Madeleine McCann
Imagen de archivo de la pequeña Madeleine McCann. AGENCIAS

El detetive privado Kevin Halligen, encargado de la desaparición de Madeleine McCann hasta que los padres renunciaron a sus servicios por incumplimiento del contrato, fue hallado muerto el pasado lunes en su casa del condado de Surrey, en Inglaterra, tal y como recogen este domingo varios medios británicos. 

El investigador, de 56 años de edad, se hizo cargo de la desaparición de la pequeña en el Algarve portugués en 2007 y la empresa para la que trabajaba, Oakley International, llegó a cobrar 300.000 libras (unos 345.000 euros) antes de que el matrimonio McCann rescindiese el acuerdo aduciendo que una parte del mismo no se había llevado a cabo. 

El detective, conocido por su ostentoso modo de vida, fue extraditado de Reino Unido a EE.UU tras haber sido acusado -y condenado un año después- de una estafa de más de un millón de libras en 2012. 

Un final marcado por el alcoholismo 

"Puedo dar explicaciones de cómo se ha gastado hasta la última libra del dinero de los McCann", aseguró Halligen en un programa de la cadena británica Channel 5, en el que negó haberse lucrado con los fondos acumulados por la familia gracias a una petición pública para encontrar a la niña.

Según el periodista Adrian Gatton, encargado de entrevistarle, el fallecido había caído en el alcoholismo en los últimos años. "Hay muchos que no le deseaban lo mejor,  pero seguramente el determinante de su muerte haya sido el alcoholismo", ha asegurado. "Era un personaje único". 

Tal y como ha revelado Gatton, Halligen fue hallado muerto rodeado de sangre en su domicilio, en el que también se encontraron multitud de botellas vacías. La policía de Surrey, que todavía no ha confirmado la causa del fallecimiento, recibió una llamada el lunes "reportando que un hombre de unos 50 años no se encontraba bien", según un representante.