María López, fundadora de Bitbrain
María López, matemática, ingeniera y fundadora de la empresa de neurotecnología Bitbrain. Bitbrain

Año tras año, la proporción de estudiantes que optan por los campos de la ingeniería, la ciencia, las matemáticas o la tecnología se inclina de forma extrema hacia el lado masculino. En la otra cara de la estadística queda el porcentaje -normalmente por debajo del 10%- de las mujeres que eligen ese camino.

María López es uno de los mejores ejemplos de éxito salidos de ese pequeño número: se licenció en Matemáticas y se doctoró en Ingeniería Informática; después se lanzó al mundo empresarial, otro de los campos más desiguales, y fundó Bitbrain, una compañía centrada en la neurotecnología con una visión innovadora y premiada tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Explica, desde la seguridad de una experta, por qué la barrera a la hora de acceder a este tipo de estudios y empresas se mantiene a pesar de los avances.

¿Alguna vez ha notado discriminación por el hecho de ser mujer dentro de esos campos?

En muy contadas ocasiones, y en ningún caso ha influido dentro de mi desarrollo profesional.

¿Se ha enfrentado a alguna traba por el mismo motivo a la hora de trabajar en un frente innovador como es el neuromarketing?

Salvo en algunos sectores muy conservadores, por lo general no me he encontrado problemas. Además, he interactuado con muchas mujeres dentro de los equipos de marketing e investigación de mercados en las empresas con las que trabajamos, habitualmente grandes empresas, así que por lo general me he sentido muy cómoda.

¿Es común encontrarse a mujeres en el campo de la innovación?

No es común, estamos muy pocas mujeres trabajando en puestos de innovación, sobre todo en innovación tecnológica.

¿Cuentan con menos reconocimiento?

Suele pasar lo contrario. No es raro que me lleguen, por ejemplo, invitaciones a dar ponencias en eventos importantes pero de temas relativamente alejados de la neurotecnología, que es mi especialidad. En muchas ocasiones probablemente será porque el comité organizador quiere dar visibilidad a la mujer y al final acaban invitando a las pocas que ya la tenemos.

¿Qué hace en esos casos?

Rechazo la oferta y les paso el nombre de alguna mujer que realmente esté especializada en el tema en concreto porque, desde mi punto de vista, es clave que cuantas más mujeres nos demos a conocer, mejor.

Lidera junto a Javier Mínguez Bitbrain, empresa que ha recibido multitud de reconocimientos, ¿cómo ha sido el camino hasta aquí?

Muy duro, pero es que lanzar una nueva empresa no es nada sencillo, sobre todo cuando se habla de una nueva tecnología como es nuestro caso con la neurotecnología. Independientemente de ser hombre o mujer, liderar una startup tecnológica es como una montaña rusa: tan pronto estás arriba con todo tipo de reconocimientos, como estás abajo pensando que no lo vas a lograr. El truco es no dejarte llevar demasiado por esas impresiones y mantener la cabeza fría.

El Instituto de Ciencias Matemáticas solo tiene un 5% de investigadoras mujeres, ¿a qué se debe?

Si alguien tuviera una respuesta para esa pregunta probablemente pudiéramos empezar a solucionar el problema, que no solo se da en Matemáticas, sino en todas las STEM (siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

Creo que es una mezcla de muchos factores y el principal tiene que ver con una cuestión social y educativa. Por ejemplo, a través del proyecto IMPLICIT de la Universidad de Harvard y otras universidades, se ha demostrado que, de forma no consciente, tanto hombres como mujeres asociamos las STEM mayoritariamente con hombres. Si alguien tiene curiosidad, puede hacer la prueba.

¿En qué se traduce?

En muchas cosas: en la forma de educar a nuestros hijos, en la elección de la carrera universitaria en las jóvenes, en la autoestima de las mujeres que trabajan en esos ámbitos, en que surja de forma más natural un nombre de hombre que de mujer para puestos de responsabilidad…

Habla de puestos de responsabilidad, y la cifra de CEOs es aún más baja, con un 1,8%; en su campo, todavía más. ¿Influye ese hecho en la manera de plantear el mundo empresarial?

Sí, creo que tiene una influencia, y si las cosas no cambian, esa influencia va a ser muy perjudicial para nuestra sociedad. Especialmente si, tal como predice el Foro Económico Mundial, nos estamos adentrando en una revolución tecnológica que va a cambiar el modo que tenemos de vivir, relacionarnos y trabajar como nunca lo ha hecho ninguna otra revolución industrial anterior.

Si esto es así -y personalmente creo que lo es-, en los próximos años las empresas tecnológicas van a ser las que más van a influir en el futuro de nuestra sociedad. Si menos de un 2% de esas empresas están dirigidas por mujeres, me temo que de un modo u otro la revolución no va a ser igualitaria.

Y no creo que sea una desigualdad consciente: en el ámbito en el que me muevo, las nuevas tecnologías, los hombres están mucho más concienciados que en otros sectores en contra de la discriminación. Pero, de nuevo, por mucho que hombres y mujeres tratemos de no discriminar y por mucho que nos esforcemos en la igualdad, de forma no consciente estamos sesgados a ver el mundo desde las perspectiva en la que hemos crecido y en la que nos han educado. Por lo tanto, para mi es clave que haya mujeres dirigiendo esas empresas para que tomen decisiones viendo el mundo desde otra perspectiva.

¿Cree que las cifras se igualarán en el futuro?

Es algo complicado porque nos encontramos ante un problema que reside en una parte no consciente de nuestro cerebro y cambiar eso puede llevar un tiempo. Sin embargo, las empresas tecnológicas cada vez están más concienciadas en las ventajas de incorporar la visión de la mujer en sus equipos de trabajo, algo que definitivamente ayudará a favorecer este cambio.

¿Tiene alguna mujer de referencia?

¡Muchas! Pero la que quizá más me ha marcado fue Emmy Noether (1882-1935), una matemática que fue una de las mentes más brillantes que hemos tenido. Recuerdo que conocí su historia cuando estudiaba la carrera y me impactó lo difícil que lo tuvo pese a sus capacidades.

Para empezar, no la dejaban estudiar en la Universidad, así que iba como oyente a las clases. Finalmente la dejaron doctorarse. Aunque su calidad científica fue reconocida por Einsten o Hilbert, la universidad no dejó que fuese profesora, y empezó dando clases gratis durante varios años. Finalmente logró el puesto de profesora universitaria.

Pese a la gran revolución que supuso su trabajo en matemáticas y físicas, Emmy Noether es todavía una gran desconocida. Para mí es el ejemplo de una mujer que, pese a todos los impedimentos de la época, luchó por su pasión por las matemáticas, y logró cambiar en su caso el sistema. Su historia es una historia de injusticia pero también una historia que nos muestra que se pueden cambiar las cosas.

¿Hay algún mensaje que transmitir a todas las investigadoras, emprendedoras o estudiantes de campos con predominio masculino?

¡Hay tantos mensajes que transmitir! Por ejemplo, que no se dejen llevar por los estereotipos. Como le digo a mi hija de 5 años, no hay cosas "de chicos o de chicas", lo importante es lo que quieras hacer tú, independientemente de lo que digan los demás. Otro mensaje sería que somos igual de capaces que los hombres, que se sientan seguras de sí mismas y defiendan su postura sin miedo.

Por último, me parece importante transmitir que el hombre no es el enemigo. ¿Hay hombres que discriminan conscientemente? Por supuesto, pero afortunadamente no creo que sean la mayoría. ¿Que la mayoría tienen algunas actitudes que pueden ser consideradas machistas? Probablemente, pero lo mismo se puede decir de las mujeres, ya que es algo que reside de forma no consciente en nuestro cerebro. Luchemos contra los estereotipos, eduquemos en la igualdad, demos visibilidad a las mujeres para que las niñas tengan referentes, hagamos conscientes los malos hábitos para corregirlos… pero no generemos una guerra de género, ya que en las guerras todos pierden.