Beatriz Domínguez-Gil, directora de la ONT.
Beatriz Domínguez-Gil, directora de la ONT. EUROPA PRESS

España sigue sumando día a día donantes de órganos, lo que favorece el incremento del número de trasplantes que salvan vidas. Un año más, en 2018, el país consigue revalidar el liderazgo mundial en esta materia, un logro capitaneado por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) que dirige Beatriz Domínguez-Gil. La fórmula secreta para el éxito tiene varios ingredientes, entre los que destacan la coordinación de todos los implicados y la adaptación del sistema a donantes más longevos y fallecidos de muerte natural.

Un 37% de incremento en los últimos cinco años. ¿A qué achaca ese salto fundamental de la estadística?
En los últimos años se han llevado a cabo diferentes planes e iniciativas, partiendo una situación de excelencia, lo que ha permitido que siguiéramos aumentando tanto el número de donaciones como el de trasplantes, pero el avance ha sido fruto básicamente de tres novedades: una perfecta adaptación del sistema al cambio de perfil del potencial donante de órganos, que ya no es —afortunadamente— un joven fallecido en accidente de tráfico, sino que viene representado por el donante de edad avanzada que fallece por accidente cerebrovascular.

Si nuestro sistema hubiera permanecido inalterado, la tasa de donación habría disminuido, pero ahora se consideran y utilizan órganos de donantes de mayor edad. El año pasado se ha llegado a trasplantar un hígado de 91 años. Tenemos hígados que han cumplido cien años en los receptores de trasplantes.

La segunda estrategia determinante ha sido la colaboración de los servicios de urgencias hospitalarias, que han detectado potenciales donantes de órganos fuera de los cauces habituales. Y la terecera, la puesta en marcha de un plan de fomento de la donación en asistolia (donantes con parada cardiorespiratoria), probablemente lo que más ha contribuido.

Vayamos a lo humano... ¿Qué recuerdo le queda de 2018, qué intervención fue la más compleja?
Para nosotros ha habido varios hitos importantes. Quizás me viene a la cabeza la puesta en marcha de un plan de trasplante cardíaco infantil con donantes de grupos sanguíneos distintos. Hemos tenido cuatro a lo largo del año, lo que ha permitido aumentar las opciones de supervivencia de bebés de hasta un año y medio. Estos trasplantes de corazón son más difíciles, evidentemente, por la mortalidad tan reducida en esas edades. Al conseguir trasplantes de un grupo sanguíneo diferente aumentamos las posibilidades. Como el caso de Carla, la primera niña con trasplante de corazón de un donante con grupo sanguíneo distinto. Esa la imagen que me queda de 2018.

¿En qué especialidad hay más lista de espera en 2019?
La lista de espera nunca se va a eliminar. Tiene un comportamiento paradójico. Cuando aumenta la disponibilidad de órganos, se flexibilizan criterios a la hora de introducir pacientes en las listas de espera. Pero la foto fija al terminar 2017 y 2018, permite observar que se ha producido un descenso en la lista de espera de todos órganos, excepto en corazón e intestino.

Un dato importante es la reducción de la demanda de trasplante hepático, de un 19%, que tiene que ver con la importante actividad trasplantadora y con que ha disminuido las inclusiones en la lista de espera por el impacto de los antivirales de acción directa sobre el virus del hepatitis. Menos personas lo necesitan, porque ahora se tratan. Aunque, con el envejecimiento de la población, lo esperable es que necesitemos cada vez más trasplantes de órganos, salvo que se logren avances como el de la hepatitis.

¿Cómo valora el 14% de negativas familiares? ¿Se puede reducir?
Bueno, es que es un porcentaje que difícil de reducir. Registramos en 2017 un 12,9%. Ha aumentado un poquitín, pero una cifra menor o en torno a un 15% de negativas solo permite hablar positivamente del dato. Es difícil reducir más la negativas, pero las tasas por Comunidades Autónomas reflejan variaciones y tendremos que trabajar en determinadas acciones. Sabiendo que siempre habrá un porcentaje de la población que no participe. Muchos por enfado, como reacción a una pérdida dramática y súbita, otros por creencias de la indemnidad del cuerpo en los ritos de final de vida. Aun así, son más del 85% los que dicen sí a la donación en vida o a través familiares. Esa es la lectura correcta, y es un dato espectacular si tenemos en cuenta que en Reino Unido las negativas están en el 40%.

¿Cree que, lamentablemente, la donación de órganos tiene un tope en España?
Quiero creer que siempre hay espacio para la mejora, sobre todo en donación en asistolia, a través de la colaboración de todas las unidades hospitalarias. Pero evidentemente llegamos a un margen de mejora que es menor y es cada vez es más complicado superarse. Es complicado hasta mantenerse. Diría, incluso, que si logramos mantenernos sería una extraordinaria noticia. Lo que ocurre en España es que la mortalidad relevante para la donación va disminuyendo, al haber menos mortalidad en tráfico o en accidentes laborales. El sistema sanitario mejora y eso repercute en negativo en la donación. Pero siempre trabajamos por encontrar espacios de mejora.