César Bona
El maestro y escritor César Bona. HAIKU COMUNICACIÓN

César Bona (Ainzón, 1972) es sin duda uno de los rostros de la docencia más conocidos de España. Lo es por su labor docente, reconocida en los prestigiosos Global Teacher Prize hace tres años, y también por su presencia en eventos relacionados con la educación y por sus libros, tanto cuentos como El asombroso mundo de Bernardo, como ensayos que invitan a reflexionar sobre nuestra relación con los niños y cómo los educamos como La nueva educación o Las escuelas que cambian el mundo, dos títulos que ya han vendido cerca de 100.000 ejemplares.

De discurso reflexivo y empático, insiste en que los maestros deberían siempre "tener buen corazón" y recordar en todo momento que "trabajan para los niños". Hablamos con él tras la publicación de su último libro: La emoción de aprender (Plaza & Janés, 2018), que presenta a lo largo de diecinueve capítulos casos de niños y adultos que fracasaron en su día en la escuela y que alcanzaron el éxito en la vida.

¿No le pesa ser presentado como el mejor profesor de España?
Yo siempre digo que eso es una invención de la prensa. Es un título que no me gusta nada y que no es cierto. Tengo la suerte de viajar un montón y en cada sitio descubro gente maravillosa que hace un trabajo anónimo impresionante de la que se puede aprender.

¿Cómo se describiría entonces?
Como maestro. Para mí la palabra maestro tiene un matiz muy especial; es esa persona que inspira para la vida. Escuchándola echas la vista atrás y recuerdas a aquellas personas que estuvieron contigo cuando eras niño.

Por desgracia recordamos de esa manera a muy pocos.
Sí, es cierto. Pero siempre hay uno o dos que eran especiales por un motivo o por otro.

Este último libro ha nacido de sus viajes. ¿Cuánto tiempo lleva viajando?
Unos tres años.

¿Echa de menos estar en una clase?
Claro que lo echo de menos. Mi esencia sale precisamente cuando estoy con niños.  Pero también me siento tremendamente afortunado, porque es cuando sales cuando descubres todas las cosas que se están haciendo. Ojalá tuviéramos todos la oportunidad de salir una semana al año, de intercambiar experiencias.

¿Qué objetivo tiene La buena educación?
Se resume en la dedicatoria. Me costó muchísimo poner esas tres frases. Quería definir precisamente el objetivo. "Este libro está dedicado a todas las personas que se han sentido incomprendidas. A aquellas  que han superado prejuicios de otros y han salido adelante o a aquellas que han superado prejuicios propios y han abrazado nuevas ideas". Y hay que preguntarse qué es más difícil, sentirse incomprendido, superar prejuicios de otros o prejuicios propios y abrir la mente.

Su libro empieza con una anécdota sobre un niño con síndrome de Down y hay en él hay mucha inclusión.
Cuando sales a la calle cada una de las personas con la que te encuentras es diferente.  Eso es lo que hay en la sociedad, personas diferentes, y uno de los fines de la educación es hacernos entender que  la diferencia es un valor y no un inconveniente. Si consiguiéramos simplemente eso, habríamos dado muchísimos pasos adelante. Nos ahorraríamos temas como el acoso escolar, como el acoso en general, o como muchas injusticias que estamos viendo en el mundo.

¿Qué opinión le merece la Educación Especial, sobre la que tanto se está debatiendo últimamente?
La Educación Especial hace  años fue un paso fundamental para dar a los niños y niñas la oportunidad que no habrían tenido, injustamente además. Ahora  hemos de luchar por la inclusión, por difícil que parezca, precisamente para que ya no solo las personas con distintas capacidades se sientan incluidas, sino también para que el resto entiendan que somos diferentes, pero también iguales y con los mismos derechos. Es complejo y hay que invertir. Y no solo en lo material, también en el factor humano.

Crítica en el libro que nadie le enseñó a tratar a los diferentes. ¿Es uno de los grandes retos de la formación del profesorado?
He hablado con muchas personas que han acabado ahora Magisterio -  yo lo voy a llamar siempre Magisterio - y si estudian por ejemplo Pedagogía Terapeútica (PT), son más o menos cuatro meses los que estudian específicamente entender mejor las diferencias. ¡Cuatro meses!.  Solo eso respecto al resto de docentes que estudian para Inglés, para Primaria o para Música. Pero es que los demás ni siquiera estudian esos cuatro meses. También, cuando viajas, te das cuenta de que hay miles y miles de docentes que están deseando formarse. Eso tiene que quedar claro. Obviamente no todos, pero sí muchísimos. Y ese interés revierte en la educación de nuestros hijos. 

¿Qué otros retos tendrían los maestros?
Pues pensar que la escuela no ha de educar solo para la escuela, porque si no dejaría de tener contacto con la sociedad.  Es importante también que seamos conscientes de que existe un compromiso social y con la naturaleza que vamos a tener que enseñar a los niños y a las niñas, y va a ser difícil educar en ese compromiso si uno no lo ha vivido antes. El tener que nadar muchas veces contracorriente. Con frecuencia, aunque uno considere la importancia de educar en la convivencia, luego llega al aula y no hay ni tiempo ni espacio para ello. Conocerse unos a otros, que los chicos aporten cosas que tienen dentro, es muy difícil si tienes de 9 a 10 matemáticas, de 10 a 11 inglés... Necesitamos gente valiente que cambie todo eso. Y me refiero a la Administración Pública, porque docentes valientes hay muchos, pero nos tienen que facilitar las cosas.

Las familias también estamos muy presentes. ¿Estamos preparados para hacer equipo con esos docentes valientes?
Muchas veces queremos cambios  y luego no sabemos si los aceptaremos o no. Admiramos esos cambios cuando vienen de fuera. Cuantos más kilómetros se dan entre esos cambios y nosotros, más los admiramos. Un ejemplo típico es Finlandia. Si allí tiran las paredes de las aulas desde aquí dirían: " ¡Guau, qué valientes! Seguro que funciona". Si tú propones tirar aquí las paredes del aula te dirán: "¡Pero dónde vas!". Y también hay muchas familias que apuestan por esto y encuentran muchas reticencias. El trabajo en equipo es fundamental. El diálogo, entender que no podemos seguir educando como nosotros fuimos educados. Necesitamos mentes abiertas. Tenemos que entender que todo evoluciona, la medicina, la tecnología, las comunicaciones y la educación ha de estar en vanguardia  porque necesitamos preparar chicos y chicas para un mundo que está en continuo cambio. Ahora más que nunca.

Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor. 
La añoranza la entendemos como algo positivo. Pero aunque a mí no me fue tan mal, a miles de niños y niñas no les fue tan bien. Y efectivamente hay muchas cosas positivas. Siempre hago referencia a esta lucha absurda entre escuela tradicional y la innovación. De lo que yo hablo, no tiene nada que ver con la innovación, tiene que ver con estimular, con cuidar las relaciones humanas. Y eso se hacía en muchos casos hace muchos años. Y en otros no. Lo de la letra con sangre que se decía no engloba a todos los docentes que había antes y son de esos de los que nos acordamos.

Le confieso que cuando leía su libro, olvidaba que era un maestro quién me hablaba.
Es que no tenía solo mirada de maestro. Se conjugaban las miradas. Por una parte era un maestro con los adultos que hacían un viaje en el tiempo a su infancia y hablamos de gente que se veía entonces como carne de fracaso, gente con TDAH, dislexia... En la historia de la Cañada Real se mezcla el maestro y el viajero con alguien que se preocupa por la infancia. Tú nombras Cañada Real y todo el mundo enseguida te dice "el mercado de la droga", tenemos que cambiar la definición para que la gente se dé cuenta de que hay muchísimo más que eso; que de 8.000 personas que hay, cerca de 3.000 son niños y niñas de hasta 16 años. No es el mercado de la droga, es el lugar en el que hay 3.000 niños esperando nuestra ayuda o al menos un cambio de visión.

¿Lo escribió pensado en las familias, en educadores?
Para las familias, para que entendamos un poco mejor a nuestros hijos. Para los maestros, para que entendamos un poco mejor a nuestros alumnos. En general para que entendamos un poco mejor a la gente con la que nos cruzamos por la calle y la tratemos con todo el respeto que se merecen.

De las casi veinte historias que alberga, ¿tiene alguna favorita?
Cada una de ellas te aporta algo totalmente distinto. No me podría quedar con una. Está Odio heredado, que tiene que ver con que muchas veces vemos que sucede algo en un aula, vemos a un niño que golpea a otro e inmediatamente vemos a una víctima y un agresor cuando lo más probable, siendo niños, es que los dos sean víctimas. Está El abrazo de Violeta, que fue tan especial conocerla en la feria de Madrid y me hizo llorar. O Soy feminista, que es tremendamente importante para entender que todos tenemos los mismos derechos y todos tenemos que dar un paso adelante, sobre todo los hombres.

No hace mucho han sido polémicas las declaraciones de la ministra Isabel Celaá hablando de la posibilidad de que los alumnos aprueben Bachillerato con un suspenso. ¿Qué opinión le merece?
Es un tema tremendamente complejo y es imposible de resumir en una frase o en un párrafo. Esto me lleva directamente de nuevo a lo que sentí tras visitar la Cañada Real. Estaba en el hotel después de haber visto niños y niñas que están en un contexto tremendamente complicado y que van al aula y tienen que repetir porque no superan la vara de medir que les ponemos y a lo mejor ahí se quedan estancados; niños que si habían logrado un anclaje con algún niño, pues adiós que aquí me quedo. Especialmente después de aquella visita a la Cañada yo me dije con qué criterio como maestro puedo  decirle yo a uno de los niños o de las niñas que he visto que no pueden seguir adelante, cuando necesitan unas herramientas que se supone que todos  tienen que venir con ellas de base y les faltan.  Sobre todo herramientas sociales.  ¿Como es posible que haya un fracaso escolar tan grande? El fin de la educación debería ser precisamente darnos herramientas. No podemos tender a finalizar todo como en un embudo con una nota que te permita hacer una carrera o no, debería ser el lugar perfecto para ayudar a las familias a educar a sus hijos y a sus hijas.

El Gobierno de Aragón contó con su opinión hace dos años. ¿El Gobierno se la ha pedido de cara a las reformas que están preparando?
Habrá gente muy preparada que estará dando su opinión y que seguramente será válida, pero espero y deseo que se cuente con la opinión de docentes, de las familias y de los grandes ausentes siendo los grandes protagonistas que son los niños y los adolescentes. Hablo desde el verbo escuchar, que  siempre lo llevo conmigo. Qué menos que conocer a esas personas a las cuales pretendes educar y para eso hay que escucharlos mucho más de lo que lo hacemos.

¿Qué propondría que tuvieran en cuenta?
Nos hace falta estimular algo que nos viene de serie, que es nuestra relación con los demás. Probablemente otros te digan otras cosas, como que el bilingüismo es fundamental. Pues muy bien. Pero para mí, antes que saber expresarme en tres idiomas -y te lo dice alguien que ha estudiado Filología- es preferible que nos sepamos relacionar bien y con respeto con otras personas. Deberíamos pensar mucho más en los niños y en las niñas y en que la infancia vuela.

¿Y alguna propuesta más concreta?
Pues entre una clase de 25 y una clase de 10, sería mejor obviamente lo segundo y para eso hay que invertir en factor humano, en que en lugar de un docente haya dos. Que el currículum, en lugar de ampliarlo, lo recorten muchísimo y nos dejen espacio para que podamos conocer a los chicos. Vuelvo a lo mismo de siempre. Ahora mismo si dijeran al día tenemos seis horas con los chavales y tres se van a dedicar a que los chicos se conozcan, pues yo voto que sí. Y llegarán otros diciendo, "sí, vamos a perder el tiempo con esto y no van a adquirir los conocimientos necesarios",  porque cada uno tiene su prioridad. Filosofía desde Infantil ya, pero no como el estudio de la historia de la Filosofía, sino como enseñar a pensar. Con la Educación Física debería haber mucho más movimiento del que hay. O con el arte, que para muchos no es suficientemente importante y que es algo que nos sublima como personas. Y muchos dirán "eso es inútil , eso no sirve". No podemos tener la misma opinión todos. Da tu opinión, pero sin faltar al respeto.

Con la Educación hay muchos temas en los que los ánimos se caldean demasiado.
Deberes sí o no. Tendemos a dicotimizar todo. Pues a lo mejor a veces se necesitan deberes para ciertas cosas, pero unos deberes interesantes, que  pueden ser ir con tus padres a una librería o que hagas una tarta de chocolate y no estar rellenando una hoja. Eso estaría facilitando la relación hijos y familia. Yo creo que la escuela debe colaborar también en eso.