Mientras en otras universidades españolas los estudiantes deben reutilizar los cadáveres para aprender anatomía o investigar, en la Universidad Miguel Hernández de Elche exportan sus cuerpos.

Según el subdirector del departamento de Anatomía e Histología, Francisco Sánchez del Campo, tienen un acuerdo con los centros que necesitan cadáveres y suelen mandarlos a Albacete, Extremadura o Zaragoza.

Este superávit de cadáveres se produce porque en la provincia de Alicante reside un gran número de ciudadanos extranjeros y europeos, que son más dados a donar su cuerpo a la ciencia.

Así, hay dos perfiles diferenciados de donante. En primer lugar, se trata de personas de entre 50 y 60 años, europeas pero residentes en España, que deciden hacer testamento y que su cuerpo sirva para el estudio.

El otro prototipo es el de españoles residentes en el país, de unos 20 o 30 años, que se consideran altruistas y colaboran con ONG.

La donación es un sencillo proceso (se firma un impreso junto con dos testigos), y los cuerpos son muy útiles en las facultades.

Duran entre uno y dos años y se emplean para aprender anatomía e investigar nuevas técnicas médicas y aparatos.