Andrea Levy
La vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, Andrea Levy, durante su intervención en el congreso provincial del Partido Popular de Lugo que designa al líder de la formación en la provincia. EFE

Cuando Andrea Levy llegó a la quinta planta de Génova 13, como sustituta de González Pons, los tópicos más repetidos fueron frescura, juventud y nueva imagen. Se ve que esa era la intención de Rajoy -rejuvenecer, refrescar y dar una nueva imagen- cuando la incorporó a su estado mayor y le encomendó, con los coroneles Maroto y Casado, la primera línea de defensa de una guarnición atacada por cuatro flancos: el paso del tiempo, la corrupción, la crisis y los errores. “Qué mal debe andar el partido para me que pongan a mí de vicesecretaria”, pensó, con buen juicio, cuando la llamó Cospedal para anunciarle el nombramiento.

Nació en la parte alta de Barcelona, en una familia acomodada de la que no le gusta dar detalles, y es, como su ciudad, hija de la mezcla. El primer apellido, judío, lo que le ha costado estremecedoras amenazas en las redes sociales; el segundo pudo llegar desde cualquier punto del levante peninsular, entre Almería y Girona. Tras pasar por el Liceo Francés, donde dirigía la radio colegial, estudiar Dibujo durante un año en Londres y entrar en la facultad de Derecho de Barcelona, se presentó en el número 249 de la calle Urgell, donde el Partido Popular de Cataluña tiene su sede: "Vengo a afiliarme".

Tenía 20 años y su principal referente político era Josep Piqué, ministro de Aznar. Ya en la década actual, y después de conseguir un buen trabajo en el bufete de Urías Menéndez, se incorporó al equipo directivo del PP catalán y, de paso, a las tertulias de la tele donde enseguida advirtieron –advertimos- que defiende sus tesis con inteligencia y soltura, unas veces con la sonrisa más seductora, otras enseñando uñas y dientes, pero siempre con argumentos y, más difícil todavía, con independencia de criterio. En el cuerpo a cuerpo, es dura de pelar. Aunque se dice partidaria del análisis, el estudio y la reflexión, siempre está dispuesta a dar un buen zasca en defensa propia, ya sea con un titular de prensa o con 140 caracteres. Bien lo pudieron advertir Pablo Iglesias y Ramón Espinar, de Podemos, cuando dieron dimensiones desmesuradas a una broma de la tele.

Habita entre Madrid, Barcelona y el AVE, donde aprovecha para leer y escuchar música en spotify, trabaja quince horas al día y más allá –o más acá- de los tópicos es como parece: una mujer de 32 años, libre, desinhibida, que se mueve por la ciudad en Vespa, combina seriedad y cordialidad, responde con elegantes cortes a los comentarios machistas y tiene amigos hasta en el infierno.

En los últimos meses le han buscado novios en dos infiernos, el del independentismo y el de la prensa, lo que no quiere decir que los haya tenido o los haya dejado de tener; quiere decir que la irrupción de nuevos rostros en la vida pública y de nuevos estilos en el periodismo amenaza con destrozar las lindes entre las sección de política y la de corazón. Se presenta como “liberal”, sin más, vive su actividad como una pasión que sienten “todas las partes de mi cuerpo” y sabe ponerse en su lugar del otro, buscando territorios de concordia, ya sea con un tuit contemporizador o con un buen gin-tonic.

Y no, no es mujer que necesite aferrarse a  los argumentarios cocinados por el gobierno o el partido. Pero, créanme ustedes: le sobra capacidad para escribirlos.

Andrea Levy Soler

  • Barcelona, 1984.
  • Licenciada en Derecho, diplomada en Relaciones Internacionales y Protocolo.
  • Secretaria de Estudios y Programas del Partido Popular desde junio de 2015.
  • Diputada del parlament de Catalunya desde septiembre de 2015.