Wim Wenders
El director Wim Wenders con Alicia Vikander, la protagonista de 'Inmersión', en el pasado Festival de Cine de San Sebastián GTRESONLINE

Wim Wenders sigue siendo uno de los cineastas de referencia del panorama del cine de autor. A sus 72 años mantiene el nivel de trabajo estrenando cada año nuevas obras, sean largometrajes de ficción, documentales o cortos. La más reciente es Inmersión (Submergence), protagonizada por Alicia Vikander y James McAvoy interpretando a dos personajes con profesiones de riesgo y rememorando su encuentro amoroso en un bucólico hotel de Normandía. Se estrena en nuestras pantallas este viernes 6 de abril.

Basada en la novela de J.M. Ledgard, la protagonista de Tomb Raider o Ex Machina es una biomatemática, una estudiosa del mar que afronta el desafío de desentrañar los secretos de la vida en las profundidades de Groenlandia. Su compañero en esa idílica relación que mantuvieron en la costa francesa ejerce un cometido muy distinto, es un espía destinado a una peligrosa misión contra los yihadistas en África.

Los sentimientos y los vínculos del corazón, así como los personajes solitarios, o buscándose a sí mismos, son una de las constantes de Wenders, cineasta alemán pero apasionado del cine y la cultura norteamericana.

Su segunda y tercera película, a inicios de los setenta, El miedo del portero ante el penalty (1972) y una adaptación de La letra escarlata (1973) le dieron cierta fama internacional. Pero fueron tres títulos siguientes, Alicia en las ciudades (1974), En el curso del tiempo (1975) y El amigo americano (1977), las dos primeras rodadas en blanco y negro y recurriendo al formato de road movies para ilustrar historias de personajes desorientados, buscándose a sí mismos.

La tercera, en color, era una personal incursión en el universo literario de Patricia Highsmith a través del personaje de Tom Ripley (encarnado por Dennis Hopper). Pero los dos títulos que le harían más famoso llegarían en los 80, con París, Texas (1984) y El cielo sobre Berlín (1987). Con ellos dejó de ser un director minoritario y se consolidó en ese pedestal del cine de autor e independiente.

Al contrario que otros directores compatriotas suyos, como Wolfgang Petersen (director de El submarino, La historia interminable o Troya) y Roland Emmerich (el conocido realizador de títulos como Soldado universal, Stargate o Independence Day) nunca aceptaría pasarse a las superproducciones ni a un cine más comercial.

Hace tres años, en una entrevista a un periódico regional alemán (el Neue Osnabrucker Zeitung) se mantenía firme en sus postulados: "El cine se ha convertido más que nunca en un artículo de consumo y como tal lo que más le interesa es alejar a la gente de preguntas existenciales". Para Wenders, el cine actual solo busca ingresos rápidos, un montaje veloz y efectos especiales. "Se trata más bien de una técnica de asedio que narrativa".

Viajes, música y Polaroid

También es un apasionado de los viajes, la música y las fotografías captadas en cámaras Polaroid. Una exposición, Instant Stories, llegó a recoger 12.000 instantáneas tomadas con su Polaroid desde 1973 a 1983. De su obsesión por los viajes han dejado constancia la estructura de "películas de carretera" de muchas de sus películas.

Su fascinación por la música le ha hecho rodar varios documentales y cortos en vídeo, sobre todo con el grupo U2. En 2003 participó con The Soul of a Man en la serie de producciones para televisión de Scorsese dedicada a conmemorar el blues, y con Buena Vista Social Club (1999) dirigió su mirada a los músicos cubanos. De entre sus trabajos más recientes destaca precisamente el documental Pina, rodado en 3D, en torno a la coreógrafa Pina Bausch.

Ha sido premiado en los festivales internacionales de cine más importantes, Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián, y tres veces nominado en los Óscar, siempre por documentales (Pina, La sal de la tierra y Buena Vista Social Club). Sin embargo, sus últimas películas, como El hotel del millón de dólares (2000), Llamando a las puertas del cielo (2005) o Los hermosos días de Aranjuez (2015) ya no han contado con la recepción crítica o la influencia de sus mejores obras de los 70 y 80.

En 2008, con motivo del estreno de Palermo Shooting, su entrevistador en aquella ocasión, de la revista alemana Gala, le preguntó por la muerte y cómo le gustaría ser recordado. Su respuesta fue rotunda: "Me importa un bledo lo que digan después de mí. Lo que me importa es que haya gente que comente: esta película me ha aportado algo, ha cambiado mi vida. Eso sería para mí un legado satisfactorio".

Cuatro películas imprescindibles de Wenders

Alicia en las ciudades

Alicia en las ciudades (1974). Un fotógrafo alemán deberá hacerse cargo, de manera imprevista y durante unas semanas, de una niña de nueve años tanto en su estancia en Estados Unidos como de vuelta a Alemania. Rodada en blanco y negro, está considerada por Wenders como su película más personal. Junto con En el curso del tiempo (1975) es su mejor obra de los 70.

El amigo americano

El amigo americano (1977). Inspirándose en el maquiavélico personaje de Tom Ripley creado por la escritora Patrica Highsmith, fue otra de sus miradas al melodrama y al cine negro, con un hombre pacífico, normal y corriente, tentado para cometer un asesinato por dinero. Bruno Ganz y Dennis Hopper fueron sus protagonistas e incluyó, en papeles secundarios, la participación de grandes directores de clásicos del cine negro como Nicholas Ray y Samuel Fuller.

París, Texas

París, Texas (1984). Un hombre amnésico vagando por el desierto. Decidido a recuperar lo que dejó cuatro años atrás, emprenderá un viaje para encontrar a su esposa y a su hija pequeña. Itinerarios humanos y físicos, inolvidable fotografía (Robby Müller) y música (Ry Cooder). La protagonizaron Harry Dean Stanton y Nastassha Kinski. Sigue siendo su película más emblemática y reconocida.

El cielo sobre Berlín

El Cielo sobre Berlín (1987). Una fábula con ángeles habitando en el mundo de los mortales. Uno de ellos decide experimentar más sobre los sentimientos humanos, pero su acercamiento le llevará a enamorarse de una trapecista. Retomando el blanco y negro, con algunas pinceladas puntuales de color, la protagonizaron Bruno Ganz y Solveig Dommartin (que fue pareja sentimental de Wenders. Falleció en 2007).