María Teresa Campos
La periodista María Teresa Campos en el 18 cumpleaños de su nieta Alejandra Rubio. GTRES

María Teresa Campos estrena nueva vida. Lo hace cambiándose de mansión. Deja su residencia de Molino de la Hoz –que todavía no ha logrado vender– para irse a un nada modesto ático en Pozuelo de Alarcón.

Una casa por la que pagará 4.250 euros mensuales y que le servirá para estar más cerca de sus dos hijas. No estará sola ahora que Edmundo Arrocet tiene previsto quedarse en Chile varios meses para supervisar proyectos empresariales.

Su nueva asistentaque sustituye a la mediática María Silva– ya ha empezado a trabajar en la casa y aseguran que ha encajado perfectamente. Al parecer es aplicada, silenciosa y tremendamente trabajadora. Dicen que es más discreta que su antecesora y que ha firmado, sin problemas, el contrato de confidencialidad con el que María Teresa pretende protegerse de futuras deslealtades o traiciones.

Hace bien, sobre todo al saber que su exempleada negoció con varias publicaciones para contar, previo pago, los pormenores de su cacareado despido. Nadie quiso remunerar unas declaraciones que hubieran sido constitutivas de un delito contra el honor y revelación de secretos. Y eso que prometía desvelar, además, aspectos desconocidos de las hijas de la comunicadora, Terelu y Carmen, así como otros asuntos verdaderamente íntimos.