Amelia Earhart
Amelia Earhart, en una imagen de 1937. WIKIPEDIA

Un análisis de medición ósea indica que los restos hallados en una isla remota en el Pacífico Sur en 1940 se corresponden probablemente con los de la legendaria aviadora estadounidense Amelia Earhart, desaparecida en ese océano en 1937 y cuyo caso se convirtió en uno de los mayores misterios de la aviación.

Richard Jantz, profesor emérito de antropología y director emérito del Centro de Antropología Forense de la Universidad de Tennessee, reexaminó siete mediciones óseas realizadas en 1940 por el médico D. W. Hoodless. Hoodless había llegado a la conclusión de que los huesos pertenecían a un hombre.

Earhart se convirtió en la primera mujer aviadora en volar sola a través del Océano Atlántico y en 1937 desapareció misteriosamente mientras sobrevolaba el Pacífico. Muchos supusieron entonces que su avión se había estrellado contra el agua. Ella y su navegante, Fred Noonan, nunca más fueron vistos. Sin embargo, un grupo de investigadores, incluido Jantz, apuntan a que la aviadora murió como náufrago en la isla de Nikumaroro, a medio camino entre Hawai e Islas Salomon, donde se encontraron los huesos en 1940.

Jantz, usando varias técnicas cuantitativas modernas, incluyendo Fordisc —un programa informático para estimar el sexo, la ascendencia y la estatura de las mediciones esqueléticas— descubrió que Hoodless había determinado incorrectamente el sexo de los restos. Este programa, creado conjuntamente por Jantz, es utilizado por casi todos los antropólogos forenses certificados en Estados Unidos y en todo el mundo.

Este antropólogo comparó las longitudes de los huesos con los de la propia Earhart a partir de fotografías y su ropa. Una costurera incluso tomó las medidas, que incluían la longitud de la entrepierna y la circunferencia de la cintura de los pantalones de Earhart. De este modo, los nuevos datos revelaron que los huesos tienen más similitud con Earhart que con el 99% de los individuos en una gran muestra de referencia. El nuevo estudio se ha publicado en la revista Forensic Anthropology.

En base a toda esta información, Jantz ha concluido que "hasta que se presente evidencia definitiva de que los restos no son los de Amelia Earhart, el argumento más convincente es que son de ella".

Cuestionar el análisis de Hoodless tuvo menos que ver con su competencia y más con el estado de la antropología forense en ese momento, dijo Jantz en un comunicado. "La antropología forense no estaba bien desarrollada a principios del siglo XX", afirma el documento. "Hay muchos ejemplos de evaluaciones erróneas por parte de los antropólogos del período. Podemos aceptar que Hoodless pudo haberlo hecho tan bien como la mayoría de los analistas de la época, pero esto no significa que su análisis fuese correcto".

Huesos y otros restos

Junto con los huesos encontrados en 1940, un grupo de búsqueda descubrió parte de un zapato que se consideraba de una mujer, una caja sextante diseñada para contener un Brandis Navy Surveying Sextant, fabricado alrededor de 1918 y similar al del copiloto de Earhart, y una botella de licor Benedictine, algo que se sabía que gustaba a Earhart.

Los huesos eventualmente desaparecieron, y lo que quedó fueron datos métricos limitados a cuatro medidas del cráneo y tres de huesos largos: la tibia, el húmero y el radio.