Florence + The Machine
Florence + The Machine durante su concierto en el Bilbao BBK Live 2018.  EFE / MIGUEL TOÑA

Todavía era de día cuando Cigarettes After Sex subieron al escenario Heineken del Bilbao BBK Live. Esa hora, la favorita de todos los fotógrafos, quedaba como anillo al dedo al sonido de la banda de Texas.No provocaron ningún tipo de exceso en el escenario; conservaron una calma, creada por la mezcla de rock ambiental y puesta en escena monocromática, que dio paso -con temas como Affection o Apocalypse- a la caída del sol como la mejor de las bandas sonoras.

A medida que las luces se encendían, el ambiente comenzó a cambiar de tono. Tras una corta espera, todas las cabezas se giraron hacia el escenario Bilbao, y no era para menos: Childish Gambino conquistó a todos sus fans, pero también a los centenares de curiosos que querían descubrir por sí mismos quién es ese Donald Glover del que tanto se habla.

Y se habló. El californiano conectó con el público desde un primer momento, a pesar de que muchos esperaban a su tema estrella, el reciente This is America. Antes vinieron otros como Sweatpants -llevada a un tono rock que se aleja de su versión de estudio-, Sober, The worst guys o California, uno de sus éxitos más bailables. Animó a montar la fiesta con Summertime Magic, estrenada hace un par de días, y con sus movimientos incansables en el escenario. Su cóctel, que mezcla rap, trap, soul, funky y r&b con una voz digna de admirar, es uno de los más cotizados del panorama actual, más todavía -si cabe- tras un directo como el del jueves.

Childish es a la energía lo que Alt-J a la técnica. El trío británico se presentó con una puesta en escena similar a la que exhibió el año pasado durante la presentación de Relaxer, su último elepé. Su apuesta fuerte, las luces -coordinadas a la perfección con cada acorde-, funcionaron para acercar al público a sus temas más experimentales; tanto, que las bocas abiertas al contemplar ese espectáculo, como si de fuegos artificiales se tratara, solo se movieron para corear éxitos como Fitzpleasure, Something Good o Taro, que aportaron el punto rockero a un concierto redondo.

Magia y baile 

Durante el directo de Alt-J, el escenario Bilbao se llenaba poco a poco. Eran las primeras filas que esperaban ver de cerca a Florence + The Machine, la única oportunidad en España de admirar a Welch y su banda en estado puro dentro de la presentación de High as Hope, su último trabajo. Con ellos, apareció la magia. La londinense fue líder de un movimiento onírico que se mantiene en el disco, pero que se han labrado durante años; en directo, llega al culmen. Entonó nuevos temas -dedicatoria previa a Hunger incluida-, pero también recordó éxitos como Dog Days are Over y Shake it Out, con el que puso broche final a más de una hora de música en la que confirmó que tiene una de las mejores voces de la escena musical contemporánea.

Tras el desfile de talento, quedaba espacio para la fiesta. Vino patrocinada por Bomba Estéreo, que saben como nadie qué tecla tocar para animar al público, español o extranjero, que se encuentre en el mismo espacio que ellos. Kobetamendi dejó a un lado el pudor con temas como Fuego o Soy yo, en un desfile de bailoteo que se extendió hasta las tres de la mañana.