Comerciantes de Otxarkoaga
Francisco, uno de los comerciantes, muestra su tienda de alimentación M. R.

«El Ayuntamiento va a tomar cartas en el asunto». Es la promesa que hizo ayer el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, a los comerciantes y vecinos de Otxarkoaga, ante la situación de inseguridad que vienen sufriendo en los últimos meses.

Azkuna se reunió ayer de urgencia con representantes del barrio al conocer la situación. El alcalde aseguró que están estudiando el tema y que pondrán más vigilancia policial, según explicó a 20 minutos el presidente de los comerciantes, Abel Charcán.

Insultos, amenazas, incluso agresiones en plena calle, además de destrozos en las tiendas y un continuo hostigamiento a los comerciantes. Los tenderos acusan, directamente, al «gueto» formado entre la calle Txotena e Irumineta, donde familias desestructuradas, sencillamente, caminan a sus anchas por el barrio. Hartos por lo que están viviendo, cerrarán las persianas de sus negocios el jueves de 18.00 a 20.00 h, cuando también llevarán a cabo una manifestación que pasará «por uno de los focos del problema», la calle Txotena.

«Los incidentes que han pasado últimamente son casi anécdotas; el problema es que hay un caldo de cultivo debajo: sólo viven de las prestaciones sociales», considera Ángel Velasco, portavoz de la agrupación de vecinos.

Los últimos sucesos tienen que ver con los niños de las familias. «Entran a las tiendas, tiran las cosas...; y son intocables», explica Francisco, también comerciante. Hace quince días la Ertzaintza tuvo que escoltar a la familia de un comerciante que le dio una bofetada a uno de los chavales. En media hora, decenas de adultos se agolpaban a las puertas de la tienda para ‘saldar cuentas' con él.

Un problema que viene de lejos

La inseguridad ha rebrotado en Otxarkoaga. Pero el problema no es nuevo, ni mucho menos. Los vecinos y comerciantes llevan sufriendo las amenazas, insultos o ataques desde hace ya muchos años. Hace alrededor de un año, vecinos y comerciantes recogieron firmas con las que solicitaron al Ayuntamiento que pusiera medidas. Pero todo sigue igual. Algunos vecinos consideran que la solución es separar, disgregar, a las alrededor de 1.000 familias desestructuradas.