Paco León
El actor Paco León, entrevistado en 20minutos JORGE PARIS

El actor sevillano Paco León cambia de registro y se pone dramático para La peste, una superproducción de seis capítulos de Movistar+ sobre la Sevilla del s. XVI que se estrena el próximo 12 de enero. No es su único proyecto. El 15 de enero comienza a rodar Arde Madrid, una apuesta personal en la que él abarca todo el proceso creativo. Además, el 16 de marzo vuelve al cine con La tribu, una película dirigida por Fernando Colomo que protagoniza junto a Camen Machi.

A pesar de esta tremenda carga de trabajo –él mismo confiesa que le cuesta sacar tiempo para otra cosa–, Paco León pudo acercarse a la redacción de 20minutos para charlar sobre todos estos proyectos.

Trabajar en La peste le ha permitido, en cierto modo, viajar en el tiempo.
Sí, ha sido como vivir y revivir una ciudad que conozco, porque es la mía, y ayuda a entenderla mucho más. Todo lo que son las sevillanas maneras y esa majestad que tenemos los sevillanos y lo creídos que somos viene por algo, y es que, en el siglo XVI, Sevilla era la capital del mundo, era Nueva York, donde llegaban los barcos llenos de oro, de animales fantásticos, de alimentos que no se habían tomado nunca... Ese es el contexto donde se desarrolla La peste. Y es muy bonito cómo han imaginado la Sevilla del 1500.

¿Cómo se ha conseguido hacer eso?
Pues con dinero, bastante dinero, y con mucho ingenio. El trabajo de arte y de documentación ha permitido reproducir con mucha fidelidad cómo se vivía en esa época. Y era todo muy cruel, aparte de apestoso, porque no había alcantarillado y se tiraba la basura a la calle, y por eso se propagaban tan rápido enfermedades como la peste. La vida no valía nada, un niño no era nada, una mujer no era nada, te quemaban por la meada de un gato...

Lo creídos que somos los sevillanos viene de que, en el pasado, Sevilla fue el centro del mundo, fue Nueva York¿Qué puede contar de su personaje?
Me encanta mi personaje. Se llama Luis de Zúñiga y es alguien que –algo que era muy complicado en la época– escaló de posición social. Es alguien que tiene un origen humilde pero que se ha renriquecido y que llega incluso a comprar títulos nobiliarios. Es un rico, un rico corrupto, por supuesto, como casi todos los ricos. Es un personaje con muchos recovecos, serio, despiadado y algo bastante diferente a lo que he hecho yo hasta ahora, por lo menos por lo que se me conoce.

¿El poder corrompe indefectiblemente?
No tiene por qué, pero sí, es peligroso. El dinero, el poder... Sobre todo en los hombres, que también hay mujeres corruptas y con sed de poder, por supuesto, pero es otra manera. El hombre creo que se pierde especialmente por ahí.

La serie es obra de Alberto Rodríguez, el director de La isla mínima, ¿cómo es trabajar con él?
Sí, esto es una serie de autor y Alberto es el máximo responsable de esto, y sigue fiel a su tono de thriller intrincado, muy seco, muy desprovisto de efectos. Aquí habla de lo complejo que es la sociedad, antes y ahora: los poderes fácticos de la Iglesia, la política, el comercio...

Para mí, inteligente y sensible son las dos características principales de Alberto. Es un tío muy honesto con su trabajo, rigurosísimo hasta decir basta, hasta sacarte de tus casillas y decir "no puede ser tan tan tan estricto con su manera", pero es por honestidad y es algo que yo le agradezco mucho. La verdad es que he disfrutado y he aprendido mucho incluso como director viéndole trabajar, viéndole con ese rigor, con esa tranquilidad.

La peste es una prueba más de que este gran momento de las series de televisión también ha llegado a España, ¿no cree?
Esta eclosión que tiene la televisión de pago es muy emocionante. Es una oportunidad esta apuesta tan fuerte de Movistar+ por la ficción española. Gastar 10 millones de euros en una serie es un lujazo para todo el sector, tanto directores como productores, actores, incluso como público. El sambenito de la televisión como la caja tonta con productos de poca calidad para contentar a mucha gente ha desaparecido.

El sambenito de la televisión como la caja tonta con productos de poca calidad ha desaparecido

Yo creo que el mejor cine ahora está en la televisión en el sentido en que los mejores directores y los mejores actores están haciendo televisión. Y creo que al público el paladar se le ha refinado muchisímo. Hay una educación, ya no se conforman con cosas "agradablonas" sino que de repente puedes llegar más lejos en narrativas, en estéticas, en producciones... Además, ya no se piensa solamente en España sino que una serie puede ser para el mundo entero. Y yo creo que La peste se va a vender fuera.

Como usted decía, este papel supone un cambio en el tipo de rol por el que es más conocido.
Yo, que soy un actor cómico sin ningún tipo de claustrofobia ni ganas de renegar de la comedia, me gusta hacer otras cosas y meterme en otros tonos. Y la verdad es que es un lujo cuando te dan la oportunidad. Al principio no me veían para este papel. Tuve que pasar un casting tremendo, porque Alberto quería actores desconocidos y que tuvieran un casting creíble donde no hubiera famosos. Y de repente me coge a mí, que soy superfamoso, pero en otro registro, con lo cual es una manera refrescante de verme.

¿Y cómo vive poder hacer cosas tan diferentes?
Como un lujo. Mira, ahora mismo se van a estrenar muy seguido La peste y La tribu, que es una película que he hecho con Fernando Colomo y con Carmen Machi y que es una comedia en la que bailo street dance. No tiene nada que ver con esto, son las dos interpretaciones más antagónicas que se pueden hacer seguidas, un thriller de época y una comedia de baile.

¿Cómo es Fernando Colomo?
Modernísimo. A mí me parece que Colomo es de las personas más jóvenes que conozco, de espíritu y de mirada. Alberto y él son las antípodas, son dos directores que no tienen nada que ver, en tono, en manera de hacer,  y de los dos se puede aprender muchísimo. Fernando lo que tiene es esa fluidez y esa cosa de dejar que ocurra, esa ligereza que tienen que tener las buenas comedias. Es historia, Fernando Colomo es nuestro Woody Allen.

Colomo es de las personas más jóvenes que conozco, de espíritu y de mirada. Es nuestro Woody Allen

¿Ha disfrutado volviendo a trabajar con Carmen Machi?
Ha sido maravilloso. Bueno, la verdad es que nosotros no nos hemos dejado de ver, pero trabajar juntos otra vez ha sido genial y me encantaría hacer más. La pena es que decíamos "a ver cuándo volvemos a coincidir". Es una película muy divertiday entrañable, de muy buen rollo, con unos valores muy bonitos y creo que va a funcionar mucho.

¿Qué ve usted en el cine o en la tele?
Yo nada, nada más que hago trabajar. He visto algunos capítulos de The Crown, he visto La zona... Intento ver algunos capítulos para saber de qué van las series y ver qué rollo tienen, pero no me da la vida. En casa del herrero, cuchillo de palo. Además de las promos de La tribu y La peste estoy preparando una serie, Arde Madrid, en la que estoy de director, de productor, de guionista y de actor. No se puede estar más liado. Y esto es un proyecto muy ambicioso que llevamos cinco años preparando y que ahora mismo, el 15 de enero, empezamos a rodar.

¿De qué trata?
Es una alta comedia de época, en el 61, cuando Ava Gardner vivía en Madrid y coincide de vecina del general Perón. La idea es retratar esa vida desde el punto de vista de los criados, esa dolce vita que se vivió tan desconocida y tan interesante. Y es que nos costó venderla, primero es que no había una televisión que se arriesgara poeque tiene un presupuesto que no es de comedia. Comedia y cara son dos cosas que a los productores y las cadenas les entra pánico solo de oírlo. Porque una épica sí, pero comedia...

Lo vamos a hacer en blanco y negro. Inma Cuesta y yo somos los protas, el chófer y la criada, está Anna Castillo, Julián Villagrán y Debi Mazar va a ser la actriz que haga de Ava Gardner.

Tiene buena pinta.
Es un proyectazo. Está mal que lo diga, pero la idea es tan buena que hasta mal hecha dan ganas de verla... pero va a estar muy bien hecha.

Y con tanto trabajo, ¿le da tiempo a cuidarse?
Pues bueno, lo intento. Intento comer, intento ir al gimnasio, pero poco puedo. Verás ahora cuando empecemos a rodar la serie.

Seguimos con el 21% de IVA. Nos hemos instalado en la miseria

Además no para en las redes sociales, que también son trabajo.
Sí, las redes sociales también, que las llevo yo. A veces pienso si estoy enganchado más de lo normal. Pero bueno tengo la excusa, la coartada del trabajo, como las uso mucho profesionalmente... La verdad es que viene bien. Tengo muchísima gente que me sigue y que son fieles y está bien darles algo.

Además, le gusta ser provocativo, ¿no?
Claro, cada uno tiene su línea editorial y yo creo que esto es lo que le gusta a mi público. El humor y el sexo es lo que mueve las redes y el mundo entero, es lo que más funciona, todo lo que te hace gracia o te pone. Son los lenguajes de las redes.

¿A quién sigue?
La verdad es que posteo más que leo, porque no me da tiempo mucho a mirar. En Twitter sigo a muchos medios. Ahora estoy más enganchado a Instagram, que es muy interesante para hacer networking y conocer y contactar a artistas muy interesantes, a músicos, a videocreadores, a directores de arte, a fotógrafos... Es muy bueno para todo esto.

¿Qué le dice la gente por la calle?
La verdad es que hay de todo. Me dicen de dónde son: "somos de Badajoz", "yo es que soy de Tarragona", "venimos de Canarias", "una foto que soy de Toledo"... No sé por qué pero me dicen de dónde son. Es rarísimo.

La cultura es el lince ibérico y cada arte es una especie en peligro de extinción que hay que proteger y hay que cuidar

E imagino que la sombra del Luisma es alargada.
Sí, pero afortunadamente la mayoría de la gente me llama Paco León, saben cómo me llamo, que ya es un triunfo. Pero sí que hay mucha gente que te dice el Juanma, el Juanmi, el de Aída... Ni siquiera aciertan con el nombre.

También tiene mucho que ver –y fíjate que voy a ser muy fascista pero es que es verdad– con el nivel cultural. Si alguien solo ve la tele, está en eso, pero con que abra un periódico, vea una película en el cine o lea un revista ya sabe que no me llamo Luisma. Se localiza mucho, pero también es inevitable y no tengo ningún problema con eso. Seguramente será el personaje más notorio que voy a hacer en toda mi carrera y yo orgullosísimo, porque me parece que era un perosonajazo.

Ahora ya no se habla de crisis económica y parece que hay más optimismo, también en el cine.
Bueno, seguimos con el 21% de IVA. Nos hemos instalado en la miseria. Yo creo que la cultura siempre ha estado en crisis. Yo desde que era pequeños recuerdo que se decía que el teatro iba a desaparecer. La cultura es el lince ibérico y cada arte es una especie en peligro de extinción que hay que proteger y hay que cuidar. Hay mucha gente empujando para que sobreviva. A mí me parece que es mejor hacer que quejarse, aunque hay muchos motivos para quejarse, sin duda, pero la televisión de pago está insuflando energía a la industria. Pero también son burbujas y esto no dura para siempre.

Hay que aprovechar el momento entonces.
Lo que está claro es que hay muchísimo talento y muchísima capacidad de trabajo porque, aun en estas condiciones, se ha aumentado la cuota de pantalla, la taquilla en el cine ha subido muchísimo, se hacen buenas producciones, hay público. O sea, se ha devuelto más dinero en IVA que lo que se ha gastado en subvenciones al sector. Es un sector rentable, no somos chupópteros.

Aunque algunos no paran de repetirlo.
Para mí lo más triste y lo más peligroso de verdad es que la gente de la calle se crea estas cosas que dicen algunos políticos. Que se crean que somos vividores, que vivimos del cuento, que estamos subvencionados, pegatineros y todo eso, que es muy injusto, muy muy muy injusto. Es una cuestión de datos. Lo peor es que los que promueven este tipo de cosas sean los mismos políticos a los que pagamos, a los que votamos para que protejan este tipo de cosas. Y que sean ellos los más negligentes, que echen piedras sobre su propio tejado... ¿A quién se le ocurre que un ministro de Cultura hable mal de su propia cultura? Es que es muy fuerte.