Envenenamiento del ex espía ruso Sergei Skripal
Agentes de policía hacen guardia a la entrada de una vivienda, considerada el domicilio del ex espía ruso Sergei Skripa, en Salisbury, Reino Unido. NEIL HALL / EFE

El Gobierno británico considera que su reacción al supuesto ataque ruso con un agente químico contra el exespía Sergei Skripal ha sido "proporcionada, basada en los hechos y prudente", y acusa al Kremlin de verter "desinformaciones ridículas" para esquivar su responsabilidad. Así lo ha manifestado este lunes el embajador en España, Simon Manley, en un encuentro con periodistas.

Theresa May anunció la semana pasada la expulsión del país de 23 diplomáticos rusos por considerar insuficientes las explicaciones dadas por el Ejecutivo de Putin en relación al uso del gas Novichok en su territorio.

El ultimátum de 24 horas previo que dio al Kremlin acortó sensiblemente el plazo de diez días contemplado para estos casos en la convención de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), en vigor en ambos países desde 1997. Preguntado por este acelerón, Manley ha respondido que su Gobierno está trabajando codo con codo con este organismo, cuyos técnicos están en Londres este mismo lunes para recoger muestras.

Los movimientos de May, incluido el apoyo cerrado de sus aliados, están encaminados a "que Rusia rinda cuentas" y a evitar que se vuelva a producir un ataque tan "grave" y "tan atroz" en suelo europeo, añade Manley. Precisamente, los ministros de la UE, reunidos en Bruselas, han condenado este lunes "con firmeza" lo ocurrido y han señalado que se toman muy en serio la posible autoría rusa sobre una acción "ilegal y temeraria".

A nivel individual, el énfasis varía. Alfonso Dastis, ministro español de Exteriores, ha descartado, por el momento, la aplicación de sanciones por parte de la Unión; por su parte, el británico Boris Johnson, muy duro en sus últimas intervenciones públicas, opina que Rusia "esconde la aguja de la verdad en un pajar de mentiras y confusión" y ve "absurdos" los intentos de negar la evidencia, sobre todo con el precedente Litvinenko.

Reino Unido recuerda que el agente Novichok se fabrica en Rusia y, hasta las últimas y muy directas acusaciones de Johnson, veía dos opciones sobre la mesa: que Rusia estuviera detrás del ataque, o bien, que hubiera perdido el control sobre el gas en cuestión. Rusia, por su parte, pide "pruebas" y apunta a República Checa y Eslovaquia (ex Pacto de Varsovia), Suecia o Estados Unidos (por Irak o Uzbekistan). E incluso a Londres.

"La idea de que nosotros hemos lanzado un ataque en nuestro suelo y con armas químicas rusas no es serio", dice Manley, "no voy a responder a desinformaciones ridículas". En los mismos términos se han pronunciado el resto de aludidos.

Nadie quiere otra guerra fría, aunque la tensión no para de crecer al tiempo que las circunstancias políticas y sociales en ambos lados sirven para afianzar posiciones. De un lado, los comicios rusos han dado este fin de semana una aplastante victoria a Putin, con la consiguiente demostración de fuerza hacia el exterior; de otro, Londres y Bruselas han dado más muestras de buena sintonía con el anuncio de un acuerdo sobre el periodo de transición del brexit.

Manley ha destacado el apoyo "total" e "impecable" de sus socios dentro de la UE y en organismos internacionales, incluido EE UU y, también, España, país con el que el Gobierno británico ha estado en contacto en los últimos días, ha revelado. La amenaza de un nuevo ataque, ha insistido, podría materializarse en otros lugares si no se ataja; Rusia forma parte hoy, ha añadido, del grupo de amenazas a las que se enfrenta Europa y, además, no es creíble: "Todo lo que sale de su Gobierno es desinformación".