El escritor David Llorente
El escritor David Llorente EDITORIAL ALREVÉS

David Llorente solo pretendía escribir un cuento sobre Carabanchel (Madrid), pero acabó componiendo una "novela muy negra" en la que apuesta por una arriesgada estructura narrativa que acaba envolviendo al lector, tanto como los crímenes de su protagonista, el cirujano psicópata Max Luminaria.

En Te quiero porque me das de comer, una miríada de personajes que entran y salen en escena por su capacidad de sufrir o de generar sufrimiento, en una historia que salta dentro de un tiempo delimitado entre 1993 y 2003, con Max Luminaria y el barrio madrileño de Carabanchel como puntos cardinales.

Pero a Llorente (Madrid, 1973) la estructura clásica de la novela negra le parece "un poco aburrida" y además tenía tantas historias y tantos personajes que decidió arriesgar con una forma narrativa que proporcionase el ritmo y la coherencia necesarias.

Es "un gran puzle" por la cantidad de historias que "se ensamblan", y "me di cuenta de que la forma de escribir normal no funcionaba, no daba el ritmo que yo necesitaba", explica el escritor, afincado en Praga.

Me di cuenta de que la forma de escribir normal no funcionabaFinalmente, llegó a un texto en el que cada capítulo es un solo párrafo; cada cambio de historia está separado por puntos y seguido, y utiliza los dos puntos a modo de comodín para introducir giros narrativos.

"Cuando di con esta fórmula, vi que era la que a mí me funcionaba, pero no sé muy bien por qué (...) Esa forma de puntuar es lo que creo que ha dado el ritmo, junto al uso del lenguaje" -plano, directo y sin miedo a las palabras-, que, aunque en las primeras páginas pueda resultar fatigoso, acaba atrapando al lector.

Así, Llorente rompe con el tiempo lineal de la narración. Las referencias de 2003 y 2013 solo sirven para las historias que vertebran el relato, pero el resto "están más al margen" con el fin de lograr la sensación de que "todas suceden simultáneamente".

Carabanchel

Y al romperse el tiempo se para el espacio, en este caso Carabanchel, donde a comienzos de los noventa y por su cercanía al poblado marginal de Jauja, la droga y la delincuencia marcaron la vida de ese barrio madrileño. El ambiente de inseguridad y angustia que Llorente narra en la novela se extiende durante el relato, independientemente del paso de una década.

"Carabanchel está estancando en mi memoria. Me fui de España y me quedé con esa imagen. Quizás por ello en la novela el espacio no evoluciona, es algo que absorbe y que condiciona la vida de los personajes", reflexiona el autor, premiado en varios festivales de teatro internacionales.

Un barrio muy diferente a la imagen que daba en su serie de Manolito Gafotas la escritora Elvira Lindo. En aquellos años, "la gente vería lo que quería ver", relata Llorente, quien no duda que "algún Manolito Gafotas habría, pero seguro que le robaron las zapatillas con una jeringuilla".