Nada más poner el primer pie en la estación de Málaga, muchos viajeros, que llevaban unas cuatro horas y media sin llenarse de humo los pulmones, buscaban con celeridad encender un cigarrillo y por fin exhalar su primera calada. A pesar del ánimo contenido, la gran mayoría de los afectados por la prohibición de fumar en los trayectos de menos de cinco horas se mostraban comprensivos con la medida. Y señalaba su carácter injusto por favorecer a unos y castigar a otros.

Por ello, una solución intermedia se repetía de boca en boca cuando los viajeros comenzaban a enfilar el andén de turno: «Podrían instalar una zona de fumadores y todos estaríamos contentos».

Marta Jiménez (17 años). «Me parece muy bien que no dejen fumar en los trayectos. Yo cojo habitualmente el tren hasta Pizarra y nunca he visto a nadie fumando, pero si alguno se sentara cerca de mí, me molestaría el humo».

Francisco Martín (60 años). «Yo no fumo
y me parece estupenda la medida. Antes
sí fumaba y ahora me molesta cuando alguien se enciende un cigarro. Yo únicamente dejaría fumar al que verdaderamente lo necesitara».

Erika Fischi (25 años). «No estoy de acuerdo con la medida, porque deberían poner una zona para fumadores y otra para no fumadores. Hace 20 años el Estado nos incitaba a fumar y ahora nos trata como a unos leprosos».