Porteadoras
Una porteadora carga unos neumáticos a la salida del polígono en Ceuta.  JORGE PARÍS

Comerciantes de los polígonos ceutíes del Tarajal, a los que los porteadores pasan desde Marruecos para cargar mercancía, establecieron hace dos semanas la obligación de llevar los fardos en carritos. Con ello pretenden evitar que estos marroquíes transporten a la espalda bultos que llegan a los 80 kilos. La medida es vista como un avance, pero no resuelve los problemas de estas personas.

"Se ha vendido como la panacea y es falso porque no dignifica la labor de estas mujeres. Es una mejora puntual pero se siguen obviando sus derechos laborales", valora Cristina Fuentes, miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), que habla principalmente de mujeres porque el 75% de quienes se dedican a esta tarea los son.

Esta investigadora de la Universidad de Granada, que hizo su tesis doctoral sobre las porteadoras, añade que se trata de una iniciativa privada, sobre la que no existe reglamentación, y que por tanto, "en el momento en el que a los empresarios no les convenga, se volverá a la situación inicial".

La ONG critica igualmente que esta decisión se haya tomado de forma unilateral, sin tener en cuenta a quienes teóricamente intenta beneficiar, y reclama la creación de comisiones de trabajadoras que actúen de portavoces, como interlocutoras autorizadas, cuando se traten cuestiones que afectan a su actividad. "Los comerciantes las conocen desde hace muchos años. No es complicado. Es solo cuestión de  voluntad", señala Fuentes.

Esta activista sentencia que este sistema ha sido adoptado por una "cuestión económica", por un lado, para lavar la imagen de Ceuta y de los polígonos, dañada por la mayor visibilidad que ha adquirido este drama, y por otro, para aumentar los ingresos: "En los carritos están llevando dos fardos por el precio de uno. Están sacando más mercancía por el mismo coste que antes. Es un chollo para ellos que a su vez empobrece todavía más a estas mujeres".

El precio del paquete oscila entre los 15 y 60 euros, con picos al alza y a la baja, en función de múltiples factores: el tipo de producto, la cantidad de mercancía disponible o la proximidad de días festivos. Transportan textil, calzado, comida, rollos de celofán, neumáticos, detergente, garrafas de agua vacías, papel higiénico y hasta lavadoras o parabólicas. 

La utilización de un carrito, incluso de maletas, era una posibilidad con la que ya contaban los porteadores. Los comerciantes han hecho obligatorio un método que pocos empleaban. Además de tener que desembolsar por él lo que ganan en un día, temen que el peligro para sus vidas aumente en caso de avalanchas.

Aún es pronto para saber si esta iniciativa logrará ser plenamente implementada o si ocurrirá como con la limitación del tamaño de los fardos a 60x40 centímetros. Para controlarlo se instalaron unos medidores, pero ante las quejas de los comerciantes por las restricciones de carga no siempre se cumple. "Todo funciona con arbitrariedad, con medidas improvisadas, aleatorias y por estímulos puntuales", clama Cristina Fuente, quien lamenta que mientras, la vulneración de los derechos humanos de estas personas continúa.