El guardia civil, Rául Centeno, que ha muerto el sábado en el suroeste de Francia es la primera víctima mortal de ETA desde que la organización terrorista anunció el 5 de junio la ruptura del alto el fuego que, de hecho, había roto el 30 de diciembre anterior con el atentado de Barajas en el que murieron dos ciudadanos ecuatorianos.

Se trata además del cuarto atentado cometido por ETA desde que puso fin oficialmente a la tregua, aunque hay que sumar también los hasta seis intentos fallidos de la organización, el último al colocar una bomba en el Juzgado de Getxo (Vizcaya) el pasado 11 de noviembre, que no llegó a explotar.

El asesinato que ETA ha llevado a cabo este sábado en la localidad francesa de Capbreton, en Las Landas, ha sido también el primero que la banda comete contra guardias civiles españoles en Francia después de poner fin a la tregua.

Se da la circunstancia de que además se ha producido sólo unas horas después de que la Audiencia Nacional ordenara la detención de 46 de los 52 procesados en el sumario 18/98 contra el entorno de ETA a los que ha condenado a penas que suman más de 527 años de prisión.

Cuatro atentados desde el fin de la tregua

Desde que ETA anunció el fin de la tregua, la organización terrorista ha perpetrado otros tres atentados, además del de hoy.

El último se produjo el pasado 9 de octubre en Bilbao cuando los terroristas hirieron, mediante la colocación de una bomba en su coche, al escolta Gabriel Ginés, que prestaba protección al concejal del PSE en Galdakao (Vizcaya) Juan Carlos Domínguez.

El 25 de septiembre explotó una bomba junto a la comisaría de la localidad guipuzcoana de Zarautz, lo que causó importantes daños materiales en el centro policial y en las viviendas próximas al lugar.

Un mes antes, en la madrugada del 24 de agosto, explotó un coche bomba en un aparcamiento situado junto al cuartel de la Guardia Civil en la localidad vizcaína de Durango con el resultado de dos agentes heridos leves y cuantiosos daños materiales.

Varios antentados fallidos

Desde el mes de junio ha habido, además, varios atentados fallidos que se vieron frustrados por la actuación de las Fuerzas de Seguridad o por el fallo del dispositivo del detonador.

Además de la bomba colocada en Getxo el pasado 11 de noviembre, el 26 de agosto una autocaravana cargada con unos cien kilos de explosivos estalló en Cuevas de Vinroma (Castellón) y cuyos propietarios habían sido secuestrados y retenidos durante tres días.

Poco después, el 9 de septiembre los artificieros de la Policía desactivaron un coche bomba cargado con 61 kilos de explosivos, frente a la sede del Ministerio de Defensa en Logroño (La Rioja) Además la actuación policial ha contribuido a frustrar los planes de la organización terrorista en tres ocasiones más.

El 21 de junio la Guardia Civil localizó un coche con matrícula portuguesa cargado con más de cien kilos de explosivos en la localidad de Ayamonte (Huelva).

Al mes siguiente, el 2 de julio, la Policía francesa detuvo cerca de Saint Jean de Pied de Port a tres presuntos etarras que transportaban 165 kilos de explosivos en una furgoneta robada.

El 19 de julio un presunto miembro de ETA abandonó una fiambrera con cableado, detonadores y sustancias explosivas en un taxi cuando circulaba por Torreblanca (Alicante), al percibir la presencia de un control policial.

A todo esto hay que sumar las habituales acciones propagandísticas de ETA, como las bombas de escasa potencia que estallaron el 25 de julio cerca del puerto de Belagua (Navarra) poco después del paso de la caravana publicitaria del Tour de Francia.

También el 2 de septiembre, coincidiendo con la operación retorno de las vacaciones de verano, un artefacto de escasa potencia estalló en Fuenmayor (La Rioja).