Théodore Rousseau - Mont Blanc Seen from La Faucille, Storm Effect, begun 1834
Una tormenta sobre el Mont Blanc pintada por Théodore Rousseau Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhagen - Photographer: Ole Haupt

Fue uno de esos artistas abatidos por la mala suerte y las desgracias, pero nada en su obra presupone un humor melancólico o siniestro. Al contrario, Pierre Étienne Théodore Rousseau (1812-1867) se dedicó casi en exclusiva a pintar con un estilo embriagador e impulsivo paisajes de cariz casi épico que pretendían oponerse al romanticismo con un realismo sin amaneramiento.

La exposición Unruly Nature: The Landscapes of Théodore Rousseau (Naturaleza ingobernable: los paisajes de Théodore Rousseau) reúne setenta óleos y dibujos de un artista sólo interesado en transmitir la variedad de los paisajes de Francia, país que recorrió intensamente, abordando todo tipo de panoramas, desde montañas alpinas a campos de labradío, e intentando captar los efectos sobre ellos del clima y la iluminación de cada estación del año.

Activos entre 1830 y 1870

Miembro de la llamada Escuela de Barbizon —por la villa del mismo nombre, situada en las cercanías del Bosque de Fontainebleau—, un grupo de artistas que comenzaron a instalarse en el pueblo para compartir la visión común de la pintura y su necesario alejamiento de los excesos del romanticismo formalista de, por ejemplo, Delacroix. El grupo de Rousseau, que se mantuvo activo entre 1830 y 1870 y entre cuyos miembros destacaron Jean-Baptiste Camille Corot y Jean-François Millet, deseaba que en los cuadros latiesen emociones no tangibles.

La exposición, que celebra y organiza el Museo Getty de Los Ángeles (EE UU) y estará en cartel hasta el 11 de septiembre, quiere demostrar la contribución del artista a la preminencia del paisaje en la pintura francesa desde la década de 1830 y la influencia que tuvo en movimientos posteriores, sobre todo el audaz impresionismo, que fundaría Claude Monet en torno a 1874 y extendería por toda Europa la idea de que el objeto o tema de una pintura debía ser la impresión visual y luminosa que causaran sobre el artista.

Ninguneado por los conservadores

Nacido en una familia burguesa parisina en la que había uno o dos artistas, pero las rentas procedían del comercio, Rousseau tuvo que oponerse a los deseos de su padre para dedicarse a pintar. Una vez superada esa barrera, le tocó lidiar con otra acaso más intransigente: el tutelaje dictatorial que imponía el gremio de los artistas sobre los salones, las únicas oportunidades de presentar al público las obras, siempre que contasen con el beneplácito de las élites mayoritarias y conservadoras.

Le hacían tan poco caso que comenzaron a llamarlo 'el gran rechazado' Pese a que sus primeras obras tuvieron buenas críticas, fue ninguneado de manera tan constante que recibió el sobrenombre de "le gran refusé" ("el gran rechazado"). Finalmente, en 1848 pasó el corte con el bellísimo y expresivo Lisière en forêt de Fontainebleau, soleil couchant, que es hoy propiedad del Louvre. Para entonces ya vivía en Barbizon y había reunido una gran cantidad de paisajes de todo el país.

'Variedad asombrosa'

La exposición explora en profundidad "todos los logros" de Rousseau y lo sitúa como un precursor con cuatro décadas de adelanto del impresionismo, dice Timothy Potts, director del museo. "La variedad de estilo y técnica es asombrosa" y "no debe extrañar que maravillara a sus contemporáneos" y colegas de escuela, añade.

Una exposición de paisajes sublimes de Constable fascinó a los parisinos en 1824 Formado en la tradición del paisaje neoclásico pero arrastrado por las corrientes del naturalismo romántico, en el artista se adivina la inspiración del inglés John Constable, cuyas sublimes escenas rurales habían fascinado a los jóvenes pintores del área de París gracias a una exposición en 1824.

'Épicos cambios de humor'

Uno de los coordinadores de la exposición, Scott Allan, destaca los "épicos cambios de humor" de los paisajes de Rousseau, que podía pintar escenas que emanaban turbulencia o embriagadora paz. "Podía ser un artista impulsivo, pero también sabía pintar de manera más desapasionada, paciente y analítica", añade. Dos cuadros de un mismo motivo podían ser casi antítesis, como sucede con el par de óleos que dedicó al Mont Blanc: en 1834 lo pintó envuelto en una tormenta que destacó con brochazos bruscos y manchas casi abstractas y en 1863 lo colocó en la lejanía de un panorama de luminosa melancolía.

Era incapaz de decidir cuándo una obra estaba del todo terminada Además de ser un profesional de la duda, a veces incapaz de decidir cuándo las obras estaban del todo completas, lo que le impedía colocar trabajo suficiente en los mercados, Rousseau sufrió una cadena de desgracias en los años finales de su vida. Primero se vio obligado a internar a su esposa en un sanatorio mental, porque la mujer sufría ataques psicóticos violentos.

Luego enfermó gravemente de una neumonía, que contrajo precisamente en el Mont Blanc. La dolencia le impidió trabajar durante una larga temporada y se agravó con un insomnio pernicioso. Casi en la ruina, murió en los brazos de su mejor amigo, el pintor Millet.