El dinero siempre es temeroso porque a nadie le gusta perderlo. Los inversores mundiales, que hace un año estaban preocupados por el enfriamiento de las economías emergentes y la situación de China, han empezado ahora a ver 'cocos' por todos los flancos. Dudan de que el precio del petróleo haya tocado fondo, dudan de que los bancos puedan recuperar sus créditos en los países con dificultades y en las empresas petroleras, dudan de que los países avanzados completen su recuperación tras la crisis de la última década... y todas esas dudas han provocado una oscura espiral en los mercados.

La retirada masiva de dinero de los parqués hacia valores seguros está hundiendo las acciones de las empresas cotizadas. Las Bolsas mundiales caen sin remisión desde diciembre y el temor a otra crisis mundial ha vuelto a dispararse entre los expertos. La Bolsa española (en línea con el resto de parqués del mundo) cayó este lunes un 4,4%, la mayor rebaja diaria desde agosto de 2015, el mes en que China devaluó por tres veces su moneda. Este martes, el Ibex-35 vuelve a marcar números rojos, un -2,39% de caída que hunde al índice selectivo por debajo de la barrera psicológica de los 8.000 puntos.

¿Qué provoca el temor a una nueva crisis mundial?

1. Dudas sobre el sistema bancario europeo. Las malas cifras y las malas noticias se acumulan en el sector financiero, ya de por sí afectado por los bajos márgenes que disfrutan por unos tipos de interés en las raspas y que apenas les permiten hacer 'negocio bancario'. El alemán Deutsche Bank presentó pérdidas históricas de 6.700 millones en 2015 y sus acciones cayeron el lunes un 10% hasta reposar en niveles de 1999. Las entidades italianas cargan con 200.000 millones de euros en créditos dudosos y el Gobierno italiano se ha visto obligado a pactar con la UE una solución que evitara un rescate bancario, el remedio que se aplicó en España. Los principales bancos de nuestro país tampoco tienen un panorama clarificado en su horizonte, a pesar de que el año pasado presentaran una ganancia conjunta de 11.276 millones de euros: Santander y BBVA sufren en sus balances el lastre de la recesión en Latinoamérica, donde tienen gran presencia; Bankia está expectante ante las decisiones que tomen los juzgados en las demandas de sus accionistas por la salida a Bolsa de 2011, aunque la entidad gano optimismo tras conocer que el Supremo considera que no deberían indemnizar a los inversores institucionales y que Economía estudia un arbitraje para evitarle a la entidad —de la que es propietaria en un 60%— el pago de 500 millones en costas de abogados. Estos problemas en las entidades españolas se reflejan en los mercados de valores. Solo en 2016 las acciones del BBVA han caído un 17,36%, las del Santander un 22,8%, las de Caixabank un 22,9%, los títulos de Bankia un 25,51%, los del Popular un 28,85% y los del Sabadell un 7,93%.

2. Problemas con el tercer rescate a Grecia. Cuando parecía que el quebradero de cabeza de Grecia había finalizado el pasado año con el acuerdo para un tercer rescate del país heleno, las dudas vuelven a rondar las finanzas del Ejecutivo comandado por el partido izquierdista Syriza. La Bolsa de Atenas se derrumbó este lunes casi un 8% —hasta niveles de hace casi de 20 años— y la prima de riesgo se aupó por encima de los 1.000 puntos después de que la troika de cuatro (CE, FMI, MEDE y BCE) no saliera satisfecha la semana pasada del país tras la primera reunión de revisión del programa de rescate. Además, se empieza a rumorear una nueva convocatoria electoral tras las tres huelgas generales celebradas contra el presidente de Alexis Tsipras, presionado por los acreedores para que endurezca el régimen de las pensiones públicas.

3. Los inversores buscan caladeros seguros. En un entorno de turbulencias en los mercados, los inversores prefieren ir a lo seguro para posicionar su dinero. De ahí las grandes caídas de todos los valores en la Bolsa española —las 35 compañías del Ibex cotizaron este lunes en negativo— y los hundimientos generalizados en los índices selectivos de todo el mundo. "Los inversores están mostrando una extrema aversión al riesgo", se apunta desde Banca March. El dinero retirado en estos valores busca otros refugios, como los títulos soberanos, a pesar de su baja rentabilidad que, en algunos casos, llega a ser negativa. Los 'refugios' beneficiados son el oro (que sube un 12% en este ejercicio), el bono estadounidense (se revaloriza un 5% en la útlima semana) y en Europae el bono alemán a 10 años. El bund germano cayó este lunes hasta el 0,24%, casi un tercio de la rentabilidad que presentaba a principios de año (0,63%). El efecto inmediato de estos tipos inferiores de la deuda soberana alemana es la ampliación de la prima de riesgo en países como España; pese a que la rentabilidad del bono español ha caído en tres décimas (del 1,78% al 1,76%) en lo que llevamos de 2016, la prima española se amplía en 37 puntos básicos (de 115 a 152) por el descenso acusado del bono alemán frente al que esta mide su riesgo.

4. Los países avanzados no crecen como se espera. Es una de las grandes preocupaciones del FMI, junto a la debilidad de los emergentes. Los datos de empleo en Estados Unidos el pasado viernes fueron decepcionantes y este mismo martes, la decepción se ha trasladado a Alemania. "La producción industrial alemana ha caído sorprendentemente en diciembre un -1,2%, cuando se esperaba un repunte del +0,5%, sus exportaciones retroceden -1,6% cuando también se estimaba un repunte y las importaciones también un -1,6%, pese a que se esperaba una caída de apenas el -0,5%", asegura Victoria Torre, jefa de análisis de Self Bank. La recuperación "moderada y desigual" en el crecimiento de los países avanzados y la preocupación sobre los emergentes, hizo al FMI rebajar dos décimas en su informe de enero las perspectivas mundiales de crecimiento para 2016 y 2017. "Si estos retos fundamentales no se manejan adecuadamente, el crecimiento mundial podría descarrilarse", advirtió el Fondo.

5. El crudo barato hunde a productores y petroleras. El petróleo barato es bueno para los consumidores de los países importadores (como España) porque les supone un abaratamiento de los carburantes. Pero un barril a 30 dólares, si se prolonga en el tiempo, hundiría la economía de países productores como Rusia, Venezuela, Brasil y Nigeria porque, para ellos, el precio de extraer su crudo es superior a esa cifra. El efecto de una crisis presupuestaria en esos países acabaría impactando en la economía global. "Ese miedo existe, por eso las Bolsas reaccionan directamente al alza o a la baja según evoluciona el precio del barril", admitía recientemente a 20minutos Daniel Pingarrón, analista de IG. El precio del barril de Brent ha caído un 76% desde 2014 y ese dato, en países cuyos ingresos dependen directamente de la venta de crudo, es un bofetón a sus cuentas. Pese a que el precio se ha estabilizado en el último mes alrededor de los 30 dólares, la Agencia Internacional de la Energía ha advertido este mismo martes que la cotización del barril no ha tocado fondo. Y cita dos motivos: uno, que la demanda no está creciendo tanto como se esperaba con unos precios tan bajos; y el segundo, que el excedente de oferta sobre la demanda en la primera parte de 2016 es mayor que el previsto en su anterior informe. "Si estas cifras se confirman, en un mercado ya inundado de petróleo, es difícil pensar cómo los precios del petróleo podrían aumentar significativamente a corto plazo", dice la AIE. La situación impacta sobremanera en el sector petrolero: la deuda de las petroleras se ha triplicado, los despidos se han generalizado en el sector y los números rojos han llegado a los balances de las grandes compañías petrolíferas. La española Repsol presenta pérdidas de 1.200 millones de euros en 2015 y BP de hasta 6.500 millones, sus peores resultados en 20 años.

6. China y los emergentes siguen preocupando. Los países en desarrollo, que empujaron la década pasada a la economía global por la venta de sus materias primas a Occidente y a China (la segunda economía mundial en términos de PIB), se encuentran ahora en plena depresión por el enfriamiento del gigante asiático y el crecimiento moderado de los países avanzados. No solo la bajada de precios del petróleo afecta a los emergentes productores de crudo, el resto de materias primas (zinc, níquel, hierro) que exportan estos países también han perdido valor: el índice de Commoditties de Bloomberg se ha depreciado un 45% desde 2014. Estos países miran de reojo además a la política monetaria de Estados Unidos, que a finales de 2015 subió tipos por primera vez desde hace años, algo que les perjudica porque conlleva una apreciación del dólar y una dificultad mayor para devolver sus deudas en esta moneda. "El deterioro en el desarrollo de los países emergentes, con China y Brasil en transiciones nada cómodas, sumado a la inestabilidad financiera van a condicionar a la baja el crecimiento del comercio a nivel mundial", admitió este martes el economista Emilio Ontiveros durante un encuentro en Madrid

7. Y en España... recortes a la vista. El último informe de la Comisión Europea envió dos mensajes claros a España. Por un lado que "la incertidumbre" por la formación del nuevo Gobierno es uno de los riesgos que afronta la economía española. El otro es que la falta de rigor presupuestario (especialmente en las autonomías) llevará a España a incumplir su cifra de déficit en 2015 (-4,8% estima la CE, frente al -4,2% del Gobierno) y en 2016 (-3,6%, frente al -2,8% que calculó en Ejecutivo de Rajoy). La consecuencia es que España deberá llevar a cabo ajustes cercanos a los 10.000 millones de euros, bien recortando gastos o bien aumentando impuestos. Ni una cosa ni la otra está prevista en los presupuestos que el Gobierno dejó preparados para 2016, y tampoco en los programas electorales de los partidos que negocian la formación de un Gobierno de coalición. Además, los malos tiempos para los emergentes también afectan a España: compañías como Telefónica o Mapfre tienen gran presencia en países de Latinoamérica como Brasil, un país en plena recesión, que decreció un -3,8% en 2015 y para el que el FMI estima una nueva caída de la actividad del -3,5% en 2016. El Ibex-35 no ha sido ajeno a la espiral de temor en los mercados ni a la incertidumbre que planea sobre la economía española. El selectivo español ha perdido ya un 14,9% en lo que llevamos de año, desde los 9.544 puntos a los 8.122. Un nivel que no se veía desde 2013, el año en que España tocó fondo en la crisis económica.