Màxim Huerta
El periodista y escritor Màxim Huerta. ESPASA

El periodista Màxim Huerta, que abandonó la televisión tras más de 20 años en ella para dedicarse a la literatura, publica nueva novela: Firmamento (Espasa).

Más sereno que nunca, lo dice él y además lo parece, no cambiaría ni un centímetro de los recorridos por llegar hasta hoy y esta obra en la que cuenta que ha arriesgado más que en las anteriores. "Quería hacer un ejercicio de desnudo total: solo dos personajes frente a frente".

¿Cuánto le ha costado quitarse el apellido "el de la tele"?
Eso pertenece a los demás, no a mí. Es verdad que al principio siempre decían lo de: "ah, ya, el de la tele".

¿Un lastre?
Sobre todo si eres periodista. Y el periodista se dedica a contar historias, sea en prensa escrita, radio o televisión. Y cuando se nos pone en duda es cuando venimos de la televisión, jamás cuando el que publica es de prensa escrita o radio. Incluso se usa como elogio para el periodista que escribe que publique una novela. Pero si el periodista, y he pasado por todos los medios, viene de la tele, como yo, entonces se utiliza como un prejuicio y hace que te cuestionen.

¿Se soñó escritor?
Siempre. Tengo 47 años y me recuerdo imaginándome escritor. Siempre decía que quería escribir y de hecho tengo mi casa llena de premios del colegio de redacciones y cuentos. Luego con el tiempo te olvidas de lo que querías ser, porque la vida te va llevando por programas, por actitudes y por modas también. Pero si echo la vista atrás veo a un crío de pueblo escribiendo e ilustrándose sus propios cuentos. Pero me he dado cuenta ahora. Tarde.

¿Tarde?
Bueno... Pero sí que aplaudo a quienes tuvieron mucho éxito publicando pronto la primera novela. Yo no tuve ninguno.

¿Cómo lo recuerda?
Como una experiencia traumática, porque yo no estaba contento tampoco con lo que había escrito. No me gustaba ni la cubierta. Había sido un encargo... Y afectó de manera negativa a mi trabajo.

A pesar de ello, siguió...
Yo siempre he sido una persona muy constante. Si soy algo, es constante.  Estoy todo el día construyendo en la cabeza. Esta la estaba escribiendo y paré para escribir otra El rincón del iceberg, y luego esta. Quería que fuera sutil, ligera y luminosa. Y para eso hay que perder tanto ego borrando...

¿Lo que más le ha costado de esta?
Centrarla en dos personajes solo. Quería que fuera una pelea entre dos, como cuando dos personas se miran y desaparece todo aunque estén en medio de una verbena. Fue difícil, pero también muy excitante escribirlo. Es la novela con la que más he disfrutado. Es como si me la hubieran dictado. Empezar una novela podemos hacerlo todos pero acabarla no. Y hacer una incluso, podemos todos, pero más...

Ha dicho "hacer"; ¿escribir es otra cosa?
Sí, he dicho hacer. Escribir una segunda y tercera es más complicado.

¿Qué recibe de la gente?
Algo que no me gusta: "me la he leído del tirón". Pero es un piropo. Yo quería que fueran olas, una de él y otra de ella, los dos personajes, y eso ha llegado a los lectores. Es una novela que te bañas en ella, que te dan ganas de nadar.

¿Hasta dónde le ha tocado?
Surge de una herida personal que intentas tapar con palabras. Es como cualquier poema, que surge de algo que te escuece. Es una cama vacía en un hotel. ¿Por qué siempre nos ponemos en un lado de la cama cuando nos quedamos solos y no conquistamos Madrid, la capital de la cama? ¿Por qué mantenemos ese duelo, ese vacío? Eso me pasó en un hotel y me dije: ¿y si esto el pasa a un personaje de novela? Ahí empieza. Le pasa a mucha gente, que sigue durmiendo en el mismo lado de la cama.

¿Sigue usted durmiendo en el mismo lado de la cama?
Qué obsesión por mantener esa Siberia sola. Hasta cuando cambias de pareja. Con lo bueno que es cambiar de todo.

¿Cómo ha logrado salir indemne?
Escribiendo sin hacerme daño, porque de la anterior salí escaldado, lleno de heridas. Salí como si hubiera ido a una batalla. Era literatura de autoficción. Esta quería que fuera agua salada para curar heridas.

¿Se puede leer?
No me leo. Imposible.

¿Se cuestiona?
No, yo ya no me cuestiono. No sé los demás, yo ya no. Y es difícil.

¿A qué dice que no?
Pues a programas de tele a los que antes habría ido sin dudarlo. Ni me encajan ni me apetecen. No me veo en ese baile y por eso digo que no a tertulias, programas... Y en casa me dicen: estás mejor.

¿Lo está?
Sí, estoy mucho mejor, estoy reconciliado conmigo. No es que antes me gustaran los actos sociales, pero me sentía obligado a ir. Ya no me obligo. Voy a lo que quiero. Estoy decidiendo yo. No tengo presión ni para la siguiente novela.