Pedro Sánchez
Pedro Sánchez CARLOS RIVA HERRERA

Este viernes se cumplen 20 meses del Comité Federal que obligó a Pedro Sánchez (Madrid, 1972) a dimitir de la Secretaría General del PSOE. Tras los sinsabores de las generales de 2015 y 2016 y una guerra interna como no se recordaba en su partido, Sánchez fue desahuciado de Ferraz, y 28 días más tarde renunció al escaño para no abstenerse en la investidura de Rajoy.

Entonces tocó fondo, se alejó de la vida pública e inició una larga travesía por el desierto. Sus fieles, que defendieron hasta el final el no es no al PP, temieron durante semanas que no se presentara a las primarias del PSOE, como le pedían.

Competir en ese proceso interno marcó el inicio de la remontada que ha culminado este viernes. Arropado por sus incondicionales, despertó la ilusión de la militancia y derrotó al establishment socialista, que daba por hecho el desembarco de Susana Díaz en Madrid. Pero no: Sánchez le ganó por 10 puntos.

Aunque comenzó su segunda vida con las pilas recargadas, pronto surgieron dificultades: tras una campaña interna basada en defender la izquierda y la plurinacionalidad, se alineó con el Gobierno para activar el artículo 155, lo territorial se impuso a lo social, la mejora inicial en los sondeos se fue disolviendo, y en sectores del PSOE rebrotó la desconfianza.

Año y medio después, Sánchez regresó ayer al Congreso. Entró sin tener atados los votos para su moción contra Rajoy, y salió con ellos en el bolsillo tras convencer a independentistas y nacionalistas, esos con los que el Comité Federal del PSOE le impidió dialogar en 2015.

En Sánchez y el PSOE hay un cambio evidente. Él ha ganado aplomo y control, y en el partido ya no hay una oposición interna organizada. Aunque varios barones preferían que la moción no prosperase gracias ERC y PDeCAT, un Sánchez presidente será más fuerte.

Claro que no lo tendrá fácil: llega a la Moncloa sin escaño, con solo 84 diputados, una aritmética endiablada, la crisis catalana por resolver y un programa por concretar. Algunos en el PSOE creen que estos obstáculos pueden quemarlo, pero muchos más creen que es una ocasión de oro para demostrar que los socialistas pueden gobernar y convencer.

Así, y tras fallar en 2015 y 2016, Sánchez es presidente por la vía rápida. Sus rivales dicen que le mueve el interés personal. Sus afines, en cambio, elogian sus principios y su persistencia. Lo cierto es que tiene más determinación y estrategia que lo que muchos esperaban. Y que cuando lo desdeñaban, siguió creyendo en sí mismo.