Christina Dalcher
La escritora y doctora en lingüística por la Universidad de Georgtown en Madrid. JORGE PARÍS

Imagine unos EE UU dentro de no mucho donde un movimiento fundamentalista cristiano, llamado Los Puros, se hace con el poder. Una de sus primeras medidas será silenciar a la mitad de la población: las mujeres portarán un brazalete que controlará que solo puedan decir cien palabras al día. Más allá de esa cifra, son castigadas con descargas eléctricas progresivas.

Podría recordar a El cuento de la criada, pero hablamos de Voz (traducción de Ana Herrera, Roca Editorial 2019) la primera novela de la doctora en Lingüística por Georgetown, Christina Dalcher que llega ahora a España precedida del éxito internacional.

Tras escribir esta novela, ¿ve más cerca ese EE UU imaginado que describe?
No tengo que imaginar nada, porque ya está aquí. Hay comunidades en EE UU, en el conocido como Cinturón de la Biblia, que son muy parecidas a lo que yo describo, que llevan a rajatabla que Dios es primero, después el hombre y luego la mujer. Lo que tenemos que pensar es si esas pequeñas comunidades alguna vez reunirán el poder suficiente para cambiar un país o el mundo entero. Espero que nunca ocurra, pero en el algunos países ya está pasando.

Los fundamentalistas cristianos de la obra, los Puros, y su manera de tratar a la mujer recuerda mucho a los talibanes...
Es una pregunta con trampa. Cuando hablamos de estos temas siempre se corre el riesgo de enfadar a alguien. Pero cuando hablamos de religión tendemos a pensar que hay muchas diferencias entre cristianismo, islamismo y judaísmo,  pero vienen de la misma fuente, aunque hayan evolucionado de distintas maneras. Así que no debería sorprender que haya parecidos entre los fundamentalismos cristianos, musulmanes o judíos. En EE UU está el cinturón de la Biblia que comentaba antes, que es un lugar muy fundamentalista. Está ahí y lo conozco, así que lo utilicé.

Parece que no quiere enfadar a nadie, pero en un momento de la historia, la protagonista dice que Al Jazeera se ríe de lo que pasa en EE UU...
Es ficción. Pero sí, tengo la sensación de que la gente piensa que estos problemas son siempre de otros, de otras personas que viven en otros países. Cuando escribí esa parte quería decir que antes de hablar de lo mal que les va a otros, deberíamos hablar de nosotros mismos.

Feminismo, extremismos, las conexiones con lo que pasa hoy en EE UU y  en otros países... Su novela resulta muy actual...
Sin duda hay elementos feministas en esta novela, pero me gusta pensar en él como algo más general. El tema es la mezcla entre iglesia y Estado y la asunción del poder y control por parte de un grupo extremista cualquiera. Lo he visto en España y en Italia, lo he vivido en Emiratos Árabes donde residí un tiempo,... es imposible vivir en este mundo y no convivir con eso. Quería escribir sobre eso. Obviamente las principales víctimas son las mujeres y es fácil deducir que quería escribir una novela feminista. Con el corazón en la mano te digo que yo quería hablar sobre lo que siento cuando veo demasiado control.

La voz es una metáfora potente. Es algo tan asimilado, tan natural, que solo se ve su enorme magnitud cuando se nos arrebata...
Totalmente. Cuando pensamos en la lingüística y la adquisición del lenguaje, sabemos que los niños tienen que adquirir su capacidad de lenguaje antes de una determinada edad porque se arriesgan a no tener un desarrollo normal. O lo usas, o lo pierdes. Lo sabemos, tenemos pruebas. La analogía con Jean y con su voz, social, como mujer, como ser humano, es clara: ella tenía que haber usado su voz en un momento crítico y no la usó. La voz funciona como elemento lingüístico, pero también como metáfora.

¿Es un tirón de orejas a los lectores y en concreto a los estadounidenses?
Es sentido común. El momento de cambiar las cosas y hacer que algo mejore es antes. Piensa en el dicho de "más vale prevenir que curar". Yo no quiero decir a la gente que salgan a la calle a pelear, pero al menos sí que participe y piense en cómo hacer un mundo mejor. La historia nos enseña que el mundo va cambiando y que es importante participar en esos cambios.

Es sentido común, pero también funciona para los fundamentalistas. Ellos piensan que cambian el mundo también para mejor...
Claro, no todos somos iguales, sino el mundo sería aburrido. Me encanta ese dicho español que dice que para gustos los colores. No podemos hacer que todo el mundo sea como nosotros. Hay gente capaz de suicidarse en un atentado terrorista, y hay que creer realmente en algo para hacer eso. Quizá el problema es que muchos de nosotros, en los países del primer mundo, no tenemos convicciones fuertes, sino tibias y eso impide pasar a la acción. ¿Cómo haces que una persona que dice que está bien y satisfecha para que se comporte con la misma fuerza que alguien férreamente convencido de sus creencias?

Volviendo al tema de la voz, ¿el no poder usarla provocaría algún tipo de efecto o pérdida a nivel cognitivo?
No sé suficiente para responderte con rotundidad. Pero hay cosas que nos hacen sospechar qué podría ocurrir con la falta de lenguaje. En primer lugar, en Voz las mujeres solo pueden decir 100 palabras al día, pero no se les quita completamente: escuchan, entienden, etc. Pero , ¿y si ese movimiento de Pureza se mantuviera dos generaciones más? La hija de la protagonista, que tiene seis años, no habla y no recibe suficiente lenguaje de su madre. Cuando se reducen esos inputs, ¿cuántas generaciones harán falta para que los niños pierdan capacidad lingüística? No solo a la hora de decir palabras, sino de procesar lenguaje. Con generaciones, sí que creo que llegaría a influir en la capacidad cerebral.

Para dominar la sociedad de ese modo, la educación resulta fundamental, tanto como para luchar contra la posverdad y las fake news...
Para lograr cambiar el mundo no acudes a los adultos, sino que vas a la parte más maleable de la sociedad, los niños. Ya lo hizo Hitler en el pasado. El adoctrinamiento funciona y es un arma peligrosa. La posverdad y las fake news es la propaganda de siempre. En la sociedad en la que vivimos, hay tanta información que debemos enseñar a nuestros hijos a procesar esa avalancha y que puedan extraer un sentido, diferenciar lo bueno y lo malo. La educación va a ser la única forma de defendernos.

El cuento de la criada, su novela... Estas distopías cercanas en EE UU coinciden con el mandato de Trump, ¿tiene algo que ver?
Sin duda. Ha habido mucha reacción por parte de las mujeres, el movimiento del #Metoo, ha sido una combinación de circunstancias. Cualquier libro que se escribe en un momento determinado tiene que ver con las preocupaciones de ese momento. Leemos libros por distintos motivos, sobre todo para entretenernos. Muchos libros tienen éxito porque parece que existía un deseo de ese libro.

¿Estas novelas, que aúnan entretenimiento con conciencia, son más útiles que otros, más densos y profundos?
Me gusta pensar que sí. Pero siempre hay un peligro: una novela no es un manifiesto ni un tratado. Es como cuando vez una película sobre, por ejemplo, el asesinato de JFK: no sales del cine diciendo que ya lo sabes todo. En cualquier caso, es una buena manera de escribir una novela: la que hace que genere debate sobre el gobierno, sobre el feminismo, sobre la educación y la lengua...

Nos hemos referido varias veces al #Metoo, ¿cómo valora este movimiento?
Cualquier movimiento que ama a la gente que ha sido víctima, que ayuda a quienes han sufrido traumas, como éste, tiene que ser bueno. Aunque, por otro lado, hay que tener cuidado: una cosa es decir que quiero conocer tu historia y otra pensar que solo por ser mujer tu historia tiene que ser 100% cierta. El #Metoo ha sido bueno y no ha hecho ningún daño, al contrario, pero si le damos tanta fuerza como para pensar que el 100% de lo dice es cierto, tenemos un peligro con eso.

BIO

Christina Dalcher es doctora en Lingüística por la universidad de Georgetown especializada en en el cambio de la fonética y los sonidos de los dialectos italianos y británicos. Ha impartido clases en universidades de EE UU, Inglaterra y Emiratos Árabes. Voz es su primera novela.