Julio Iglesias
Julio Iglesias. EUROPA PRESS

Julio Iglesias vive al margen de todas las polémicas que le acechan. En Punta Cana, desde donde escribo estas líneas, lleva una vida ordenada, casi ermitaña, haciendo deporte y visitando a pocos amigos. A pesar de las especulaciones, Julio no venderá sus casas. Ni Miami, Marbella o República Dominicana, donde sigue desplazándose con helicóptero en busca de la playa perfecta. El cantante hace poca vida social por lo que es prácticamente imposible verle fuera de la fortaleza en la que se ha convertido su residencia.

Su entorno le protege con una lealtad francamente admirable. Le hacen permanecer en una burbuja sin entender que el jabón puede acabar cortándole la respiración. Evitan, por ejemplo, que sea consciente de la polvareda suscitada por su presunta paternidad de Javier Santos. Un tema tabú al que rara vez hace referencia.

Me cuentan que Julio ha prohibido categóricamente que su entorno más directo le pregunte acerca de su posible paternidad. Ni siquiera su mujer, Miranda, ha podido hablarle libremente sobre una batalla judicial que ha mermado su imagen pública: "Eso son cosas que le atañen directamente a él y a sus abogados", me dijo la modelo en una conversación reciente. Pero no solo ella tiene dificultades para abordar este asunto. Sus amigos, sus hijos e incluso sus asistentes tienen la indicación expresa de evitar cualquier mención.

Precisamente ha sido Julio José, uno de los hijos mayores del cantante, el que ha comparecido ante la prensa en una fiesta en Madrid. Aunque se mostró escéptico y lanzó balones fuera, su versión nada tiene que ver lo que expone en privado. Es en 'petit comité' donde se confiesa más comprensivo con la situación y, sobre todo, con su supuesto hermano. Tanto es así que hace unas semanas reconoció que, en caso de ser llamado al orden en los juzgados, él no tendría más remedio que aceptar el mandato y someterse a las pruebas biológicas. Habrá que esperar a que el juez admita las peticiones del abogado Fernando Osuna -que acaba de ganar la paternidad extra matrimonial del marido de la Duquesa Roja- y se le convoque para la extracción de ADN.

Alfred tiene una nueva ilusión tras romper con Amaia

Renglón aparte merece la ruptura de Alfred y Amaia. Las imágenes del adiós definitivo han dado la vuelta al ruedo. Son las fotografías (también hay vídeo) que confirman un desamor cosido con hilo de hartazgo. Ella, me cuentan, estaba saturada de tanto vaivén. De una relación que no avanzaba, de sentirse en tierra de nadie. Él, sobrepasado por una fama repentina y una personalidad vulnerable, parecía despistado o poco cortés.

Ahora, tras la presentación de su primer trabajo discográfico, Alfred intenta demostrar ante la prensa una fortaleza que es ruinosa en la intimidad. Llora apesadumbrado, casi desesperado, ante una ruptura que, insisten, podría haber evitado. Su aparente dejadez resultaba hilarante para Amaia. De nada sirvió su compromiso de colmarle con más atenciones y menos inestabilidad. Y aunque sus corazones supuran, uno y otra parecen dispuestos a rehacer (sic) sus vidas (sentimentales). Alfred coquetea con una joven -de curvas peligrosas, carácter afable y nombre repleto de vocales-, con la que inició contacto a través de las redes sociales. El tiempo dirá si la chica de los ojos azules y cabellera castaña es la sustituta perfecta. Amaia, por su parte, deshoja la margarita en brazos de la parte masculina de una banda con la que ha realizado una reciente colaboración musical. Qué bonito es el amor y qué facilidad para encontrarlo.