El Rey Juan Carlos y el Príncipe de Asturias
El Monarca y su heredero ha presidido la solemne ceremonia militar de la Orden de San Hermenegildo. EFE/Ballesteros

Felipe VI tiene muchos retos pendientes. El principal, relanzar una institución que ahora encabeza y que no pasa por su mejor momento. Los españoles no aprecian a su monarquía. Así lo reflejan los barómetros del CIS. No hay 'feeling' entre la Familia Real y los ciudadanos, una relación que se empezó a romper a finales de 2011 y que ha seguido fracturándose en estos tres años. Todo se torció en octubre de 2011, cuando la Corona sacó el primer suspenso de su historia, un 4,89. Desde entonces, las notas han empeorado, un 3,68 en mayo del año pasado y un 3,72 en abril de 2014. Lo único positivo es que el CIS no pregunta individualmente por los miembros de la Corona, por lo que muchos ven en la figura de Felipe VI un valor seguro y fiable para revertir la situación.

El nuevo monarca cuenta con buena imagen, cierta popularidad, mucha preparación y no le gusta dar pasos en falso. ¿Es suficiente? Su padre, Juan Carlos I, en el mensaje de su abdicación, señaló que estamos ante "el príncipe mejor preparado de todos los tiempos". El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lanzó la misma proclama días después, cuando presentó la ley de abdicación en el Congreso. "Tenemos la certeza de que en Don Felipe concurren las cualidades de responsabilidad, serenidad, carácter, preparación, competencia y madurez". El principal problema es que Felipe VI debe competir con la figura de su padre. Y aquí se produce la paradoja. Porque Felipe VI debe intentar sobrepasar el papel político que jugó su padre a la vez que debe enmendar los errores que la Familia Real ha ido dejando por el camino.

"España, más que una monarquía consolidada, lo que tiene es un 'juancarlismo'. Es un régimen muy personal, una figura política fundamental en los últimos 35 años. La pregunta es: ¿El príncipe va a poder heredar el régimen de poder de su padre? Es una incógnita. Felipe ha de ser capaz de reformular los pactos de la Transición o va a ver complicado su futuro. La desaparición del 'juancarlismo' va a provocar una crisis", señala Javier Castro-Villacañas, abogado, periodista y experto en la casa real, autor de libro El fracaso de la monarquía. Analizando la situación, Felipe no lo va a tener fácil. La herencia millonaria de Juan Carlos en Suiza, la irrupción en escena de la aristócrata Corinna zu Sayn-Wittgenstein, o la accidentada cacería de Juan Carlos con su posterior disculpa pública, han hecho mucho daño a la Corona. Pero son temas, de momento, guardados en un cajón. El foco mediático se lo lleva el 'caso Nóos'. La infanta Cristina, hermana del nuevo rey, fue imputada, y las próximas semanas se presuponen judicialmente tormentosas cuando el juez decida si finalmente la acusa y la sienta en el banquillo. Todo ello ponen a la figura de Felipe VI en una delicada encrucijada.

Un rey más ecológico

Porque Felipe VI sabe que tiene que dar fuertes impulsos a la monarquía. La institución ha de ser más transparente, cercana, austera y capaz de conectar más pronto que tarde con los estratos más jóvenes de la sociedad. También se ha publicado mucho estos días de que Felipe VI quiere ser también un rey más tecnológico y más ecológico. De hecho, aunque estudió Derecho y Economía por razones políticas y de su cargo, su verdadera inclinación eran la Física, la Química y la astronomía, la investigación científica. Formación que seguramente le ayuden a afrontar mejor los problemas derivados de ese universo que es España.

No es una coincidencia que antes de su proclamación Felipe multiplicara sus viajes a Cataluña El nuevo rey tendrá que afrontar también como jefe de Estado el desafío soberanista de Cataluña. El presidente catalán, Artur Mas, afirmó tras conocer el anuncio de la abdicación de Juan Carlos que "habrá cambio de rey, pero no en el proceso político que está siguiendo el pueblo de Cataluña para que el 9 de noviembre" se pueda decidir el "futuro colectivo". El lehendakari, Íñigo Urkullu, también ve en la abdicación de Juan Carlos I una "oportunidad" para tratar de resolver la "cuestión vasca" y de encontrar un nuevo encaje de Euskadi en el Estado. Sin olvidar que Felipe VI también tendrá que reinar en un momento en el que un sector de la sociedad pide abiertamente cambios en la Constitución para que la ciudadanía pueda elegir entre Monarquía o República. Miles de personas se manifestaron hace unos días en varias ciudades de España a favor de la República. No es una coincidencia que antes de su proclamación Felipe multiplicara los viajes a Cataluña. Hizo seis solo este año.

Felipe VI sabe que deberá tener talante y diálogo. En su intervención en el VI Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en octubre del año pasado en Panamá, el nuevo monarca elogió al "buen lector" por considerar que es "alguien dispuesto a dialogar" y, por tanto, "abierto a una discusión razonada de la cosa pública y de los problemas sociales". Talante que quiere aplicar pero respetando "las reglas del juego", como dijo en uno de sus últimos actos en Cataluña. A pesar de todos estos frentes, Felipe VI parece que empieza su reinado con apoyo. De hecho, las encuestas internas que hizo la Casa Real antes de la abdicación de Juan Carlos I situaban a la reina Sofía y al príncipe Felipe como los pilares que mantenían a flote la monarquía. También lo señaló así una encuesta del diario El Mundo. La primera tiene un 67% de popularidad y su hijo un 66%, cinco puntos más que hace un año. La misma encuesta revelaba que el 56% de los españoles cree que Felipe iba a poder restaurar el prestigio perdido por la monarquía.