Rogativa pro pluvia en Pontevedra (1766)
Rogativa pro pluvia en Pontevedra (1766) ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE PONTEVEDRA

Las oraciones y las procesiones son una fuente "bastante socorrida" que utilizan los historiadores del clima para determinar cómo fue el tiempo antes de la aparición de los observatorios en Galicia a mediados del siglo XIX, cuando se inician los primeros registros oficiales.

El profesor de la Universidade de Santiago de Compostela Camilo Fernández, que ha estudiado las rogativas en ciudades como Pontevedra, Ourense, Mondoñedo (Lugo) y la propia capital gallega, señala que en Galicia priman aquellas en las que la población clama por el cese de las precipitaciones, en consonancia con el tiempo habitualmente húmedo en la comunidad.

En el culto católico, una rogativa es una oración pública hecha para conseguir el remedio de una grave necesidad. "Están muy bien tipificadas en el ritual romano (...) Las hay de tipo preventivo y de súplica, entre las que estarían las que piden lluvia, pero también para repeler las tempestades y frente a la peste", explica este experto en historia moderna.

En declaraciones a Europa Press, indica que esta información sirve para reconstruir históricamente otros periodos en los que se dieron fenómenos como la actual sequía, y pone en relación estas "anomalías climatológicas" con otras circunstancias como la evolución de las cosechas y la mortandad.

"INTERCESIÓN DIVINA"

De hecho, si distintos estamentos sociales como los gremios, las corporaciones locales o la Iglesia promovían y organizaban las rogativas era por la influencia directa que una época de falta de lluvia o de sobreabundancia tenía (y aún tiene) sobre los cultivos.

En el actual contexto, los gallegos, acostumbrados a la existencia de agua de sobra, comienzan a familiarizarse con los problemas relacionados con la escasez de reservas. En el sector primario, agricultores y ganaderos tratan de sortear las pérdidas que les genera esta situación, que desde hace semanas es de alerta en todo el país.

Vuelve así a estar "vigente" la idea de la "necesidad de intercesión divina para resolver el problema climático", según ironiza este profesor, en alusión a "expresiones que resumen un poco la creencia religiosa en torno a las rogativas diciendo que lo que viene del cielo, no lo logran los hombres".

EL EJEMPLO VIVO, EN O DEZA

El pasado mayo, el arzobispo de Sevilla mostró su "preocupación creciente por la grave sequía" e invitó a todos "a pedir al Señor que conceda el agua que tanto se necesita", planteando la celebración de misas con este objetivo.

También en Galicia, el país de los mil ríos, existen ejemplos aún vivos de estas ceremonias, como el denominado 'Clamor' de Vilariño (Agolada) a Bermés (Lalín), en la comarca de O Deza, en la provincia pontevedresa.

José Ángel López explica en un breve artículo sobre este novenario de 14 kilómetros que "cuando hay necesidad de pedir buen tiempo se celebra en Vilariño, que está situado al norte y ofrece mejor garantía de sol, mientras que si se pide agua se celebra en Bermés, situada al sur, al lado del -monte- Carrio, donde las precipitaciones llegan durante el invierno traídas por las brisas del norte".

Este texto, que el profesor Camilo Fernández conoció a través de José Ramón Pérez, recoge que la duración establecida en un primer momento, de cinco, siete o nueve domingos, se puede alterar "acortándola o prolongándola".

La tradición dice que las imágenes de estas dos parroquias son hermanas, además de las únicas de las 24 que forman la cofradía del Clamor que tienen como patrona a Nosa Señora.

Precisamente, el docente de la USC asistió al Clamor en 2015 para solicitar que lloviese, y recuerda como descargó un "temporal de lluvia" en el transcurso de la procesión, en la que comienzan siendo las mujeres las que cargan la imagen a los hombros, entre fuegos de artificio, repiques de campanas, fuegos de artificio, cánticos y versos a la virgen.

LA O, SANTA SUSANA, OS REMEDIOS...

Pero en el pasado era frecuente y recurrente que los creyentes rezasen a un intercesor frente a las inclemencias: a santa Susana y a la virgen del Rosario en Santiago, a la de la O en Pontevedra, a Nosa Señora dos Remedios en Mondoñedo y a la virgen de la Reza en Ourense, por ejemplo.

Aunque se remontan a la Edad Media, las rogativas, registradas en las actas capitulares de los cabildos o en las consistoriales de los concejos, son útiles para la reconstrucción de las fases climáticas más o menos lluviosas a partir del siglo XVII, según expone Camilo Fernández.

En algunos lugares como Pontevedra lograba imponerse una figura -la patrona-, mientras que en otros como en Santiago convivían varias, entre ellas la virgen del Portal.

De 1675 a 1715 se produjo una "importante" caída de las temperaturas, con aumento de precipitaciones, incluidas las de nieve. El comercio del hielo dejó su huella en las dependencias de debajo del claustro de la Catedral compostelana, sin ir más lejos.

Hacia finales de 1780, este historiador constata un "cierto cansancio" y desafección, que se traduce en una participación en las rogativas no "tan fluida e intensa" como con anterioridad. Por razones de tipo financiero, ya que suponían un desembolso para los gremios, y también debido al paso del absolutismo al liberalismo, con la llegada de ideas anticlericales, sobre todo en las urbes, y "no tanto" en el mundo rural.

CINCO NIVELES

Los estudiosos en este campo elaboran índices hídricos o términos y los asocian a niveles en razón de la mayor o menor severidad de estos fenómenos meteorológicos. Así, un nivel uno consiste "simplemente" en oraciones dentro de una iglesia.

El nivel dos implica ya una complejidad litúrgica "más elevada", en la que se introduce la exposición de imágenes de santos o reliquias con misa e incluso con procesiones en el interior de la capilla.

Sigue avanzando a un tercer escalón en el que las procesiones ya son públicas, en las principales calles de la ciudad, con participación de las corporaciones profesionales, el ayuntamiento y las órdenes religiosas con conventos o monasterios.

El cuarto paso supone la inmersión de imágenes en ríos o en fuentes -de ahí la expresión 'si no llueve, con el santo al pilón'-. Como los daños en ocasiones eran irreparables y hasta podía intervenir la Inquisición si consideraba que había un delito de herejía, en 1619 se dictó una prohibición canónica de estas inmersiones.

El quinto nivel, por último, eleva la ceremonia a la categoría de peregrinación a un santuario, en romería, para solicitar o bien el cese de la lluvia o bien de la sequía.

Consulta aquí más noticias de A Coruña.