Polyphem. Mit dem rechten Auge. Berlin: “Der Deutschenspiegel” (1925). Cover illustration by Garvens.
Ilustración de Garvens para un libro alemán editado en 1925 © TASCHEN

Quizá porque la época era tan revuelta y no valía la pena, pensaban algunos, preocuparse por el futuro, o acaso porque al menos había acabado el gran horror de la I Guerra Mundial, la vida cuesta arriba de los alemanes durante la República de Weimar (1918-1933), el periodo histórico y régimen político limitado por dos fracasos: la derrota bélica y el triunfo del nazismo, estuvo salpicada por un intenso hervor creativo.

Los pintores se sacudían de la crisis para volver a la esencia metafísica del ser humano con lo que se llamó Nueva objetividad o el iconoclasta dadaísmo, una especie de punk con sesenta años de adelanto; los escritores clamaron por la justicia social — Bertolt Brecht, Stefan Zweig—, buscaron nuevas fronteras metafísicas —Thomas Mann— o formales —Alfred Döblin—; los cineastas, convertidos por vez primera en augures de masas, buscaron en la metáfora fílmica el modo de representar las quiebras morales —El gabinete del Doctor Caligari— o la potencial pesadilla de la deshumanización —Metrópolis—...

Alemania dio lo mejor de sí misma

Sobre un poso de violencia, intentonas golpistas, enfrentamientos armados en las calles entre facciones de ideologías encontradas, desempleo, hambre y una hiperinflacción de magnitud intolerable que fortaleció a los grandes trusts económicos y condenó al pueblo llano a pasar hambre o pelear por una patata, la creatividad era creciente y palpable. Fue en esta época cuando Alemania dio lo mejor de sí misma, por ejemplo, en el diseño industrial y gráfico gracias a la escuela Bauhaus, el primer centro moderno que colocaba al ser humano y su comodidad en el centro del proceso de fabricación de mobiliario, lámparas, objetos decorativos, edificios...

La nueva 'edad de oro', con la ayuda de los créditos de los EE UU, fue corta pero intensa La progresiva normalización de la situación económica —gracias, sobre todo, a los préstamos que concedieron con magnanimidad los EE UU hasta el crack de la bolsa de 1929— y la paralela eclosión industrial, junto con el regreso del país a los foros internacionales de los que había sido expulsado por la política imperialista y enloquecida del káiser Guillermo II impulsaron un auge en la ciencia, el arte y la cultura. La nueva edad de oro fue corta pero intensa.

'Promesa intelectual'

Un nuevo libro viene a apuntalar el florecimiento de la cultura alemana durante el régimen democrático alemán. Book Covers in the Weimar Republic (Cubiertas de libros en la República de Weimar) reúne más de mil ejemplos de diseños gráficos vanguardistas e innovadores para las cubiertas de los libros editados en el país entre 1913 y 1933. Con Berlín como epicentro creativo del "apasionamiento político, la literatura revolucionaria, la filosofía y el arte", el conjunto puede verse como una "promesa intelectual" de la que surgieron "algunos de los diseños de libros más destacados de la historia moderna".

La colección es un conjunto sin precedentes sobre el diseño gráfico de la época El autor de la monografía, editada por Taschen [452 páginas, un PVP de 49,9 euros y edición bilingüe en inglés y alemán], es Jürgen Holstein (Berlín, 1936), uno de los libreros y coleccionistas de referencia del país. El contenido del volumen está basado en su colección privada de ediciones de época, la mítica Blickfang, que es calificada como un conjunto "sin precedentes" de obras publicadas durante la República de Weimar.

'Deslumbrante gama'

Desde libros infantiles a novelas, ensayos o monografías de artistas, el libro compendia obras de una "deslumbrante gama" de diseños, tanto gráfico como tipográfico. Se trata de "una historia cultural muy particular" y "un testimonio de un período irrecuperable donde dominaban la ambición, la inventiva y la belleza del libro".

Book Covers in the Weimar Republic incluye también ensayos históricos sobre los hallazgos en diseño de un periodo en el que florecía "un espíritu despreocupado" que pervivió solamente "para ser pisoteado, quemado, o expulsado del país" con la llegada al poder de los nazis. Algunas de las piezas más notables del libro son un catálogo de arte diseñado por El Lissitzky y una singular edición de la novela Berlín Alexanderplatz con cubierta de Georg Salter.