Hitchcock
Hitchcock en una imagen promocional de 'Los pájaros' (1963) Universal

Cuando decimos "Este actor o película está de Oscar" expresamos con ello que esa interpretación o largometraje nos ha encantado. De los máximos galardones que concede la industria de Hollywood esperamos siempre que se reconozca a los "mejores", sobre todo del cine norteamericano o anglosajón, que para eso se crearon, para promocionar sus productos. Y aunque sus ganadores acostumbran a tener después una notable valoración por parte del público, lo cierto es que hay olvidos y ninguneos de campeonato, aunque luego estén las estatuillas honoríficas para compensar.

Da grima pensar que Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Akira Kurosawa, Stanley Kubrick o uno de los mejores directores norteamericanos de la historia, Howard Hawks, jamás lograron la estatuilla en competición. Que nombres míticos como la divina Greta Garbo, Marlene Dietricht, Ava Gardner, Deborah Kerr, Judy Garland, Cary Grant, Richard Burton, Peter O'Toole o Charles Chaplin tampoco. Si directores y artistas inolvidables cuyos trabajos son referentes incluso para los espectadores, críticos y cineastas de las actuales generaciones no ganaron el Oscar, entonces ¿qué credibilidad nos merecen estos premios?

En 1979, 'Kramer contra Kramer' se impuso a 'Apocalypse Now; en 2012 'El discurso del rey' a 'Origen' o 'Cisne negro' Año 1980, concediéndose los premios correspondientes a las películas estrenadas el año anterior. La ganadora es Kramer contra Kramer, un drama ejemplar, con divorcio y un padre que lucha por obtener la custodia de su hijo, y su pareja protagonista es sensacional, Dustin Hoffman y Meryl Streep. También ambos obtuvieron el Oscar, al mejor actor principal y a la mejor secundaria. Sin embargo, en esa misma edición competía uno de los grandes títulos de la historia del cine, Apocalypse Now. La obra maestra de Francis Ford Coppola tuvo que conformarse, de sus ocho nominaciones, con un par de premios de los llamados técnicos, fotografía y sonido.

Demos un vistazo a los Oscar más recientes. No son pocas las voces que han destacado que Birdman (2014) no era mejor que Boyhood o Whiplash. O en 2013, ¿cuál merecía más el premio, 12 años de esclavitud o El lobo de Wall Street, que a la postre se fue sin Oscar alguno? En 2012, ¿la tensión de Argo o el wéstern rompedor de Tarantino Django desencadenado? O en 2012, ¿cuál ha perdurado más en la memoria, El discurso del rey o Origen y Cisne negro? ¿En 2001, Una mente maravillosa o El señor de los anillos: La comunidad del anillo y Moulin Rouge? Además, laAcademia aún está en deuda con Ridley Scott, que el pasado año ni siquiera fue nominado por Marte, un éxito de público y crítica.

A los Oscar le van las lágrimas y los dramas cotidianos. Mucho menos la comedia o la fantasía. Al año siguiente, el debut en la dirección de Robert Redford con Gente corriente (1980) le supuso también los Oscar a la mejor película y dirección. Fue un año de gran cosecha, porque allí estaban entre las nominadas nada menos que Toro salvaje (1980) o El hombre elefante (1980), y sin estar incluidas en el grupo de las cinco finalistas, El imperio contraataca y El resplandor. Seguimos con el año 1981, una modesta producción británica, Carros de fuego, venció al superéxito, y título de referencia en el cine de aventuras, En busca del arca perdida; y en 1982, Ghandi a E.T. El extraterrestre. La película de Spielberg no solo fue el mayor taquillazo hasta la fecha sino que se ganó el corazón de los espectadores y la admiración de la crítica.

Retrocedamos más en el tiempo. Cualquier cinéfilo se pone al borde de un ataque de nervios al pensar que Ciudadano Kane (1941), la ópera prima y obra maestra de Orson Welles, fue nominada y no obtuvo el Oscar. En algo, poco, consuela que al menos se lo llevó un filme de John Ford, ¡Qué verde era mi valle! También haría romper estatuillas el caer en la cuenta que el entrañable musical Siguiendo mi camino (1944), con Bing Crosby, y prácticamente olvidado hoy en día, fuera considerada en su momento mejor que Perdición de Billy Wilder. Volviendo a Orson Welles, una única nominación en su carrera, precisamente por su citado debut, y un único Oscar como mejor guionista.

Vayamos con unas cuantas y polémicas disyuntivas más. En 1964, My Fair Lady mejor película frente a ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú; en 1976 Rocky se impuso más allá del cuadrilátero a Taxi Driver; en 1990 Bailando con lobos a Uno de los nuestros; en 1994 Forrest Gump a Cadena perpetua y Pulp Fiction.

Una larga lista de grandes nombres sin Oscar

David Cronenberg, Christopher Nolan, Wes Anderson, Tim Burton, David Lynch, Quentin Taratino, Paul Thomas Anderson, Brian de Palma o David Fincher son directores con una larga trayectoria e influencia, y que han visto, con todo el respeto que merecen los profesionales que realizan su trabajo, como otros cineastas sin tanto talento han colocado el Oscar en sus vitrinas. Entre los que ya fallecieron, el gran Ernst Lubitsch, Federico Fellini, Sam Peckinpah, Sidney Lumet, Ingmar Bergman o Sergio Leone comparten, además del enorme prestigio del que gozan aún sus obras, que el Oscar de Hollywood nunca fue a parar a ellos en pugna con otros candidatos.

Un rápido vistazo a las actrices que tampoco recogieron el Oscar, ni como protagonista ni secundaria: Sigourney Weaver, Michelle Pfeiffer, Glenn Close, Catherine Deneuve, Annette Bening, Jessica Chastain o Naomi Watts. En la presente edición, Amy Adams, cinco veces nominada y este año ausente pese a sus dos grandes interpretaciones, en Animales nocturnos y La llegada. Otra mirada al pasado para comprobar que tampoco lo obtuvieron una Barbara Stanwyck, Lauren Bacall, Rossalind Russell, Gena Rowlands o Mia Farrow —la ex de Woody Allen ni siquiera ha sido nominada una sola vez—.

Y lo mismo con ellos. Liam Neeson, Ralph Fiennes, Edward Norton, Robert Downey jr, Johnny Depp, John Malkovich, Harrison Ford, Viggo Mortensen, Bill Murray, Brad Pitt, Tom Cruise, Samuel L. Jackson, Ed Harris o el fallecido Alan Rickman, entre los más actuales. Por su parte, Marcello Mastroianni, Steve McQueen o Max Von Sydow —aún en activo pese a sus 86 años— en representación de los clásicos.

Aún seguimos preguntándonos por qué ganaron el Oscar (a mejor película)

'Crash' de Paul Haggis (2004). Personajes al límite e historias cruzadas, también una de las ganadoras al Oscar a la mejor película más discutidas. La favorita en esa edición era Brokeback Mountain, la historia de amor homosexual entre dos vaqueros.

'Chicago' de Rob Marshall (2002). Un musical que podía tener su gracia, pero vista con el tiempo no era para tanto. En cambio, sí que han perdurado tanto El pianista —que obtuvo mejor dirección y actor para Adrien Brody— como El señor de los anillos: Las dos torres.

'Shakespeare in Love' de John Madden (1998). ¿Deliciosa o insulsa? Según se mire. Puede que fuera una original ficción sobre la vida del Bardo de Avon —e incluso Gwyneth Paltrow ganó el Oscar—, pero también estaba nominada Salvar al soldado Ryan de Spielberg.

'La vuelta al mundo en 80 días' de Michael Anderson (1956). Una adaptación tan espectacular. como aparatosa y tediosa, de la novela de Julio Verne y que se recuerda sobre todo por la música de Victor Young. Mucho más memorables fueron Los diez mandamientos —uno de los mayores taquillazos del cine— o El rey y yo.

'El mayor espectáculo del mundo' de Cecil B. DeMille (1952). Calidad y espectáculo sin reparar en medios era lo que ofrecía Cecil B. DeMille. Sin embargo, hay consenso en que ésta no era su mejor película. Además, 1952 tuvo una cosecha extraordinaria: El hombre tranquilo, Solo ante el peligro, Cantando bajo la lluvia o Cautivos del mal.

'La melodía de Broadway' de Harry Beaumont (1929). A inicios del cine sonoro, la Academia quiso reconocer este olvidable y mediocre musical. De las producciones hollywoodienses de 1929, mucho mejores fueron Lucky Star de Frank Borzage —sin nominaciones— o Aleluya de King Vidor.