico con el terrorismo del IRA (1997), o Russell Crowe en otra potente historia en torno a un boxeador retirado, James L. Braddock, que decidía regresar a la lucha en Cinderella Man (2005).

Pasaron más desapercibidas de lo que merecían, pero notable era también Warrior (2011) protagonizada por un entonces desconocido Tom Hardy, o Redención (2017) con un Jake Gyllenhaal que ganó 18 kilos de músculo para su personaje. Y de nuevo una estrella, Will Smith con nada menos que unos 20 kilos de más para parecerse al legendario Muhammad Ali en la película de Michael Mann Ali estrenada en 2001.

Ali (2001)

Las mujeres han tenido su representación, desde el breve corto mudo The Gordon Sisters boxing de Thomas Alva Edison de 1901 pasando por las más recientes Girlfight (2000), la oscarizada Million Dollar Baby o la española A golpes (2005) con Natalia Verbeke y el deporte como superación de la marginalidad en la que vivían sus protagonistas.

En cuanto a producciones españolas podemos recordar las recientes Segundo asalto (2005) o Alacrán enamorado (2013), y un par de grandes clásicos en blanco y negro, El tigre de Chamberí (1957) y Young Sánchez (1963). Y, según el concepto que tengamos de película, también a Yo hice a Roque III, la parodia de la saga Rocky que protagonizaron Andrés Pajares y Fernando Esteso, dirigidos por Mariano Ozores, en 1980.

Ídolos de barro, clásicos robustos

Sin duda uno de los clásicos míticos es Toro salvaje de Martin Scorsese con un inolvidable Robert de Niro interpretando a Jake LaMotta. Más que el de un triunfador, fue el desgarrador retrato de un personaje autodestructivo y atormentado. Además del Óscar para De Niro se llevaría el de mejor montaje.

Toro salvaje

El mismo maestro Hitchcock se adentró en el género con El ring, un largometraje mudo de 1927, y los años 30 o 40 fueron proclives a desarrollar dramáticos relatos similares como Kid Galahad (1937) o El campeón (1931) por la que Wallace Beery obtuvo la estatuilla (ex aequo con Fredric March por El hombre y el monstruo). Una historia que desató ríos de lágrimas por su conmovedor final y también un digno remake en los 70.

Errol Flynn nos situó en el momento en el que el boxeo asentaba sus reglas para convertirse en un deporte de caballeros en Gentleman Jim (1942), John Garfield protagonizó uno de los clásicos mejor valorados en Cuerpo y alma (1947), con Óscar incluido al mejor montaje. Robert Ryan protagonizó otro título de culto en Nadie puede vencerme (1949) y Kirk Douglas El ídolo de barro (1949), también galardonada con el Óscar al mejor montaje, las dos de 1949.

Humphrey Bogart ofició como agente de prensa de un boxeador en la recordada Más dura será la caída, estrenada en 1956, el mismo año en que Paul Newman realizó una de sus primeras grandes interpretaciones encarnando a un joven Rocky Graziano en Marcado por el odio. La película logró dos Óscar, a la mejor dirección artística y a la mejor fotografía en blanco y negro.

Marcado por el odio

Mucho más relacionadas con la condición de perdedores que de triunfadores, el director John Huston estrenó en 1972 Fat City, ciudad dorada, y el actor Anthony Quinn un excelente clásico de 1962, Réquiem por un campeón.

Tomándoselo más a guasa, el cómico Harold Lloyd protagonizó en 1936 La vía láctea, las hilarantes vicisitudes de un humilde lechero convertido por casualidad en ídolo del cuadrilátero. Originó un remake, El asombro de Brooklyn, con Danny Kaye e igual de divertido, pero a todo color en 1946. Y Barbra Streisand y Ryan O'Neal fue otra pareja con gancho en Combate de fondo (1979).

(Imágenes texto, de arriba a abajo: 'Million Dollar Baby' ®Warner Bros/Malpaso Production, 'Ali' ®Sony, 'Toro salvaje' ®United Artists y 'Marcado por el odio' ®Warner Bros)