Terremoto Perú
El presidente peruano, Alan García, habla con algunos ciudadanos en Pisco. (EFE). EFE

Las denuncias de robos y asaltos en la zona más afectada por el terremoto de Perú han llevado a la Policía y las Fuerzas Armadas a establecer patrullas que vigilan la ciudad durante las 24 horas del día para evitar desmanes.

"El objetivo es mantener el orden, ya que hay algunos que se quieren pasar de vivos", declaró a Efe un soldado de los casi 300 que la Infantería de Marina ha desplazado a la costa central peruana, epicentro del cataclismo. Junto a ellos están miembros del Ejército, unos 400, y de la Policía Nacional, que también ha multiplicado sus efectivos en el área.

Estas patrullas recorren a pie y en camiones la ciudad de Pisco y cada una tiene asignada un área de varias manzanas, con relevos cada seis horas.

Gente con necesidad 

"Los saqueos están disminuyendo, pero aún en la noche ocurren algunos hechos delictivos", explicó un miembro de un grupo especial de la Policía, que precisó que, "sobre todo, ocurre en mercados y tiendas, donde utilizan hierros y todo lo que tienen a mano para abrirlas".

Sin embargo, el mismo policía argumentó que se trata de gente que "tiene necesidades y, a lo mejor, no está muy informada de cómo está funcionando la ayuda, por lo que ha tomado esta opción".

Los ladrones gritan frases como "¡el mar se sale!, ¡tsunami!" para provocar la huida de una población ya aterrorizada y entrar a robar a las casas

Ese motivo es el que lleva a las Fuerzas Armadas, según declaró el comandante del Ejército José Antonio Muñoz Rodríguez, a "no atacar de frente, porque son personas que se encuentran en una situación complicada".

"Cuando los encontramos realizando algún acto ilegal, primero les convidamos a dejar lo que están haciendo y, si no lo hacen, actuamos", agregó.

Un infante de Marina dijo que sus instrucciones son "realizar disparos al aire cuando una de estas situaciones se presente", pero utilizando "munición de salva, que no entraña peligro".

Una treintena de detenidos

En el calabozo y el patio de la Comisaría de Pisco, situada en la misma Plaza de Armas donde el miércoles se desplomó la iglesia de San Clemente, donde murieron un centenar de personas, se encuentran detenidos una treintena de hombres acusados de robos y asaltos.

Un miembro de la Policía local explicó que uno de los métodos empleados es el de sembrar el pánico en la población al grito de "¡el mar se sale!, ¡tsunami!", lo que provoca la huida de una población ya aterrorizada y "permite a los ladrones entrar a robar a las casas".

Además, muchos de los presos que aprovecharon el terremoto para huir de la prisión de Tambo de Mora aún no han sido capturados y se teme que puedan cometer hechos delictivos.

Otra de las actividades que preocupa a las Fuerzas Armadas es el robo de materiales que algunas personas realizan aprovechando la destrucción reinante en la ciudad de Pisco y que sacan de los escombros.