Empleados
Trabajadoras de una empresa española.

Los SMS que le enviaba su jefe decían: "Me has dejado con ganas de darte un beso" o "cuánto me gustaría hacer el amor contigo" y "solo con verte se me pone dura". Ella le pidió que la dejara en paz. No le hizo caso: "Se te nota en los ojos que te falta una polla que te haga sentir, eso solo lo tengo yo, pero tu orgullo no te deja". La situación se volvió insostenible. Ella se quebró. Un informe médico del hospital aseguró que estaba siendo acosada. Inspección de Trabajo lo confirmó. Sin embargo, la demanda judicial contra su jefe no prosperó. Y lo que es peor, tuvo que leer en el informe de la psicóloga forense del juzgado que había hecho un "relato pormenorizado y plagado de expresiones de asco-rechazo del incidente en el cuarto de los sótanos del trabajo equiparable al de una persona carente de experiencia sexual previa".

¿Le acusaba la forense de "frígida"? Víctima y enjuiciada. El caso real de esta cajera de supermercado en Castilla La Mancha ha servido a las autoras del informe "Acoso sexual y acoso por razón de sexo: actuación de las administraciones públicas y las empresas" para evidenciar la fallas del sistema a la hora de detectar y erradicar el acoso sexual en el ámbito laboral.

El acoso sexual es una realidad que permanece oculta y que se agrava en una época tan difícil como la actual Entre las conclusiones de dicho informe —encargado por el Consejo General del Poder Judicial— destaca la falta de protocolos eficaces en las empresas para atajar el acoso sexual. En el plano judicial, su análisis de las sentencias del último quinquenio evidencia que los tribunales no se han puesto al día con el contenido normativo antidiscriminatorio que emana de la Ley de Igualdad de 2007.

La estadística dice que las denuncias por acoso sexual en España no dejado de caer desde que comenzara la crisis. Entre 2009 y 2012 bajaron en un 28,25%, según se desprende de los datos de la memoria de la Fiscalía. Si en 2009 se interpusieron 669 demandas, el año pasado no sobrepasaron las 480.

Juana María Gil, profesora de Filosofía del Derecho y una de las autoras del estudio del CGPJ asegura que "la baja tasa de denuncias desvela no que no existen situaciones de acoso sexual actualmente en España, sino que aún existe un alto nivel de ineficacia normativa que debe, urgentemente, subsanarse". Para Inmaculada Montalbán, vocal de Igualdad en el CGPJ, el acoso sexual es "una realidad que permanece oculta y que se agrava en una época tan difícil como la actual, atravesada por la crisis económica, en la que aumenta la vulnerabilidad y la específica discriminación de las mujeres en las relaciones de trabajo".

"El clima organizacional español es tolerante al acoso sexual, lo que influye de modo decisivo en la ocultación del problema y en la descalificación del testimonio de la víctima", insiste Gil. "Las percepciones sociales de lo que es esperable de los hombres en sus relaciones con las mujeres lleva a calificar como simple interés o mero galanteo lo que son situaciones de acoso sexual", elabora.

La psicóloga Lourdes Díez De las Cuevas lleva desde el año 1986 atendiendo a víctimas de agresiones sexuales en Cantabria. En su dilatada experiencia ha constatado que las experiencias de acoso sexual en el trabajo "son las más difíciles de tratar a nivel psicológico". En su opinión, de todas las víctimas (incluidas las de violencia de género en el ámbito familiar y las de violaciones) las que han sufrido acoso sexual en el trabajo son las que presentan "mayor riesgo de suicidio".

Un 'caso de libro' del acoso sexual

De las Cuevas habla de "la soledad" de la víctima de acoso sexual en el trabajo. Explica que suelen ser mujeres fuertes que valoran mucho su empleo y que aguantan demasiado tiempo, algunas hasta años, conductas como roces o mensajes sexuales que evolucionan a tocamientos y a chantajes. El acosador, explica, casi siempre es un superior en la jerarquía que ejerce su control sobre la víctima con dichas conductas. En la oficina la víctima queda aislada de unos compañeros que, por norma general, renuncian al enfrentamiento con un superior. En la familia se les reprocha que sigan yendo a trabajar. El paso de renunciar al empleo tan solo lo dan "cuando se ven en la obligación de elegir entre su salud y el trabajo", explica la psicóloga Díez De las Cuevas.

El acosador casi siempre es un superior en la jerarquía que ejerce su control sobre la víctima En otro caso recogido en el informe del CGPJ se lee que el encargado del supermercado se acercó a ella por detrás, mientras seguía cobrando a los clientes en su caja. Entonces se comenzó a frotar con ella y a tocarle el culo. A agarrarla de la cintura, mientras ponía la cabeza en su hombro. Ella le pidió que desistiera. Tres minutos después volvió a la carga. Ella lo volvió a echar de su lado. Él se encaminó hacia otra de las cajeras, a la que preguntó si le faltaba cambio mientras le daba un par de palmadas en la parte alta del muslo. Regresó a insistir en los roces con la primera empleada, que se refugió, presa del nerviosismo, entre unas compañeras. Fue cuando le gritó que ya valía de sobarle y de tocarle el culo. Él respondió, también a gritos: "¿Tú te crees que te quiero follar? Gilipollas, payasa". La escena ocurrió en un hiper de Castilla La Mancha. Ella lo denunció ante la jefa superior, él puso otra denuncia cruzada tan solo 15 minutos después.

El informe califica este episodio como un "caso de libro" del acoso sexual, en el que concurren la cosificación de las mujeres, la voluntad de posesión de todas ellas, y la legitimidad de un jefe para violentarlas incluso en público.

En este caso el acusado fue condenado por acoso sexual. Aunque todavía hay jueces, denuncia el informe, que solo consideran recusable el acoso si se produce "por medio de un comportamiento físico indeseado por la víctima que sea grave" y "capaz de crear un clima radicalmente odioso" en el trabajo. Dicha definición acepta una "ratio razonable" de violencia sexual normalizada cuya valoración queda a merced del juez, explican. De otra sentencia posterior critican que se exija que la víctima haya sufrido la violencia de forma continuada o que haya dejado claro al agresor que el acercamiento era "no deseado".

"La sentencia olvida que la víctima no siempre estará en condiciones de expresar su rechazo tan abiertamente", exponen las autoras. En una comparación con otros delitos supondría llegar al "absurdo" de obligar a la víctima de un robo que haber exigido al ladrón "en reiteradas ocasiones" que no se apoderase de su patrimonio.

El informe concluye que hace falta formación en las distintas instancias judiciales y mejores protocolos en las empresas para que estos episodios de violencia salgan a la luz.