'Múltiple'
James McAvoy, protagonista de 'Múltiple'. Universal Pictures

Muchos ya hablan emocionados del gran retorno de M. Night Shyamalan. El director hindú, que fue uno de los niños bonitos de Hollywood gracias a trabajos como El sexto sentido, El protegido o Señales, se convirtió hace aproximadamente una década en todo lo contrario, casi un apestado cuyos trabajos eran cruelmente destrozados por la crítica e ignorados por el público.

Lo cierto es que no daba una, empezando por la extraña e incomprendida El incidente (2008) y continuando por la hueca y tediosa Airbender (2010) y la nefasta After Earth (2013), que supuso un varapalo también para Will Smith.

Para regocijo de cualquier aficionado al buen cine de entretenimiento, Múltiple se aproxima mucho más a sus primeras y brillantes producciones que sus últimos productos prefabricados. ¿Su retorno? No. Shyamalan ya volvió a ser Shyamalan en La visita (2015), donde demostró que se desenvuelve mejor con trabajos de presupuesto limitado que con grandes superproducciones.

En Múltiple, el cineasta cuenta la historia de Kevin, un hombre con 23 personalidades diferentes que, arrasatrado por una de ellas, secuestra a tres chicas adolescentes. A partir de ahí, construye un tenso thriller que hereda muchos elementos de la citada La visita y que recuerda en su planteamiento a filmes como Calle Cloverfield 10: unos jóvenes recluidos en un pequeño espacio del que no pueden escapar y en el que permanecen siempre vigilados por su inquietante anfitrión.

La diferencia es que, en este caso, el foco no está siempre en las víctimas sino que a menudo se centra en Kevin y la relación con su psiquiatra. Él es la estrella, y se lo debe al excepcional trabajo de James McAvoy (Expiación, X-Men: Primera generación, Shameless), más camaleónico que nunca al dar vida a diferentes personajes que conviven dentro de un solo cuerpo. Siempre perturbador, es un escalofriante gusto escucharle hablar y cambiar de registro. En el doblaje, inevitablemente se pierde este valor, sobre todo con una de las personalidades más peculiares del protagonista, por lo que la versión original es aquí más recomendable que nunca.

Hay un segundo problema, evitable, mucho mayor que el doblaje: el tráiler de la película. En la era de los tráilers nefastos que cuentan las películas enteras de principio a fin, el de Múltiple se lleva la palma, revelando todas las claves de la historia y destripando sin contemplaciones el último acto del filme. ¡No vean el tráiler! Si lo han visto, tan solo les queda una cosa por descubrir, una sorpresa que el director se guarda para los créditos y que, sin ser exactamente uno de esos giros que tan popular le hicieron, sí le da una nueva dimensión a la película, especialmente para los fans del director, aquellos que nunca perdieron la fe en él y los que la quieren recuperar.

Frente al imponente McAvoy, no desmerece la joven Anya Taylor-Joy, que se mete en la piel de una de las víctimas –una joven fría, introvertida y cerebral– y confirma lo que ya dejó entrever en La bruja, una prometedora carrera en Hollywood. El tridente de grandes actuaciones lo completa Betty Buckley como la doctora Karen Fletcher, quien ejerce, en cierto modo, como narradora, explicitando los detalles del argumento.

El reparto se convierte así en uno de los pilares sobre los que Shyamalan reconstruye su inconfundible estilo, original, efectista, psicológico, oscuro, claustrofóbico y que, en este caso más que nunca (el motivo de ello es un spoiler), deja con ganas de más.