Lars Kepler: "No tenemos fe en el ser humano, hay algo malo en nosotros"

  • "Yo prefiero morir a matar a alguien. Rezo porque eso nunca llegue", dice Alexandra, el 50% de Lars Kepler, de visita en España por 'En la mente del hipnotista'.
  • "En nuestra naturaleza existe la violencia y tenemos que mirarlo pero con una distancia de seguridad".
  • "No tenemos ilusiones sobre la humanidad, somos violentos, vemos una araña y la aplastamos".
El matrimonio Kepler, en entrevista con '20minutos'.
El matrimonio Kepler, en entrevista con '20minutos'.
JORGE PARÍS

Como sacados de una película, Los Kepler, el matrimonio sueco formado por Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril, visitan España por dos motivos: su nuevo libro En la mente del hipnotista (Planeta) y BCNegra.

Hace diez años, cuando bajo el seudónimo que siguen publicando, salía a la venta El hipnotista (2010) era impensable verlos. Querían llevar el anonimato hasta el final, pero fue imposible. Tampoco imaginaron que el éxito sería tal que casi recién salido de la imprenta su última obra ya tendrían, como tienen, una venta de medio millón de ejemplares sólo en su país natal.

También se ha posicionado directamente en el número 1 de los países europeos donde se ha publicado, entre ellos Suecia, Alemania, Dinamarca, Finlandia, Eslovaquia e Italia. En este último, las ventas están ya a la altura de El hipnotista.

La novela, llevada la novela al cine en 2013 y que tendrá pronto su propia serie de televisión, en España ha superado la cifra de los 100.00. Sus siguientes, El contrato (Planeta, 2011), La vidente (Planeta, 2012) y El hombre de arena (Planeta, 2014) corrieron igual fortuna.

¿Cómo se escribe a cuatro manos?

Alexander: Empezamos con la trama y la discutimos meses. Cubrimos una pared entera con notas y cada nota es una escena clave y vamos hablando de modo que ambos entendemos las partes. Empezamos a escribir, uno junto al otro, con su propio ordenador. Y cuando acabo le mando un mail a ella.

¿Quién dice por dónde empezar?

Alexandra: Lo hacemos todo absolutamente juntos.

Y tras mandarse esos mails, ¿qué hacen?

Ella: Cojo el texto de él y lo cambio, lo corto, lo modifico, y él hace igual.

¿Continúa la escena donde al dejó el otro?

Él: Sí, y vamos cambiando todo una y otra vez, y tras un rato ya no sabes quién ha escrito qué. Porque hemos dado vueltas a la misma frase diez veces.

Y tienen un corrector al lado...

Él: Sí, la respuesta es inmediata. A veces cuando escribo oigo a los personajes hablando.

Ella: Sí, él susurra al tiempo que escribe lo que dicen los personajes, y da mucho miedo.

A ver si es una posesión...

Ella: Sí, es como una posesión. Me da miedo.

Él: Media hora después del mail ella me lo devuelve y es maravilloso, porque ya puedo añadir más.

Y acaba con la soledad y el bloqueo...

Él: Sí, nunca tenemos bloqueos.

Ella: Tenemos la inspiración arriba todo el rato.

¿Usted también tiene miedo cuando ella escribe?

Él: Sí, puede escribir escenas terroríficas.

Ella: Es que tienes que ser honesto con tu miedo y mirarlo de frente. Yo siempre tengo pesadillas cuando escribo. Cuando estamos en medio del libro, en el centro de caos, y el asesino está suelto y no sabemos qué va a pasar tengo pesadillas cada noche.

Él: Lo mejor es cuando pasan del caos al orden. Al terminar ya tienes las respuestas y ella deja de tener pesadillas.

Ella: La novela negra es como la sociedad debería ser, es una historia sobre el sueño de la sociedad. Tienes héroes, respuestas y justicia. En la vida real nunca consigues esas respuestas y es muy deprimente lo que ocurre en la vida real con la violencia. En la ficción tienes respuestas y puedes arreglarlo, la gente no se rinde. Las víctimas son resucitadas por la justicia.

¿Es catártico?

Ella: Sí, cuando te adentras en tu miedo más profundo, sí. Escribimos libros muy violentos, pero tenemos finales felices, no idílicos.

¿Cuál es su miedo más profundo?

Ella: Los niños, que les ocurra algo a los niños. Todos nuestros libros tienen que ver con que les pueda pasar algo. O que los niños sean los malvados. Un niño malvado... Les hemos conocido todos en el patio del colegio.

¿Cómo influye socialmente la novela negra?

Él: Es entretenimiento pero va del aquí y ahora, de la sociedad, y es perfecta para hablar del fracaso de la sociedad. Siempre trata dilemas morales. Es una buena plataforma para discusiones importantes morales.

Ella: En nuestra naturaleza existe la violencia y tenemos que mirarlo pero con una distancia de seguridad. A través de la novela negra se hace con distancia, es una buena manera de hacerlo.

¿Han llegado a alguna respuesta sobre la violencia?

Él: Intentamos entender al perpetrador, porque la violencia siempre es de un individuo, y la mayoría no mataría a alguien, pero es una parte de nosotros en la historia de la humanidad.

¿Cualquiera mataría?

Ella: No lo sé. Yo prefiero morir a matar a alguien. Espero y rezo porque ese momento nunca llegue. No tengo ilusiones sobre la humanidad, somos violentos, vemos una araña y la aplastamos. Es algo malo que hay en nosotros. Hay cosas buenas también. Creo que tenemos una agenda moral, sabemos qué bien y qué mal, pero los impulsos, la envidia, los deseos...

Él: La novela negra es una manera de investigarte: ¿qué haría yo en esta situación? Es una manera segura de mirar las profundidades de uno mismo.

Ella: Cuando escribimos del peor asesino tenemos que sentir empatía.

Él: Si no, sería un monstruo in más.

Ella: Y nadie nace monstruo sin más.

¿Siempre hay una explicación?

Ella: Absolutamente, no es excusa, pero ha habido elecciones y siempre hay motivos detrás. Mostramos que no era así y que ocurrió algo. Hay que entenderlo aunque no se esté de acuerdo con la manera de actuar.

¿Por qué salieron del anonimato?

Ella: Cuando empezamos a escribir El hipnotista era secreto, ni nuestros hijos lo sabían, lo dimos anónimamente a la editorial. Publicaron el manuscrito y hubo una caza masiva buscando quién era Lars Kepler. Habían intentado cazarnos durante seis meses hasta que una noche estábamos en la cama en nuestra casa de campo, todo estaba oscuro fuera y de repente vimos linternas en el jardín. Se fueron acercando. Llamaron a la puerta, yo estaba en camisón y escondida. Él tuvo que abrir. Eran dos periodistas con cámaras y dijeron: lo sabemos, sois vosotros los Kepler.

Él: Al día siguiente dimos una rueda de prensa. Nos forzaron, pensamos que nunca tendríamos que hacerlo.

¿Temen que sus hijos les lean? Porque uno ya tiene 15 años.

Ella: Quieren leerlo. Siempre les decimos cuando tengáis 15 años. El que cumplió 15 años este verano los ha leído. Y nos dio vergüenza.

Él: No por la violencia, más por el sexo. Intentábamos explicar que había escenas un poco raras que nada que ver con más y papá. Pero dijeron: mamá, hemos crecido con Internet.

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