Isabel Allende
La escritora Isabel Allende. Jorge París

Con su primera novela, La casa de los espíritus, Isabel Allende (1942) entró en la literatura por la puerta grande. Era 1982, tenía 40 años, y desde entonces no ha habido obra que haya publicado y no se haya situado en las listas de los más vendidos. Desde la más política De amor y de sombra hasta la más autobiográfica, Paula, pasando por todo tipo de narraciones: Eva Luna, Retrato en sepia, Hija de la Fortuna o El cuaderno maya.

Si no es la autora de habla hispana más leída, no andará lejos la sobrina de Salvador Allende, casada desde hace 25 años con un, según ella lo llama, "gringo", también escritor. De hecho esta novela tuvo su origen en un intento con él de construir un thriller: "Algo imposible, casi nos matamos", dice con un sentido del humor al que no renuncia en público, "él es un gringo, no puede concentrarse más de once minutos".  El resultado: El juego de Ripper, la primera novela negra de Isabel Allende que, a sus 71 años, sigue buscando retos.

Una novela en la que respeta las reglas de ese otro juego que es la novela policial, y en la que reconoce importantes hechos de su vida. Desde la protagonista: "Es mi nieta, era igual de friki que el personaje, y también jugaba al rol" hasta una importante mujer que cura con sus manos  y su sabiduría y que surge de una experiencia personal: "A mi marido le dieron dos años de vida. Y recurrimos a la medicina 'alternativa'. A día de hoy está perfectamente. De aquella época y la gente que nos ayudó saqué a la sanadora".

¿Una novela negra con realismo mágico?
Sí, si sucediera en América Latina sería así: una novela negra con realismo mágico. Pero como es en California los nombres son otros, como New Age... Tiene gracia, lo nuestro es realismo mágico, pero a la hora de la verdad todo el mundo cree en algo, en el horóscopo, en el zodiaco, en la astrología... Creen y les funciona.

Me han criticado y me critican mucho, pero como dice mi madre: si creo en el teléfono, ¿por qué no voy a creer en la astrología?¿En qué cree usted?
En todo. Estoy abierta a todo, porque tenemos muy pocas explicaciones. Hay premoniciones, sueños, cosas que pasan que no se pueden explicar, y no se puede descalificar ni todas esas cosas ni a todas las personas que creen o les sucede. Mi hijo, que es totalmente escéptico, cuando sucede algo que no tiene explicación siempre se la encuentra. Pero la verdad es que lo que nos mueve es irracional: las pasiones, las emociones, los sentimientos... No hay explicaciones apenas, ni siquiera cuando crees que conoces a alguien. No puedes juzgar, no sabemos nada de la gente.

La gente le sirve muchas veces a usted de modelo, como la sanadora de esta novela...
Sí, no podría haber creado a la sanadora sin la sanadora de verdad, la bruja santa que nos ayudó cuando a mi marido le dieron dos años de vida.

¿Le cansa que la critiquen por reflejar personajes como éste?
Me han criticado y me critican mucho, pero como dice mi madre: si creo en el teléfono, ¿por qué no voy a creer en la astrología? Es una descalificación automática, pero porque sucede en Latinoamérica. Si sucediera en Suecia no sería realismo mágico y tampoco sería descalificado.

¿Está entonces acostumbrada a la descalificación?
Sí, pero si hasta por vender muchos libros ya parece que lo que hago no es literatura. A García Márquez, y mira todo lo que vende, no le pasa. ¿Por qué? Porque soy mujer. La literatura a secas es sólo para los hombres, el resto de descalificativos es siempre para la literatura escrita por mujeres.

La literatura a secas es sólo para los hombres, el resto de descalificativos es para la literatura escrita por mujeresLa mujer latinoamericana ha conquistado ya algunos puestos muy importantes en política, pero ¿mucho por hacer aún?
Sí, pero en puestos de poder económico, ¿dónde están? Y esas mismas mujeres feministas son las que están educando machitos, porque ¿de dónde salen si no todos esos machitos que seguimos teniendo? Los educaron para ser servidos, en Latinoamérica sigue siendo así. Y ahí están los pilares de una sociedad. En EE UU, por ejemplo, horroriza la idea de que una mujer sea presidenta. Es un club masculino.

Así que, mientras no haya un cambio...
Mientras no termine el patriarcado estaremos fritos. Mi destino ha sido siempre luchar por los derechos de las mujeres y por terminar con el patriarcado. Si no hay igual número de mujeres que de hombres en la sociedad no puede cambiar el mundo. ¿Cómo es posible que haya mujeres hoy en día que tengan que ir con velo y no puedan salir de casa?

¿Le parece que pese a la información que existe falta mucha sensibilidad?
Los grandes cambios se han dado y se dan porque estamos comunicados. Y aunque haya gente insensible, creo que es una minoría. Hay un nivel de conciencia, gracias a la información, que no había antes.

¿Optimista pese a todo?
Creo que los problemas sólo se pueden resolver a nivel global no nacional, y los grandes problemas son el crimen organizado, la violencia, la guerra, el hambre... Pero creo que es posible un cambio. Estamos todos en el mismo bote y la generación de mis nietos está mucho más preparada que ninguna.

Este sistema no funciona, ¿cómo va a hacerlo si 80 personas tienen todos los recursos del mundo en su poder? Pero habrá algo que tema, ¿qué es lo que más le asusta de la situación actual?
La violencia.  Lo que más me horroriza en la vida es la violencia contra la mujer, por eso todos mis recursos son para la fundación que tengo para ayudar a mujeres y niños.  De la situación actual lo que más me asusta es la violencia también, la violencia general. Si se desata, no habrá quien la pare. Pero espero que no suceda...

¿De verdad cree que todo mejorará con la política actual?
No, este sistema no funciona. ¿Cómo va a hacerlo si 80 personas tienen todos los recursos del mundo en su poder? Tiene que cambiar. Y es esa desigualdad la que puede generar una violencia desatada que nadie podrá controlar.

Cuando ve que la extrema derecha intenta jugar su baza, ¿qué piensa?
Que aunque haya extremos, la tendencia es hacia un mundo más liberal, más inclusivo, más tolerante.

A veces hay que ser intolerante... Me refiero a su negativa a Hollywood para llevar al cine Hija de la fortuna...
No podía firmar lo que querían. Ellos tienen todo el poder, pero hay escritores que les decimos que no. El cine necesita historias, escritores, y fíjate la cantidad de gente que trabaja gracias a un escritor en el cine. Y luego es el escritor el que menos gana y al que más roban. Y ahora con toda la tecnología estamos fritos. Tienes que tener un agente que te proteja con cuchillos en los dientes.

Tal vez sea la prueba de que usted tiene razón y no cometemos siempre los mismos exactos errores...
Es que no caminamos en círculo, caminamos en una espiral ascendente, aunque creamos que cometemos los mismos errores una y otra vez. Pero, mira, no estamos en la Edad de Piedra. No son ya los maridos los que cobran el sueldo que ganan las mujeres. No hay que ser pesimista. Bueno, salvo que nos acabemos matando los unos a los otros... Pero no creo que pase, hay mucha gente buena.

Si se desata la violencia, no habrá quien la detenga¿Y qué pasa, que se les ve menos?
Que los malos son muy ruidosos, la gente buena suele ser discreta.

En sus obras queda claro que para Isabel Allende el ser humano está tan hecho de cosas buenas como de cosas malas, ¿dónde se sitúa usted?
Es que yo no he tenido oportunidad de sacar la codicia, la maldad, la rabia. Agradezco a la vida no haber tenido que sacar a la bestia que todos tenemos dentro. Creo que no somos conscientes de hasta dónde somos capaces de llegar. Igual que tenemos la capacidad del mayor heroísmo y puede pasar la vida sin que lo saquemos, también creo en lo otro.