Xavier Domènech
Xavier Domènech, llegando al Congreso para el debate de investidura de Pedro Sánchez. GTRES

En Twitter se define como "historiador, activista y a veces otras muchas cosas". En mayo de 2015 Pablo Iglesias lo presentó en su programa de televisión, La Tuerka, como "uno de esos historiadores realmente útiles para los que hacemos política". Con máxima sutileza, él sustituyó el adjetivo 'útil' por uno más amable: 'comprometido'.

Sus compromisos intelectuales echaron pie a tierra a partir de 2008, cuando vio que desde el poder culpaban de la crisis a sus víctimas, acusándolas de vivir "por encima de sus posibilidades". Decidió aparcar su trabajo como profesor en la universidad de Bellaterra, dedicar menos horas a los libros y a la familia (tiene un hijo de tres años) y retomar el activismo de su juventud primera, cuando se hizo insumiso, en tiempos de la mili obligatoria, y participó en manifestaciones contra la Guerra del Golfo.

A partir de 2011 dio cuerpo teórico al 15-M y, pasando de la protesta a la propuesta, se metió hasta las cejas en la construcción de una nueva izquierda.

En esas anda, de la mano de la alcaldesa Colau. Tras diseñar un plan para sacar a los Borbones del callejero de Barcelona encabezó la lista de En Comú Podem la más votada en Catalunya, donde convive la coalición de Colau con la organización de Pablo Iglesias e Iniciativa per Catalunya-Verts. Solo en la circunscripción de Barcelona sacaron 300.000 votos más que el PSC-PSOE y 400.000 más que el PSUC, partido mítico de la izquierda catalana, en sus mejores tiempos.

Tiene 41 años. Nació cuando Franco empezaba a morir, se crio llorando por Chanquete y viendo al Cojo Manteca destrozar mobiliario urbano frente al ministerio de Educación. Esas cosas imprimen carácter. Y el hecho de que la abuela Paulina, la primera mujer que trabajó en el Ayuntamiento de Sabadell, fuera depurada por la dictadura. Y que la guerra del abuelo Joan durara más de seis años: estuvo en la Quinta del Biberón, pasó por un campo de internamiento y tuvo que repetir la mili, en Melilla. Y las aficiones de los padres, entre Canet Rock y las Jornades Llibertàries de Sants. Él entró en el Congreso evocando la Revolución Francesa: "Sí, prometo, por la libertad, la igualdad y la fraternidad".

Es conversador cordial, respetuoso, socarrón. De ojos claros, que se le achican cuando sonríe, tiene una mirada amable, inteligente y pícara. Gasta perilla, flequillo y arete en la oreja izquierda, que le sirve, dice, para que los amigos recuerden que es por la que no oye "por culpa de unos antibióticos mal recetados de niño".

Como Iglesias, cree que la izquierda debe asaltar el cielo, no le hace ascos al populismo y, aunque coquetea con el soberanismo, no es independentista: eso, dice, es ajeno a la tradición obrerista catalana. También es ajeno a su cultura mestiza, que deambula entre Abdón Terradas y Pi i Margall, Gramsci y El Noi del Sucre, Bebo Valdés y el Cigala, Auxias March y Antonio Machado, de quien se queda con un verso: "En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad".

Xavier Domènech Sampere

  • Sabadell, 1974.
  • Doctor y profesor de Historia de la Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Diputado por Barcelona de En Comú Podem. Portavoz adjunto de la Junta de portavoces del Congreso de los Diputados.