'Markt in Tunis I', 1914
'Mercado en Túnez I', una de las acuarelas de Macke hechas durante el viaje August Macke - Privatsammlung, courtesy Thole Rotermund Kunsthandel, Hamburg - Foto: LWL-MKuK/Rudolf Wakonigg

"El color se apodera de mí. No tengo que perseguirlo. Se apoderará de mí de todas maneras (...) El color y yo somos uno. Soy pintor", se atrevía por fin Paul Klee (1879-1940) —entonces un tanto inseguro de su evolución artística— a escribir en su diario poco después de llegar a Túnez. Fue allí, estimulado por la calidad de la luz, maravillado por el modo en que el sol se ponía, cuando se introdujo en la abstracción para captar de la manera más fiel las secuencias de colores y la luminosidad mediterránea de la que era testigo.

Lo acompañaban el pintor alemán August Macke (1887-1914) y el suizo Louis Moilliet (1880-1962). A Macke, entonces de 27 años pero ya un referente del expresionismo alemán, sólo le quedaban cinco meses de vida: moriría luchando en la I Guerra Mundial, cegado por unos ideales románticos que resultaron en visiones terroríficas y sangrientas. Moilliet había hecho posible el viaje gracias a su vieja amistad con el Doctor Jaeggi, un médico suizo que tenía una casa de campo en las afueras de la ciudad de Túnez.

Con motivo del centenario del viaje que los tres artistas hicieron al país norafricano, el Zentrum Paul Klee de Berna (Suiza) —dedicado al estudio y la exhibición de las obras del autor suizo— expone Die Tunisreise. Klee, Macke, Moilliet (El viaje a Túnez. Klee, Macke, Moilliet). La muestra, en cartel hasta el 22 de junio, cuenta con 140 trabajos realizados durante el viaje o como consecuencia de él  y que no se podían ver en conjunto desde hacía casi tres décadas.

Deudores de la experiencia para el resto de sus carreras

Los organizadores de la exposición califican la aventura tunecina como "un evento crucial" para el arte moderno. Aunque sólo duró 14 días, el periplo es considerado como legendario por lo que supuso para la pintura del momento. Las vanguardias se desarrollaban y ramificaban en aquellos años y la influencia oriental (desde el Romanticismo) siempre tuvo buenos resultados sobre la creatividad de los autores europeos.

Klee y Macke se enzarzaron en una competición espontáneaLas piezas, sobre todo en el caso de Macke y Klee, son un ejemplo de inspiración artística y realización personal. Ambos pintores se enzarzaron en una competición espontánea y Moilliet (que pintó poco durante el viaje) encontró soluciones pictóricas asombrosas cuando regresó a centroeuropa. Todos crearon obras que evocan las cualidades de la luz del norte de África y fueron deudores de la experiencia el resto de sus carreras. Moilliet regresó varias veces al Magreb en los años siguientes.

Para ofrecer un contexto adecuado, los trabajos se complementan en la muestra con detalles de la ruta empezando por las primeras paradas (Túnez capital vía St. Germain, Sidi Bou Said y Hammamet) y culminando en el desierto de Kairouan, donde Klee experimentó su místico despertar artístico documentado en el diario.