El arte político de William Kentridge se reinventa en el Museo Reina Sofía de Madrid

  • La pinacoteca estrena una de sus exposiciones estrella para esta temporada, dedicada al último Premio Princesa de Asturias de las Artes.
  • 'Basta y sobra', que podrá verse hasta el próximo mes de marzo, nos acerca a la obra plástica del artista sudafricano a través de sus proyectos para teatro, ópera y performance.
William Kentridge. Right Into Her Arms, 2016. Video HD, software y circuito, componentes electrónicos, madera, acero, cartón, papel y otros objetos encontrados. Bucle de 11' con sonido. 300x244x125 cm. Colección particular.
William Kentridge. Right Into Her Arms, 2016. Video HD, software y circuito, componentes electrónicos, madera, acero, cartón, papel y otros objetos encontrados. Bucle de 11' con sonido. 300x244x125 cm. Colección particular.
WILLIAM KENTRIDGE

A pesar de su veteranía y de la admiración que se le profesa fuera de España, William Kentridge (Johannesburgo, 1955) es un artista que, hasta ahora, había pasado de puntillas por nuestro país. Su obra ha podido verse en contadas ocasiones aquí -en el MACBA en 1999 y en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga en 2012-, por eso, el merecidísimo Premio Princesa de Asturias de las Artes que recogió hace menos de dos semanas y la exposición que ahora le dedica el Museo Reina Sofía en Madrid nos ofrecen la oportunidad de descubrir a uno de los artistas contemporáneos más interesantes y completos de éste y el pasado siglo.

Convirtiendo la variedad en su principal virtud, en sus más de cuarenta años de carrera este creador sudafricano ha sido incapaz de conformarse con practicar una sola disciplina. Dibujo, escultura, collage, grabado, teatro, películas animadas, ópera, videoarte... todas le han atraído y a pesar de que algún profesor le recomendó centrarse en una sola si quería triunfar, esta amalgama creativa ha terminado por revelarse como la apuesta ganadora. "Esta exposición nace de la supervivencia a través del fracaso", comentaba ayer en la presentación, en clara alusión a esa etapa en la que no supo ni quiso decidirse.

Y tanto que sobrevivió. Su fama internacional llegaría tras participar en la Bienal de Johannesburgo (1995) y en la Documenta X de Kassel (1997). Y en todas sus obras, a pesar de la variedad de formatos, se perciben claramente varios hilos conductores: la denuncia del colonialismo y del apartheid (su padre fue un famoso abogado que defendió a sus víctimas, Mandela incluido) y la ciudad de Johannesburgo, emblema de este abuso e injusticia.

Al respecto del arte como reivindicación política comentaba al recibir el Principe de Asturias: "Todo está en la capacidad que tenga el artista para crear eslóganes o panfletos, pero para mí el arte sirve para construir quienes somos". Kentridge es plenamente consciente del mundo injusto en el que nació y ha intentado reparar esa injusticia a través de sus obras: "soy un sudafricano blanco, sé que he crecido como una persona privilegiada, así que lo mínimo que puedo hacer es trabajar duro", comentó hace algún tiempo.

Trabajos que se retroalimentan

Basta y sobra, la exposición que podrá verse en el Reina Sofía hasta el próximo 19 de marzo, tiene un punto de partida singular: por primera vez se nos acerca a su obra plástica a través de sus proyectos para teatro, ópera y performance. Dos trabajos que no pueden entenderse el uno sin el otro y que se retroalimentan sin cesar. Su título hace referencia al concepto freudiano de sobredeterminación: "Un dibujo sería suficiente para expresar algo, pero haces quince: es la presión de las imágenes que luchan por emerger", comenta.

La muestra se articula sobre una selección de siete piezas de teatro y ópera "orquestadas" por Kentridge entre los años noventa y la actualidad:Woyzeck en el Alto Veld (1992), ¡Fausto en África! (1995), Ubú y la Comisión para la Verdad (1997), El retorno de Ulises (1998), La nariz (2010), Lulú (2015) y la más reciente Wozzeck (2017).

Un amplio recorrido por más de 25 años de trayectoria que, a pesar del tiempo que las separa, deja en evidencia ciertas constantes en su obra: todas ellas son historias de un solo protagonista (Woyzeck, Ubú, Lulú, Ulises, Fausto y la Nariz) que son víctimas o verdugos de unas estructuras encorsetadas que ponen de manifiesto "las lacras de la tiranía, el autoritarismo, la mezquindad y la corrupción", y todas ellas recurren a repertorios europeos existentes para ser reinterpretadas por el propio Kentridge y extrapoladas a la realidad sudafricana.

La exposición nos permite sumergirnos de lleno en el proceso creativo y reúne una amplia selección de materiales y medios que dan cuenta de esas sinergias que se producen entre su obra plástica y su obra escénica. Así podemos ver materiales surgidos tanto en el proceso de creación como los que finalmente son empleados en las escenografías (dibujos, maquetas de escenas, pósteres, marionetas o vestuario), que se exhiben junto con las grabaciones de sus óperas y obras de teatro, y de algunas de las películas que las vertebran, como Right into her arms (Directo entre sus brazos), el teatrillo en miniatura donde se proyectan algunos dibujos utilizados en la ópera Lulú; Ubú cuenta la verdad, que completa Ubú y la Comisión para la Verdad; y Yo no soy yo, el caballo no es mío, las ocho películas que ayudaron a definir la gramática de la escenografía de La nariz y que se incorporan como proyecciones en los interludios musicales, evidenciando las sinergias entre la obra plástica y escénica del artista.

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